cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
Ni pincho, ni corto.
Amor |
29.03.15
  • 5
  • 1
  • 1178
Sinopsis

Un objeto cotidiano,esencillo. De esos que tienes en casa... Este...pincha. Cuidado...

Ya sé que pensaréis que padezco algún tipo de obsesión. Sin conocerme, igual me tildáis de maniática, o neurótica, o esas otras etiquetas que utilizáis cuando algo no se ajusta a los parámetros normales. Pero a mí me da igual. Siempre he creído que nadie puede medir la normalidad. ¿Cómo van a hacerlo si todos somos diferentes?…

Mi diferencia, lo que me aparta de ese patrón de los seres humanos normales,  es algo que no hace daño a nadie. Ni siquiera a mí misma. Al contrario, me reconforta. No entiendo por qué mi cuñada me mira de esa forma tan extraña cuando me apresuró a ubicar la pila de revistas de decoración, en el lugar exacto de la mesita de centro. ¡Me encanta la decoración!

Colecciono todas las publicaciones sobre el tema y me encanta dejar unos ejemplares con lo que más me ha llamado la atención en mi preciosa mesa de centro (es una antiguo telar restaurado). Mis cosas, deben estar situadas en las coordenadas exactas. En los lugares correctos. Soy yo la que determina cual es la posición de las revistas, los platitos incas, el jarrón japonés, las velas aromáticas, el mando de la televisión… Mis libros están ordenados por orden alfabético del autor  y con un sub-orden por tamaño del ejemplar para no desequilibrar la armonía de la estantería… Mis víveres están clasificados por tipo y fecha de caducidad y todas las latas y envases deben situarse con las etiquetas en la zona frontal.

Todos los objetos están en dónde deben estar en La República Independiente de Mi Casa. Y cómo bien dicen los señores de IKEA, mi casa es m-i   c-a-s-a y si quiero tener el cajón de la lencería ordenado por tonos cromáticos y ocasiones de uso (para diario, para sexo, para la regla, para ir ceñida, para el gimnasio,…), lo tengo. Y punto. ¿Qué más da? Así que cuando llega mi cuñada,  de exuberantes piernas rematadas por tacones que joroban mi parquet  y se sienta en mi sofá, no sin antes lanzar los cojines (que le molestan) aquí y allá, debo contar hasta diez para no volver a colocarlos en su sitio. Cuando se pone a manosear mis revistas que deja por encima de la mesa, encima de los platitos incas, me sumo en un estado zen para no lanzarme sobre ellas (las revistas) y volverlas a apilar en la esquina derecha del cuadrante inferior… Nunca consigo que esas técnicas de relajación surjan efecto y acabo marcándola de cerca (a mi cuñada), reubicando todos los elementos y sintiendo su mirada de “estás como una cabra” en mi nuca.

Y este extraño día que estoy pasando, me hace pensar que mi cuñada puede estar en lo cierto. He perdido la chaveta en algún lugar del camino… Todo ha empezado esta mañana. He abierto el cajón de la cubertería para coger la cuchara de dimensiones perfectas para mi cappuccino, cuando he observado que había un tenedor en el compartimento de los cuchillos. ¿Qué hacía un t-e-n-e-d-o-r  en el lugar de los c-u-ch-i-ll-o-s.? Es más, ¿Qué hacía un cubierto mal puesto en mi cajón de mi cocina? Inmediatamente, he alargado la mano para coger el tenedor y ponerlo en el lugar correcto. He notado un leve tirón y una cierta resistencia por parte del tenedor, así que me lo he puesto a la altura de los ojos y lo he observado con atención. Lo he agitado en el aire y he comprobado que todo era normal. Cuando lo he dejado en el cajón, me ha parecido que el cuchillo se había desplazado hacia la derecha, así que también lo he colocado bien. Al cerrar el cajón, he oído unos sollozos tristes y desesperados. He mirado hacia el televisor, que creía que estaba apagado. Y lo estaba. Los sollozos se habían convertido en un llanto desgarrado y provenían del cajón. Parecía increíble pero…abrí el cajón y el llanto cesó de repente.  El tenedor había avanzado posiciones y ya estaba con las cucharas. El cuchillo se había desplazado hacia el extremo del compartimento. ¡Qué raro! pensé en ese momento. Me habré equivocado al ponerlo antes- me dije mientras volvía a poner el tenedor rebelde con los otros tenedores…

Estaba dejando mi taza, perfectamente limpia, en la estantería de las tazas de por la mañana, sección colores fríos (me había decantado por la azul), cuando escuché unos quejidos entrecortados… y el llanto, de nuevo.

Abrí el cajón y se hizo el silencio. El maldito tenedor, había quedado perpendicular al hueco de las cucharas y los otros tenedores. Me enfurecí. El tenedor, por lo que fuera, se rebelaba al orden pre-establecido. Me prometí concederle una última oportunidad (dijo el maestro Zen) y lo coloqué con una fuerza superior a la que era necesaria, en el puto compartimento de los putos tenedores. Y cerré el cajón con delicadeza, para evitar posibles desplazamientos no deseados.

Y venga el lloro… He pasado el día intentando olvidar el episodio del tenedor. He ido a comprar al mercado del barrio y cuando he llegado a casa, me he visto obligada a entrar en la cocina. Tenía que colocar los productos frescos en las repisas del refrigerador correspondientes (las había etiquetado con mi Dymo) y no podía romper la cadena de frío. Me he sentido aliviada al comprobar que sólo se oía el zumbido de la nevera. He organizado mi compra y he necesitado un cuchillo para cortar la malla de las naranjas. Cuando he abierto el cajón: ¡El tenedor con lo cuchillos!

Si en algún momento se me había pasado por la cabeza que había algo raro en el cajón de mi cubertería, ahora se veía confirmado.

El tenedor se movía-autónomamente- por el cajón.

Pero lo que más me impactó de este descubrimiento, no es que se moviera… No. Lo más importante era que rompía mi estructura del orden de mi casa (“casa” incluye el cajón de la cubertería). Para comprobar mi teoría de que el tenedor tenía vida propia, lo cogí, le dije “Ahora verás” y lo puse en su sitio. Fue cerrar el cajón y oír los sollozos. Abrí el cajón y cogí, de nuevo, el tenedor insumiso, lo miré con asco y lo tiré al cubo de la basura. Alguien lloraba, cada vez con más fuerza, en mi cocina. .. Tenía que acabar con él. Bajé la bolsa de basura y la tiré al container. Satisfecha con mi acción de pura venganza (hacia el tenedor) entré en la cocina. Ya no era un lloro, eran alaridos desgarradores… No entendía nada. ¿No había exterminado al tenedor? Abrí el cajón y…tengo que ir más rápido.No me quedan fuerzas  y  el tiempo se acaba, por lo menos para mí.  Me he extendido demasiado explicando cómo he llegado hasta aquí y por qué tengo un cuchillo viviente (que no para de llorar desconsoladamente) clavado en mi pecho.

Ha sido un crimen pasional. El cuchillo y el tenedor se amaban locamente y no podían soportar estar separados. El exilio forzoso al que condené al tenedor, despertó al monstruo interior del cuchillo, que se abalanzó sobre mí y se ha quedado insertado en el centro de mi corazón. Mi final está siendo mucho más terrible ya que el cuchillo solloza, grita y llora por su tenedor perdido.

El llorón era el cuchillo…

Noto que esto ya se acaba… Por lo menos, dejaré de oír a este cuchillo quejica…

Yo lo único que quiero, en estos segundos de lucidez, es dejar clara mi última voluntad.

Que este cuchillo sea entregado,  como herencia, a mi cuñada.

Gracias.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • También acuario un servidor. Muy buen relato, me ha gustado la fluidez y el vocabulario empleado. Saludos
  • No puedo absorber más ofertas comerciales, ni Black Friday ni Ciber Monday ni lo del jamón, pero, esa tarde, estaba distraída y pasaba por delante del teléfono en el momento en que sonaba y lo cogí.

    La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible por diversos procedimientos.

    Cada día del año, tiene asignado un “Día Internacional De”. Oficialmente, es la ONU la que marca y asigna los días y su temática. Son días serios, en los que el objetivo es concienciar o dar visibilidad a enfermedades, injusticias… Hay, por eso, otros "Días De". Más frívolos, menos serios...Como El Día Mundial de Saltar Encima de Las Cosas. ¿Saltamos?

    Hoy, hay que hacer el cambio de hora. Algo fácil: a las dos de la madrugada, serán las tres…Todos mis dispositivos son digitales, así que mi ordenador, mi tablet, mi teléfono, mi televisión...todo, cambiará automáticamente al nuevo horario.

    Esa pregunta trascendental, se sigue haciendo a todos los niños y niñas desde tiempos inmemoriales…

    ¿Qué si se muere? Si, mire en la página nº 5. En caso de defunción, puede elegir dos opciones: 1) liberalizar el depósito para los herederos designados o la extinción inmediata. En el segundo caso, el depósito se elimina, sin dejar rastro.

    Había sentido envidia de un amigo de la infancia, Gustavo, que pasaba esos días en el pueblo. Era considerado un "vividor"... Y con suerte… El muy cabrón… Y entonces, pasó la sexta estrella fugaz. Esta vez, una estrella imponente, más grande , con una estela más perdurable en el cielo. Y sin casi darme cuenta deseé: "Quiero ser un vividor."

    Un objeto cotidiano,esencillo. De esos que tienes en casa... Este...pincha. Cuidado...

    La vecina : No lo encontrará en casa. De eso, estoy segura. Y ya veremos si vuelve… Victoriano: Ya va siendo hora de hacer limpieza. Una de esas, totales.

    Necesitaré comprar unas dosis de Silencio. Que no se me olvide...

  • 92
  • 4.58
  • 292

Mujer, Acuario, Blogger, Marketing... Adoro a George Clooney.

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta