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2 min
No le di plata a una anciana que me pedía
Varios |
24.04.15
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Sinopsis

No te voy a pedir que sonrías si va a ser una sonrisa falsa, mientras tu alma triste está. Pero por lo menos trata de ver la manera en que puedas estar contento.

En esa noche que volvía del negocio ya cerrado, era muy tarde, todo se veía opaco y confuso. La liturgia de la obscuridad era embriagadora. Una vieja humilde con su nieto me pedían que les ayudara con lo que pudiera, con mis bolsillos retumbando de sonidos de monedas chocando con otras monedas, le dije: -No, no tengo nada-.

  Mi forma de ser es ridícula, no me importa el sufrimiento de los demás, ¿Por qué otros deberían de preocuparse de mí? Me siento mal en mi alma, pero si me siento mal ¿Es por qué en cierta manera, preocuparse de uno es también preocuparse de los demás, también me preocupan los demás?

  ¿Para qué vivo?, para qué me permito seguir viviendo, ¿Cómo es que no vivo constantemente en pena y desdicha?, lo vivo…

  “Un hombre sin disciplina no es un hombre” oía decir de las palabras entonadas desde la boca y la lengua de un amigo mío, un compañero que le gusta mucho el tema sobre las guerras de las islas Malvinas. Hay una chica que me gusta, me gustaría que me enseñe su amistad, o tal vez algo del amor: solo en el rincón de un pasillo profundo y lúgubre finalice estando.

  Quiero dibujar la gata de ella, una que solamente vi una foto de su espalda, tenía manchas marrones diseminadas sobre un pelaje negro más dominante. Pero me gustaría apreciar su rostro para así poder esbozarla desde allí.

  La música se escucha de fondo, un cambio entre dos melodías, dos estrofas, dos armonías y a otra cosa. Un cambio se ha producido, no es la misma melodía pero sigue siendo música, que nos despierta o invoca en nosotros diversas emociones y reflexiones. Pero aún detrás de la música más solemne, serena y bella puedo percibir voces de lamentos, llantos, furia, desgracias, descontentas, patéticas… una intención maligna para un supuesto motivo benévolo.

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