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7 min
Nervios
Terror |
03.12.14
  • 5
  • 3
  • 1297
Sinopsis

Siempre fui muy nervioso, demasiado. He pedido que me lleven a casa, pero claro, no hacen caso. Sólo me queda contarle mi historia a las paredes, esperando que algún día vuelva a casa con mi familia...

Me había levantado a la misma hora de siempre, ocho y media de la mañana.
Me bañe y me vestí, lo cual realmente no tenía sentido pues no iba a ir a ningún lado.
Salir dejó de ser parte de mi rutina hacía mucho tiempo, no lo necesitaba de todas formas, estar rodeado de mucha gente siempre me puso muy nervioso, además mi familia estaba conmigo. Eso era suficiente.

Bajé al comedor, el aroma a café y panqueques recién hechos impregnaba el ambiente.
Tomé mi silla y me senté.

"Buenos días" le dije a todos.

"Buenos días, hijo" dijo mi madre, ella vestía su hermoso vestido rosa, su cabello castaño sujeto con un moño.
En la mesa estaban mis hermanos mayores, como siempre ocupados con sus propios problemas.
Mi tía estaba al lado, siempre con una expresión de rencor, como si todo el tiempo se sintiera incómoda. 

Mi padre estaba del otro lado de la mesa, él no respondió a mi saludo, algo que me dejó incómodo.
Mi padre siempre fue alguien callado y serio, pero siempre encontró la forma de darme los buenos días.
Mientras mi madre me servía mis panqueques con fresa yo me preguntaba que había hecho para molestarlo, no es que yo hubiera sido un niño problemático, mi único problema es que siempre fui muy "nervioso".

Cuando era joven, más aún, estaba en la escuela y como siempre había un niño que me trataba mal, un día mis nervios llegaron al tope, él me había escrito la palabra "marica" en la frente con un marcador, yo estaba tirado en el piso llorando, él estaba de espalda.
Uno de mis lápices estaba en el suelo, lo tomé y me lancé hacia él, busqué su cuello y-

Alguien tocó a la puerta.
Mi madre estaba sentada tomado café, mi padre seguía observándome.

"Shhh" les dije a todos, mi madre puso la taza de café en la mesa y todos bajaron la cabeza en silencio como un montón de niños siendo regañados.
Todos, menos mi padre, él seguía viéndome con sus ojos bien abiertos.

NOC NOC NOC

Vino otra vez de la puerta, el pedazo de fresa en mi boca se había vuelto amargo, mi corazón latía como si estuviera a punto de sufrir un infarto.
Mi cabeza se llenó de zumbidos, como si una colmena hubiera reventado dentro de mí.
Observé de nuevo y ahora mi padre estaba sonriendo.
Tragué finalmente la fresa masticada, mientras bajaba lentamente por mi garganta esuché a las personas hablar entre sí.

"Sabemos que está ahí, abre la puerta por favor"
La sangre se había subido a mi cabeza, mis manos y pies se sentían helados y rígidos, como los pies de un cadáver. Mi padre reía en silencio, sus ojos parecían brillar.
La sala empezó a girar a mi alrededor mietras las personas tras la puerta seguían llamando mi nombre. Miré a los demás, todos seguían con la cabeza baja, sus manos escondidas bajo la mesa, mi madre estaba llorando en silencio.

"Se acabó muchacho, déjanos ir"
Una flecha atravesó mi garganta, mi padre habló tan claro y fuerte que me hizo soltar el tenedor en mi mano entumecida.

"Shhh, cállate, nos van a oír" dije susurrando.

"Ellos lo saben, se acabó, tienes que dajarnos ir ¡AHORA!"

"Tiren la puerta" dijo la voz principal allá afuera

La casa entera se estremecía mientras ellos tumbaban la puerta de mi casa, ¡MI HOGAR!
Pensé en correr, pero mis piernas estaban dormidas, caí al suelo sujetándome del vestido de mi madre quien aún lloraba en silencio.

Mi padre se carcajeaba mostrando todos los dientes, sus ojos no habían parpadeado ni una sola vez. 
Entonces todo se llenó de luz.

La luz del sol era cegadora, yo estaba en el suelo acurrucado a los pies de mi madre, rogando por que me dejaran en paz y que se fueran, el resplandor los hacía parecer no más que siluetas sin rostro ni forma, cuando mis ojos se acostumbraron al brillo pude ver que algunos tenían armas listos para volarme los sesos, otros vestían de blanco sosteniendo pequeñas cajitas de primeros auxilios.
Todos estaban parados en la sala, inmóviles con una expresión de horror en sus rostros.
Yo lloraba y pataleaba, finalmente algo picó mi cuello.
Quedé dormido de inmediato.

 

Después que me trajeron a esta sucia celda me hicieron muchas preguntas, yo solo quería irme a casa, insistí en ver a mi madre. Pero claro, no me dejaron.

Después de ponerme otra inyección me amarraron a esta cama, donde tuve muchos sueños. La mayoría pesadillas.
La peor fue una en la que estaba de vuelta en casa, todo parecía normal, me había levantado y cambiado, excepto que la ropa que vestía era mugrosa y apestosa, como si la hubiera usado una y otra y otra vez, sin haberla lavado ni una sola vez.
La casa se veía polvorienta y siniestra, todo cubierto por una sucia capa de abandono.
Mi familia estaba en la mesa, como siempre, observé y los platillos servidos contenían una masa pútrida y negra, moscas abundaban por la mesa devorando los restos de lo que alguna vez había sido comida.
Me senté y ahí vi que todos estaban muertos.
Los cuerpos de mis hermanos yacían despreocupados en las sillas, como un par de vagos pasando el tiempo fumando mariguana, sus cabezas estaban hacia atrás, sus bocas abiertas eran nidos de moscas tan negras como el carbón.
Mi tía estaba en el suelo como una borracha inconsciente, su cabello enmarañado cubría su cara. Sus anillos brillaban en sus dedos que no eran mas que huesos amarillentos ahora.

Yo quería despertar, era obvio que era un sueño, algo así de horrible tiene que serlo.
Mi madre estaba en la misma posición que la última vez que la vi, su cabeza abajo como una niña recibiendo un castigo, la mayoría de su cabello se había caído y lo que quedaba eran mechones horriblemente enredados, su cráneo había sido golpeado con un objeto tan duro que ahora tenía una forma irregular, gusanos salían de sus orejas carcomidas, sus ojos colgaban fuera de sus cuencas como canicas atadas a un cordón, oh Dios la forma en que sus ojos colgaban aún me dan escalofríos.
Yo ya estaba llorando por piedad (de nuevo) cuando escuché la risa de mi padre otra vez.

Él estaba del otro lado de la habitación, su estómago abierto como el bolsillo de una mochila, sus intestinos colgaban, ennegrecidos y dejando un rastro en el suelo, bichos tan grandes como cucarachas se escurrían entre sus entrañas. 
Sus ojos eran un par de esféras brillantes y aún así sin vida, su boca sin dientes ahora se agitaba con sus risa, señalándome dijo "SIEMPRE SUPE QUE ESTABAS DAÑADO, LO SUPE SIEMPRE PERO TU MADRE NO HIZO CASO. ESTÚPIDA, MIRA COMO NOS DEJASTE. AL MENOS AHORA YA NO ESTAREMOS EN ESA MALDITA MESA"

Ahí fue cuando desperté. Sudando y llorando sin poder moverme.

Ellos me dicen que tengo problemas para diferenciar la realidad de los sueños, "eres muy soñador" me dijo mi maestra una vez, claro que sé diferenciar los sueños de la realidad, la imagen de mi familia pudriéndose en mi casa había sido una horrible pesadilla, me entristece pensar en mi madre llorando en la mesa, viendo mi silla vacía mientras yo estoy aquí amarrado contándole mi historia a las paredes...

Por cierto, ya no les terminé de contar lo que pasó con aquel bravucón de mi escuela, cuando tomé el lápiz y me lancé hacia él, si alcancé su cuello, aunque no lo maté, no quería eso.
La punta del lápiz atravesó su garganta, justo en la tráquea, lo lograron salvar.
Lo último que supe es que ahora cada vez que respira emite un pequeño silbido, lo cual me parece una horrible tortura.

Curioso lo que puede hacer una persona cuando está nerviosa...

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Comentarios
Valoraciones
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  • Ese corte que haces cuando el nervioso va a atacar al bravucón me encantó. Todo el relato me gustó. Sigue escribiendo así. ¡Éxito!
    Gracias, tus comentarios me motivan mucho. Saludos...
    Soy incapaz de ponerte menos de cinco estrellas. ¿Por qué me gustan tanto tus historias y el modo en el que las vas desarrollando? Me engañaste hasta el final... Al principio se me pasó por la cabeza la idea de que estuvieran muertos, pero al ''hablar'' el padre, al servirle el desayuno la madre, esa idea cambió, y comencé a creer que no era su familia real, sino gente a la que había secuestrado y retenía, fantaseando con la idea de que eran su familia; luego, al final, revelas que sí, que estaban muertos, y que todo lo anterior a que le detuvieran estaba en su cabeza. Genial, Jorge, como siempre. Un saludo.
  • ¿Humor? No sé, supongo que sólo estaba enojado.

    Bien, no sé cómo puedo definir este relato. Si les interesa leerlo, espero que ustedes puedan darle una definición. Lo único que diré es que, a veces, todos nos volvemos de hojalata en algún momento de nuestras vidas.

    Un hombre encontrará su venganza bajo la sombra de una Ceiba.

    Una madre nunca se equivoca.

    ¿Por qué querría alguien matar a un anciano? Estu creía que era porque era fácil. Estu era sádico y estúpido, una combinación peligrosa, pero también tenía pésima mala suerte. ¿Qué podría salir mal?

    No sé si es exactamente un relato de amor. No soy bueno clasificando relatos que no tienen nada que ver con horror. ¿Existe el amor después de la muerte?

    La piel y la carne son tan suaves. ¡Tan suaves!

    La herida que queda después de perder a un ser amado puede tardar en curarse, pero ¿Y si la persona que creíamos haber perdido sigue viniendo a nosotros? ¿Y si ya no es como era antes? ¿La dejarías entrar de nuevo a tu vida? ¿La dejarías entrar?

    Las gotas de lluvia traen mucho más que agua.

    El amor siempre está en todos lados.

Hace un año jamás habría pensado en escribir un relato corto, mucho menos en leer un libro cada semana. Pero aquí estoy, tratando de seguirle el paso a todos ustedes. Tal vez tenga talento o tal vez no. No lo sé. Pero planeo atravesar éste oscuro túnel y averiguar si hay algo brillante para mí al final...

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