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4 min
NI LA LLUVIA ES CAPAZ DE AYUDARLA
Drama |
25.01.12
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Sinopsis

Después de una violación.

Y aunque acaban de violarla todavía es capaz de sortear ágilmente los charcos que brotan en el asfalto “por si alguien me escucha y me dice que pare”, piensa Amanda, “y aunque no quiera hacerme daño, desearía no ver a nadie. Ahora no”.  Ni la lluvia es capaz de ayudarla en su cruel anonimato ya que el golpear de los goterones en el suelo, la chapa de los coches o las papeleras es cada vez más fuerte, incapacitando el oído de la muchacha. “Suena como si lo hicieran a propósito, para fastidiarme”.  Pero lejos de amedrentarse ante tal impedimento aligera de nuevo el paso saltando grácil a pesar de la conciencia, doblando esquinas a través del miedo. “Me han violado y sólo me preocupa no pisar los charcos, ¿por qué?” Se pregunta Amanda, tocándose el pecho por si a través de alguna brecha hubiese escapado su espíritu y no se hubiera dado cuenta. Ha intentado pedir explicaciones del porque y aunque le han sido en vano, no se avergüenza, sólo espera llegar pronto para estar a cubierto. Ha suplicado el perdón y la misericordia, y aunque no le han escuchado no se retracta de ello, sólo espera llegar pronto para sentirse protegida. Le han hecho daño pero es incapaz de quejarse en este momento, no siente nada, sólo espera estar a salvo. Ha intentado defenderse y aunque sabe de lo inútil de su ardor, no se pregunta si realmente lo hizo con todas sus fuerzas, solo espera que esto acabe pronto. “Quiero gritar con todas mis fuerzas, me siento capaz de tirar fuego por la boca, pero ahora no es el momento. Debo darme prisa, es tarde. Espero que no hayan tenido tiempo de preocuparse por mi ausencia”. El aguacero no sólo no acompaña, empeora su capricho de convertir en inolvidable el camino de regreso. Los conductores no ven que es tarde, que camina sola por peligrosas calles, que la lluvia ha calado a través de su cuerpo, que podría estar en problemas, que acaban de transgredirla y ha necesitado ayuda, aunque realmente no la haya solicitado; solo ven insensatez e ignorancia. Y uno tras otro eligen el charco idóneo para bañarla de arriba abajo, una y otra vez. “¿De dónde compraría ese bolso? Necesito uno igual. Tal vez la chiquilla lo sepa, aunque si se pone feo puedo decir que me han robado”. Preocupada en falsear la realidad piensa en la ocultación como final feliz para un camino sin salida, engañando a su entorno al que realmente se le dirá la verdad que ella quiere, engañándose a sí misma por necesidad, castigando una culpabilidad irrisoria que desea enferme y perezca cuando esté cubierta, a salvo, protegida. Desolada por indefensa, afectado el entendimiento por sentirse cerca de la locura comienza a llorar desconsolada, escupiendo, como la tormenta, todo lo que no desea, convirtiendo en líquido retazos inmateriales que salen de la nada, invisibles, pero que acaban por convertirse en gotas capaces de penetrar en el espíritu más protegido. Cegada por la injusticia, tropieza con un policía.

-Déjeme que la ayude. ¿Sé ha hecho daño? -
-No, estoy bien-
-¿Se... se encuentra bien?. ¿Le pasa algo?-
-Si, no... estoy bien. Gracias-
-Tiene los ojos enrojecidos... -
-¡Oh!... ya... pero no estoy llorando... sólo son gotas de lluvia- responde mientras entierra el último sollozo...
-Pués parecen lágrimas-
-Tal vez... pero no son mías-... dando paso a las de lluvia.

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  • Buena narración. El final me ha encantado.
    ¿Sabes? Echaba de menos narraciones en tercera persona. Creo que el narrador exterior es el que objetiva los hechos y los hace reales, para que los demás lo saboreen como la verdadera pieza artística, fuera del pensamiento de la primera persona. Me ha encantado esta historia, tan fatal, tan profunda.
  • Con cariño para tí que me lo has pedido. Que hermosas las lágrimas que son sinceras por que es el corazón quien llora.

    -Señorita... con urgencias, por favor-

    Cuentan que no hay mayor temor que el que no se ve. ¿O era el que no se quiere ver?

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