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7 min
Necesito confesar algo
Amor |
10.02.16
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Sinopsis

Un relato enviado a lo que se vino a llamar duelos de exhibición. Y mira tú por dónde que voy y gano éste cuando me habían eliminado de torneo de verdad.

1 de febrero de 2016

Apreciadísima María Ángeles

Necesito confesarte algo: que casi sin darme cuenta se me había ido formando una bola en el estómago. Y es ésta una manera de empezar como cualquier otra, por esa bola. Al principio la sentía a ratos, primero pequeña y hasta podía localizarla por las paredes internas del estómago. Corría el tiempo, se iban repitiendo una y otra vez las ocasiones y la bola acabó por instalarse definitivamente y convertirse en algo con lo que no me podía acostumbrar a vivir.

Necesito confesarte muchas cosas: que, cuando empezamos, no daba importancia a tus manías. Al contrario, hasta me hacían gracia. ¿Recuerdas aquel día cuando, de novios, me echaste en cara haber mirado a una mujer con la que nos cruzamos en la calle? Me giré para mirarla y te contesté que ni me había fijado en ella pero sí, su escote, su culo… Ahora te confieso que, cuando días después tuvimos la oportunidad de unir nuestros cuerpos y te pusiste encima, yo cerré los ojos y era en ella en quien pensaba mientras te movías rítmicamente.

Y ya que estoy, aprovecho también para confesarte eso: eres muy buena en la cama. Tanto debajo como encima. Tanto gozando pasiva cuando juego con mis labios y mi lengua en tu cuerpo como activa con tus labios y tu lengua en el mío. Sí, eres muy buena. Sin embargo…

Necesito confesarte tantas cosas…: porque lo mismo ocurría en la autopista. Si adelantaba a otro coche y, al rebasarlo, miraba a la derecha y era una mujer quien conducía, nueva bronca. Pero si esa mujer era guapa, aunque no le hubiera visto ni el escote ni el culo, la incluía en mi imaginario para la siguiente vez en que nos pusiéramos uno encima del otro.

¿Y el número que me montaste cuando me cogiste a escondidas el móvil? Te diste cuenta de que en la agenda tenía anotadas las fechas de nuestros aniversarios, del día en que nos hicimos novios y del día en que nos casamos. Que si por qué lo tengo apuntado, que si es ésa la importancia que le doy a nuestra relación, que si nadie olvida esas fechas… Pues, ¿qué quieres que te diga si yo no tengo la memoria que tienes tú?

Así iba creciendo la bola, así me iba ocupando. Se iba endureciendo, cada vez pesaba más y me era más difícil de sobrellevar.

Más tarde decidí apagar siempre el móvil antes de llegar a casa no fuera a llamarme alguien y tener luego que darte las mil explicaciones. ¿Y el portátil? Contigo aprendí algo que todo el mundo sabía, todos menos yo: que pinchas en una pestaña que se llama histórico y aparecen todas las páginas web que has visitado desde ni se sabe cuándo.

Es a propósito de eso, sobre todo, que quiero confesarte… pero mejor lo dejo para el final.

También te confesaré que estuve buscando una solución. Que fui al psiquiatra en un par de ocasiones. No por mí, aunque ya estaba empezando a desquiciarme, sino por ti. O, mejor, para encontrar una explicación. O una solución. Lo ideal, claro está, hubiera sido llevarte a ti pero era prácticamente imposible. Según tú, quien estaba mal era yo y por eso miraba a todas por la calle y olvidaba las fechas de nuestros aniversarios. Celopatía, falta de confianza en ti misma… me dijo el psiquiatra; eso tenías. Y que te hiciera sentir deseada y valorada. Pero ya era tarde.

Quererte sí que te quise; al menos cuando nos casamos. Pero luego, con ese tener que estar siempre pendiente de todo para que no me la liaras, con ese tener que andar por la calle a tu lado mirando al suelo para evitar toda discusión… Así, por más voluntad que uno le ponga, acaba por dejar de querer al amor de su vida. Y desearte… bueno, aunque ahí entra más la naturaleza y tu cuerpo es quizá lo único que no te falla… pero eso también se resiente. Había veces en que lo hacía con odio y, si me preguntas si es posible desear y odiar a la vez, te diré que sí lo es. Incluso vaciarme con odio en las entrañas.

¿Y lo de Luisa? Ahí se resume todo. Eso es lo que he dejado pendiente antes y lo que de verdad te quiero confesar. Quizá no recuerdes quién es Luisa. Es la de dentro de mi portátil. Lo que te decía antes de la pestaña esa de histórico con las páginas visitadas. Esa Luisa, la que me descubriste un día en una página remota de correo, una página alemana, que hasta esos extremos llegaba yo, aquella página que abriste combinando los números de nuestra tarjeta de crédito para dar con la clave. Hace dos años, sí, y con esa memoria que tienes seguro que te acuerdas. Yo siempre borraba, por si acaso, nuestros mensajes, pero aquel día, como ella me acababa de escribir, leíste su texto y, debajo, el mío, aquello de que yo acababa de ir al dentista para hacerme un implante y así poder morderla mejor; y su contestación era que se dejaría morder donde yo quisiera. ¿Te cuento cuántas veces la he mordido ya? Sí, ya sé, te dije que era colombiana y que trabajaba en el ayuntamiento de Caracas, que acostumbrado ya a mentir, te lo dije así de rápido y no te diste cuenta de que había confundido Caracas con Bogotá.

Pues no, te confieso que esa Luisa es de aquí y vivía a cuatro estaciones de metro. Pero antes de entrar en más detalles de ella, quiero contarte lo de aquella misma noche después del escándalo que me montaste. Ya acostados, tú dormías y yo me levanté para vomitar la cena. Lo que te decía de la bola en el estómago. Sin embargo, al salir del cuarto de baño, sentí algo que debe parecerse a la iluminación celestial. Algo que me dijo que durmiera en el sofá, lejos de tu alcance. Ya te digo: dos años hace ya. Dos años decidiéndome, dos años planeándolo minuciosamente. Con lo fácil que era. Se trataba sólo de desaparecer, de huir de tu lado. Y aquella noche en el sofá, al tener la idea… ése fue el primer paso. Ya no siento esa bola en el estómago y seguro que fue entonces, tumbado en el sofá, cuando empezó a disolverse.

Y lo de que Luisa era colombiana o venezolana… seguro que te imaginarías una india con un poncho. Pues no, es de Burgos. Y ya no está a cuatro estaciones de metro sino que la tengo aquí a mi lado. Tan respetuosa con mi móvil o mi portátil que ni por un momento me ha preguntado qué o a quién estoy escribiendo. Ya sabrás apreciar la diferencia. Y ahora la voy a atender y ya imaginas cómo. Quizá no sea tan buena como tú, pero al menos con ella mantengo los ojos abiertos, sé que es ella la que está conmigo y no necesito imaginar a otra.

En resumen: no me esperes a comer, ni a cenar; mañana tampoco, ni al otro…

Tu marido,

Enrique

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  • Hola Clara! Saludos. En la semifinal 1 quedaron empatados, queria pedirte a ti y a otros dos que votaran para que entre los tres decidieran al ganador. Tienes tiempo? Es mi ultima publicacion.
    Buena la carta, una autentica patología de los celos. Una frase tira la otra y ya la historia se acaba. Muy bien.
    Te escribo porque me ha sorprendido ver un comentario tuyo en un relato actual. Un placer volverte a ver activa en esta web. Saludos de un fénix que regreso a la web sin seudónimo.
    Hola Clara! Creo que ya te fuiste de esta pagina y no se si te tengo en facebook. Queria invitarte a votar en la ultima semifinal del torneo. solo falta este duelo y la final. Aqui el link: http://www.tusrelatos.com/relatos/duelo-12-semifinal-3-3
    Yo también confesaré algo: acabo de empezar a leerte, y me gusta hacerlo por tu corrección a la hora de escribir y el estilo cercano que imprimes a cada relato. Este en concreto me ha dejado con una media sonrisa en la boca. Genial. Nos leemos.
    Ey, Clara, ¿dónde andas? Se te echa de menos.
    Tan natural como bueno, esto es escribir con calidad. Te has metido en el papel y te ha dejado llevar durante párrafos y párrafos, una proeza. Bravo, de verdad.
    Lo de los duelos al ser de dos depende mucho de la suerte, se han quedado grandes relatos y han pasado otros no tan buenos. Repescar a los autores en éstos duelos de exhibición creo que ha sido una gran idea. El tema que tratas es de mucha actualidad, los celos enfermizos que derivan en posesión y pueden llegar a destruir una relación. La exposición de ideas bien ordenada y la narración impecable. Me ha hecho gracia lo del ayuntamiento de Caracas. Un saludo.
    felicidades Clara pons por tu relato, tienes un gran talento. gracias por tú critica en mi relato; lastima que te confundí con mi historia ;)
  • Un relato enviado a lo que se vino a llamar duelos de exhibición. Y mira tú por dónde que voy y gano éste cuando me habían eliminado de torneo de verdad.

    Bienvenidas sean las almas en pena al recinto del dolor. Este es un lugar público donde TODOS son cordialmente invitados a participar con historias de tortura. Sube tu relato con el título “El Anfiteatro de la Tortura: (Tu Título)” Y pega esta sinopsis para que los nuevos mártires la lean. El propósito de esta serie es publicar un libro de DESCARGA gratuita. ADVERTENCIA: Se prohíbe la entrada a menores de edad, mujeres embarazadas, personas con problemas cardiacos, y a los débiles de estómago.

    Como he visto hacer a otros, publico aquí el relato con el que participé y me descalificaron del concurso (que no se me cae la cara de vergüenza). A ver si así recupero en el ranking alguna de las 40 posiciones que perdí mientras un relato mío estaba, sin yo comerlo ni beberlo, como relato del mes. También puede ser que me hunda en la miseria, claro, y acabe en la posición 200.

    Tras unos días de reposo vuelvo al enterarme indirectamente de que Fénix había lanzado un reto sobre un tema concreto. Yo no podía fallar y menos tras ver que Fénix ha variado por fin algo que le dije sobre su perfil: gracias. Veo además en su avatar algo que parece un menú de Nochevieja o similar y eso también se tendría que valorar.

    Algo diferente de lo que he aportado hasta ahora. De tonos míticos e inspirado en un pasaje del Génesis, el primer libro de la Biblia.

    Otro texto recuperado de la buhardilla de mi ordenador y que puede ser tanto el final como el comienzo de una novela que nunca escribiré

    Otro relato marinero pero esta vez atlántico. Escrito hace años, repasado, reposado y ahí va

    Otro relato de género histórico; y costumbrista. Escrita hace años, rescatada y retocada: por eso, y a pesar de haberla tenido reposando dos días, puede contener algún fallo. Para entender bien la historia hay que saber que pasa durante el siglo XVIII en la isla de Menorca, a la sazón dominada por los ingleses en guerra con España y Francia. Por eso conceden patentes de corso a los marineros locales.

    Arrímate a los buenos y serás uno de ellos. Eso piensa la madre de Lázaro de Tormes y, después, le va como le va. Por eso yo, escarmentada de su ejemplo, al verme en el número 101 del ranking, me he inventado algo de bajo nivel a partir de anécdotas que me cuenta mi marido; a ver si así puedo volver hasta la posición 120 o superior donde me sentiré más cómoda.

    Más de lo mismo

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