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3 min
Ni la mitad de lo que era.
Reales |
18.04.15
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Sinopsis

​​

Ya no soy como solía ser, de muchas maneras, podría decir que casi no soy ni la mitad de lo que fui.
Me faltan todos los músculos de la pierna izquierda excepto el glúteo, también los de mi brazo izquierdo, bueno, aún tengo deltoides, esas extremidades de mi cuerpo tienen el aspecto de una pata de jamón cuando ya no queda nada por sacarle, no quiero mirarme en un espejo, me veo grotesco.
Pero m e siento mejor conmigo mismo, tengo la conciencia más tranquila.
Todo empezó esa tarde de abril, iba a casa de un amigo en mi coche, por la N340 hacia Lleida cuando tuve un pinchazo, me detuve justo en frente de una de esas enormes naves grises de hormigón.
Hacía un día hermoso, y me pudo la curiosidad, ¿qué abría allí dentro? Me acerque a la puerta, las ventanas estaban tapiadas.
 La puerta no tenía cerrojo, así que entre, lo primero que note fue un horrible hedor, como a amoníaco, casi no se podía ni respirar. Y luego los gritos de miles de criaturas, eran cerdos y apenas podían moverse, unos  comían los restos de otros, muchos tenían tumores del tamaño de pelotas de tenis, algunos tenían el culo hacia fuera como un prolapso rectal, infecciones en sus ojos, múltiples heridas... y el olor, joder, vivían entre su mierda, no pensé que fueran seres inmundos, pensé que si a un grupo de humanos los obligaran a vivir así, sucedería lo mismo.                                                                                                           

  Mas allá,cientos de jaulas de metal mantenían inmovilizadas a hembras sin poder moverse muchas tenían a sus pequeñas crías a su alrededor, algunas aplastadas debajo de su enorme cuerpo. 

No quería verlo, salí corriendo de esa nave y abrí un contenedor verde para vomitar, en el contenedor, 7 u 8 cerdos pequeños a medio podrir compartían espacio con otros que aún respiraban.

Corrí , me alejé de ese maldito lugar, vomité, y seguí corriendo, había un lugar igual cada pocos kilómetros, y eso me cambió.

Pero a mi me encanta la carne, me encanta su sabor, su olor al cocinarse, ¡adoro la carne! Así que no pienso dejar de comerla, ¡encontré una solución! Ahora puedo comer carne y dormir por las noches, aunque  no por mucho tiempo.
Hoy cenaré parte de mi cuadriceps derecho, espero que este tan bueno como el izquierdo.

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