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8 min
Murciélagos y lecturas
Varios |
10.08.18
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Sinopsis

Diálogos de estudiantes de un Liceo de provincia

De manera entonces -continúo Alzú-, el asunto es que el murciélago que se me pegó en el pecho lo agarré y lo tiré por la ventana, y siempre chillando el desgraciado.

Casi al cruzar el umbral de la ventana, se giró diseñando un pequeño círculo en el aire, como esperando a su compañero, pero enseguida se arrepintió y salió hacia la luz de la luna, dejándome en la mano una sensación a grutas húmedas, y en los oídos un sonido algo infernal, cuando sus pequeñas uñas hicieron resistencia al despegarse del pijama. Algo así como los trunes, o amores secos, que se adhieren a la lana con sus pequeños ganchitos y tú tiras y ellos resisten. No sé si doy la idea de esa tensión nerviosa que te deja el arrancarte un helado murciélago, una noche de luna, agarrado a tu pijama.

-Un asunto botánico, en suma; pero y el otro murciélago, qué monos pinta en esta historia nocturna, húmeda y lunar? -pregunta Munro.

-El otro es el principal de esta historia, porque era silencioso y se paró sobre ese libro que me prestaste, el de los brujos que retornan, y que yo tenía en mi velador sin que lo haya ni hojeado aún ni hojearé después. Como sabes este libro tiene las tapas color cuajarón de sangre, el contraste con el murciélago negro de orejas larga y ojos agudos como rata infernal, era como misterioso. Los oídos me zumbaban de miedo y no sabía qué cresta hacer, porque me miraba fijo y como que me quisiera saltar a la cara.

Cuando volvieron los chillidos del externo, se alzó en vuelo y desapareció en el agujero de la noche, pero antes me perforó con una mirada de desdén, de absoluta indiferencia. No sé si estás cosas me sucedieron por el cuento de Bécquer o por la cagá de libro que me prestaste, que no leeré ni cagando y mientras antes te lo lleves, mejor será para mi paz nocturna.

Además, esta mañana le conté a mi tía esta historia, durante el desayuno, y se puso pálida como cera de cementerio y me aseguró que ese era un inequívoco mensaje del más allá, porque no era tiempo ni lugar para murciélagos, porque no han llegado los zancudos todavía, y menos que te miren parado sobre un libro de brujos. Concluyó que alguien debe morir, o ya murió y el alma estaba dentro de los murciélagos.

-Qué muertos ni que ocho cuartos, Alzú, el problema es que tu tía es la personificación de la superstición, además el tinto..., decía que el otro día se le cruzó en la vereda el gato negro de la Jarica, y tu tía atravesó a la vereda del frente.

Si no te pones más heterodoxo terminarás por confundir los planos del fantástico con el real, y te digo que la quinta-esencia de las cosas está en tener, siempre y en todo lugar, los pies sobre madre Gea, mira que el diablo existe, pero no es superstición sino lógica pura, aunque imbricada, es decir, anudada a la retórica de la duda. Si estas son cosas que ya lo ha dicho y redicho Garcilaso de la...

-No sé de dónde te viene esto disparar tantas huevadas Munro.

-Es que yo escalo el arte de la demóstica, el que dominó el tartamudo de Demóstenes quiero decir, y todo sin ni siquiera marearme. Verás que me califica con lo máximo la profe de castellano en cuanto le hable de Lucero y sus alrededores, porque yo sí que leí el cuento y sin alucinar con cruces, murciélagos y chirridos de cadenas oxidadas que alguien arrastra por los lúgubres sótanos del miedo. Sólo viento, nieve y cóndores acompañaron mi serena, fuerte y alegre lectura de lo real.

-Está bien, pero la fantasía puede irse por otro lado, como también la imaginación, quiero decir que pueden buscar caminos menos aterrizados para mezclar las palabras en torno a núcleo expresivo que no hable sólo de caballos, calles, escarcha, luna, alma y besos. Es decir, digo como quien dice que el escribir es una pura pérdida de tiempo y como tal se pierde de cualquier modo, con cualquier tipo de palabras y su organización o menos dentro de la frase, o bien...

-No huevees Alzú y no seas impercecuto, porque sin reglas claras y temas racionales, sencillos, criollos, costumbristas, como lo indica nuestra tradición, no se entenderá la idea, la trama ni la estilística. En lo simple está la profundidad y la claridad. 

Son de las cosas de este mundo que debe hablar la verdadera literatura. Al pan hay que llamarlo pan y al vino vino, y de ahí no se escapa, y el resto sería silencio, como dijo Garcilaso de la Vega, me parece. Criollismo, Alzú, realismo puro, raíces vernáculas es lo que nuestros padres literarios nos han legado, y no esas cosas raras donde un empleado público, después de una noche de sueños agitados, se despierta convertido en cucaracha. Eso es puro delirio, juegos oníricos de metes afiebradas, te digo yo. Te lo digo yo.

-No sé, pero leer algo que no enseñe nada, que no aclare nada, que no tenga preguntas ni respuestas, creo que también sea interesante y buen alimento al despertar de la imaginación, digo yo, dice Alzú. Del resto, hablemos claro, la profe todavía no explica para qué sirve leer; entonces el asunto es que justamente porque es una actividad inútil del intelecto, y porque no sirve para nada es justamente porque se lee. La literatura es tan inútil como el canto de una alondra, el perfume de los almendros, el bañarse en el río de Heráclito, y no sigo porque llegaría muy lejos preguntándote, por ejemplo ¿qué es la felicidad?

-No sé qué tiene que ver esta pregunta con la literatura, en fin, creo que depende porque para Marquito Cara de tabla, y así lo dijo, son dos cosas: una, cagar con diarrea y la otra, hacer el amor. Son visiones y concepciones del mundo harto personales, en el fondo.

-Ya exageraste, Munro, en todo caso la felicidad es, porque se lo leí ayer nomás a Darwin, y le creí: “Tener salud y entusiasmo”.

-Te pierdes en lugares comunes, Alzú, pero ¿quién sería Darwin? ¿El de los monos?

-No tengo idea, pero creo que sí, pero mejor volvamos a lo nuestro. Te decía que hay que escribir sólo pa’ uno mismo, y sin seguirle la huella a ninguno. Quiero decir, la pluma debe volar con sus propias alas y fluir como el agua de Tales de Mileto, y siempre evitando el sentimentalismo que es una fea bestia de evitar.

El Liceo ya estaba cercano y había que ir terminando las disquisiciones literarias y afrontar las interrogaciones.

-En conclusión digo que, para mí, la escritura debe ser un hecho concreto y no contradictorio, donde el escritor sea un pescador que lanza sus redes dentro de su ser íntimo y profundo, porque desde ese mar pueden salir algunas voces o gruñidos personales, y el lector lee y aprecia. En caso contrario no lee, se aburre o se asusta con ese lenguaje de magia negra, donde todo se hace retorcida verborrea, incapaz de aferrar, como lo hace el lenguaje simple y sencillo, ese milagro extraño y amargo que es la vida y su evidencia cotidiana. Y, de este modo, concluyo mi parloteo -dijo Munro.

Ambos amigos ya comenzaban a entrar en la zona de silencio, porque pronto cruzarían a las tres rubiecitas que iban a su propio colegios respectivos colegio. Pero antes de la taquicardia, por el golpe de sensualidad que los envolvería, Alzú pregunta a su amigo.

- ¿Pero dime antes una cosa Munro, después de todas estas banalidades que hemos hablado, se podría decir que hemos llegado a una conclusión?

-Creo que sí, aunque vagamos principalmente por las ramas del lugar común, digamos, como quien dice, que al menos para nosotros la lectura es algo que nos hace sentirnos menos inútiles.

-Al menos mientras estamos leyendo, refuerza Alzú.

Ambos amigos, después de soñar con las miradas azules que les regalaron las liceanas rubiecitas,  sellan sus conclusiones literarias con un fuerte apretón de manos, y entran a la sala de clases en espera de la interrogación literaria.

 

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