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4 min
Mundo de plástico
Suspense |
18.05.15
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Sinopsis

Era una locura no lucir esta segunda piel sin imperfección. Cero varices, arrugas, celulitis y estrías. Quien no ha recorrido con la mano esta piel lisa, inmaculada se ha perdido la esencia de estos días: un avatar que te permite ser lo que quieras.

Mundo de plástico

                                                                                      

Eran muchas cosas que los conectaban. Para empezar, tenían en su recámara la misma litografía de la lata de sopa Campbells del artista Andy Warhol. Cada uno frente al monitor de la computadora estuvieron de acuerdo que era una señal inequívoca de que eran el uno para el otro.  

Ambos amaban el olor y la textura del hule. Platicaban horas enteras de los diseños y pinturas de sus uñas largas, de cómo ponerse la peluca sin que se notara la entrada del cabello natural. Leggins de colores verdes y naranjas combinados con camisetas arriba del ombligo donde no podía faltar el dibujo de la bandera americana. Todo lucía perfecto en sus nuevos cuerpos plastificados. Cada cuerpo de hule les había costado más de dos mil dólares, pero valía la pena, dado que el fabricante los hacía al gusto: senos voluptuosos, bocas carnosas, nalgas gigantes, hasta con maquillaje y pestañas incluidas en el rostro. “Estás igualita a la Kardashian”, “y tú, a la Marilyn”, “claro, prefiero lo clásico”, “en las selfies nos vemos perfectas”, “que felicidad,  ya no tenemos que durar horas y horas para vernos como reinas”, “ya pasó la moda de las drag queens”.

Sólo uno de ellos se había atrevido a salir así de día. Se puso unos mini shorts, una peluca de melena roja y unas plataformas. Sentía las miradas libidinosas de los hombres desde lejos. Con divisar un cuerpo semidesnudo, aunque fuera desde la esquina, los varones sacaban siempre la bestia que llevan dentro. Un tipo se acercó y al verle las facciones pareció que se iba a desmayar. “Estúpido, no sé que se imagino” “no saben apreciar lo que es bueno”, “somos unas muñecas gigantes”.

Aunque ambos tenían varios cuerpos plásticos, sólo se vestían con los nuevos cuando hacían sus citas por Internet. Tenían que reconocerse, echar raíces, amar un rostro familiar.  Sus voces no eran muy inteligibles al principio, pero se acostumbraron a sus matices, entonaciones, hasta anticipar lo que el otro diría.

Tantos desvelos, tantas pláticas, ameritaban que al fin se conocieran en persona. La ocasión perfecta: la convención anual de las plastic dolls.  Se calzaron sus cuerpos maravillosos, untados en la piel original como si fueran mantequilla. Uno de ellos decidió que se pondría un traje de baño de dos piezas y una capa negra que abriría o cerraría según conviniera.  Era una locura no lucir esta segunda piel sin imperfección.  Cero varices, arrugas, celulitis y estrías.  Quien no ha recorrido con la mano esta piel lisa, inmaculada se ha perdido la esencia de estos días: un avatar que te permite ser lo que quieras.

Ambos corrieron a abrazarse cuando se vieron en la entrada del hotel donde se estaba llevando a cabo la Convención. “Estás igualita”, “que emoción querida, no me hagas llorar que no puedo meterme el kleenex por estos ojazos, jajajaja”.

Risas, palmaditas, daiquiríes, piñas coladas y margaritas gratis toda la noche.  En la madrugada se subieron a una habitación del hotel “Mira que zorras éstas, reservaron toda esta planta, jajaja” “ya sé, ahí vienen otras dos”.

Primero la timidez del primer encuentro: manos que recorrían los brazos y las piernas. Las narices disfrutando el olor a caucho. Después, la piel original clamaba salir. El olor original urgía salir.  Los zippers bajaron para mostrar lo que había debajo: dos hombres flacos, decrépitos, arrugados, con ojos tristes y aliento agrio.  Si, tenían mucho en común, hasta el hecho de saber que lo decente era volverse a ajustar los cuerpos que reconocían como sus verdaderos. Ni volverse a cubrir ni el licor acumulado aligeró el impacto de esta imagen que ya nunca volvería a borrarse de sus mentes.

Se bloquearon para siempre en el Facebook, en el whatsapp, redes sociales y demás. También descolgaron la litografía de la lata de sopa Campbells, pues ya no representaba más que fueran destinados el uno para el otro.

 

 

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  • Me gustó. A veces vale más el potencial de creación porque es único y esta allí para seguir proyectándose.
    Gran valoración de lo superficial. El ritmo es bueno y tiene sus detalles. También he visto un paralelismo con lo que es Internet, eso de crearnos uva imagen para después descubrir la realidad.
  • Era una locura no lucir esta segunda piel sin imperfección. Cero varices, arrugas, celulitis y estrías. Quien no ha recorrido con la mano esta piel lisa, inmaculada se ha perdido la esencia de estos días: un avatar que te permite ser lo que quieras.

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