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12 min
NOCHE DE AMOR
Amor |
14.05.15
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Sinopsis

Te has preguntado como sería tu noche de bodas? Aquí esta la respuesta.

Por fin terminaba la boda, mi ahora esposo solo me miraba con sus ojos de ya no soporto más, yo estaba en mi día de perfección y ensueño, y el en el de desesperación, quiero tenerla.

Empezamos a tener intimidad  cuando yo tenía 15 y el 18, y las mantuvimos hasta que yo tenía 19 años, de allí las suspendimos, y ninguno volvió a tenerlas hasta que nos casamos.

Se terminó la boda, nos despedíamos, y nuestros amigos nos ayudaron a cargar los regalos al auto. Toda la familia de él, y la mía nos siguió al departamento donde viviríamos, para ver como abríamos los regalos, yo estaba feliz, y sabía que debía de cumplir con esos requisitos sociales acostumbrados por mi familia, pero mi esposo ya no soportaba más, había estado conteniéndose por dos años, era una infinidad de tiempo para él, estaba a punto de explotar, y yo igual. Mi familia no se iría pronto, ya eran la una de la mañana y todos seguían allí, nosotros estábamos exhaustos y cachondisimos. Mi vestido era muy hermoso, sencillo, tipo vintage, sexi, con unos tirantes delgadísimos y un discreto y sexi escote, era entallado lo que permitía lucir mis curvas. Durante la boda a cada breve momento que perdíamos las mirabas de los invitados me pellizcaba las pompas, o me las apretaba, siempre ha hecho eso, lo amo. Él se miraba guapísimo con su traje, aunque ya solo le quedaba el chaleco, las mangas de la camisa dobladas hasta donde se podía, y el moño un poco desecho, estaba acalorado de tanto bailar, a pesar de que según el odiaba hacerlo. Queríamos abrir los regalos rápido, pero todos querían hacer más que eso, como observar las fotos, recalentar la comida y nosotros ya queríamos quedarnos solos, así que nos dimos cuenta que no podríamos pasarlo como deseábamos así que decidimos regresar el tiempo, y planear nuestra noche especial, en la que por primera vez tendríamos sexo sin sentirnos culpables, y podríamos dormir juntos toda la noche.

Se terminó la boda, nos despedíamos, y nuestros amigos nos ayudaron a cargar los regalos, le pedimos a mi madre que llevara todos los regalos a nuestro departamento donde viviríamos, le dimos las llaves, y nosotros nos fuimos en el carro al hotel que teníamos reservado a las afueras de la ciudad, donde pasaríamos la primer noche de matrimonio. Mi vestido era largo y ajustado e iba sentada abrazada del brazo de mi marido, mientras el conducía, lucia agotado pero feliz, cada momento que pasaba me miraba y me daba besitos, diciéndome que me amaba y cosas cursis, yo me limitaba a entornar los ojos y decirle lo enfadoso que me parecía, aunque realmente estaba súper feliz de que me hiciera esos cariños. Estaba tan emocionada pues después de seis años de estar deseando casarme con él, lo había logrado, lo amaba demasiado y a pesar de los altibajos de nuestra difícil relación todo se había acomodado al final.

El viaje me pareció eterno, estaba agotada y el también, tenía demasiada hambre, pues no había comido todo el día debido a los terribles nervios de la boda, me aterra ser el centro de atención y en la boda lo fuimos, así que estaba apenas superando mi ansiedad, lo que me mantenía despierta era la adrenalina de estar con mi esposo, pues a pesar de que ya no éramos vírgenes, sería la primera vez que tendríamos relaciones sexuales limpias.

Nos estacionamos en el hotel, apago el carro y el me miro y nos besamos y abrazamos, realmente nos amábamos, fuera de la emoción de estar recién casados nuestro amor ya estaba marcado como algo duradero. Después de unos minutos decidimos salir del carro nos abrazamos muy fuerte y nos ayudaron a bajar todas las maletas, pues al día siguiente tomaríamos un vuelo para Huatulco, unas hermosas playas en Oaxaca. Nos registramos, nos entregaron las llaves de la habitación, estábamos muy emocionados. Llegamos a la habitación la abrimos y encendimos la luz, era muy bonita, la cama muy amplia, como nos gustaba, el concepto era minimalista, lo cual me fascina, había una gran tocador con un inmenso espejo, unas repisas, un closet con ganchos, en una esquina había un sillón blanco de piel moderno tipo camita para recostarse, en el baño había un jacuzzi con la regadera desde el techo, que caía en gotas simulando lluvia.

Metimos las maletas, teníamos dos años sin sexo, estaba muy muy nerviosa y sé que el también, aunque su enorme erección demostraba que no estaba realmente  nervioso si no desesperado, tratando de disimular en lo que el joven de las maletas se retiraba. Por fin cerró la puerta, teníamos vino y fresas, nos comimos todas las fresas y un poco de vino para calmar el hambre. Mi esposo se acercó a mí, me abrazo, me beso castamente y me miro a los ojos diciéndome que me amaba y yo le dije lo mismo. El intentaba ser tierno, pero el tiempo era mucho, necesitaba acción.

En mi maleta traía una gran variedad de tangas y babi doll, ropa muy sexy de colores intensos, que a él le gustaban, como rojo y negro, la mayoría eran transparente pero no tanto, para que tuviera que imaginarse al menos algo. Tenía la intención de arreglarme un poco para él, de quitarme el vestido a solas, ponerme mi ropa sexy, que dejaba ver mis glúteos, y pequeño brasiere que presionaba mis pechos para que se vieran mucho más grandes, planeaba retocarme el maquillaje, peinarme un poco con el pelo suelto y ponerme perfume, eso planeaba en mi mentecita loca, pues también sabía que mi hombre estaba inmensamente lujurioso y no le importaba nada más que saciarse, al menos una vez, así que omití toda mi planeación para más tarde, o incluso al día siguiente.

Él se sentó en la orilla de la cama, con las piernas abiertas y yo parada entre ellas abrazándolo y besándolo, ya estaba inmensamente excitada y el también. Mientras me besaba yo le acariciaba la espalda, los brazos fuertes que tenía, el como de costumbre, sus manos traviesas se detenían en mi trasero, claro encima del vestido, me lo acariciaba en círculos, y de momentos lo apretaba muy fuerte. Me senté de lado sobre su regazo, lo abrace con mi cara sobre su hombro muy fuerte, él también lo hizo, le dije que lo amaba muchísimo y lo bese apasionadamente en los labios, el me siguió con su forma tan sexy de besar.

Estaba consciente de que no me daría media hora para arreglarme para él, como había planeado, por lo que cambie de acción. Le desabroche el chaleco, con el que se miraba tan sexi, lo bese aún más, le quite el moño y lo avente por allí, le desabroche la camisa y se la quitó dejando su piel velluda al desnudo, lo abrace para sentir su calor, le quite el cinturón y le desabotone el pantalón. Después me pare, aun situada en medio de sus piernas abiertas, me di la vuelta, dándole la espalda, para que el abriera mi vestido, por supuesto tardo mucho, nunca ha sido bueno con los botones. Al abrir el vestido este cayó al suelo, y yo traía puesto un brasiere muy sexi blanco, apretado y resaltaba mis pechos, traía una tanga blanca con unos ligueros que a mi parecer eran sexis, y sé que para el también, pues me vio, y se arrancó el pantalón, y fue el momento donde se convirtió en tiburón, que es cuando apaga la mente y se deja guiar por los instintos sexuales, su mirada cambia y sé que tengo que dejar que él tome la batuta. Traía un bóxer negro de licra, muy apretados, pero aun así su erección levantaba la parte de enfrente sin dificultad. Me abrazo y me aventó a la cama, todo eso era nuevo para mí, en mi mente no había sentimiento contrarios diciéndome que no era correcto sentir tanto placer, al contrario mi mente decía: “disfruta a tu hombre”, me deje complacer por las caricias de mi esposo.

Me beso en los labios, después el cuello, sus manos no se apartaban de mis pechos, los apretaba sobre el brasiere blanco, de pronto bajo el brasiere y acerco su boca a mis pechos y los lamio, con la otra mano hizo lo mismo pero con sus dedos jugaba con mis pezones apretándolos en forma circular, se sentía tan bien, podría tener un orgasmo solo de esa manera. A los cinco minutos me quite el brasiere, para que quedara libre para él, nos giramos quedando el debajo de mí, y yo a horcajadas sobre él, lo bese, le toque su pecho musculoso, cuidando no tocar sus pezones pues lo detesta, me baje a su miembro, al que hora podía acercarme, ver y tocar sin remordimientos ni impedimentos, le quite el bóxer y le toque estaba caliente y duro, un poco curvado, muy grueso, el me quito mis bragas, y me puso la mano en mi parte más caliente, y la toco delicadamente unos segundos, me senté sobre él, solo para que rosara su parte con la mía.

 Después el busco condones no se acordaba en que maleta los había guardado, y como estaba en estado tiburón buscaba y buscaba donde mismo, me levante ansiosa de la cama a buscarlos y ¡por fin!, los encontramos una caja de plástico negra llena de condones, este fue un regalo de despedida de soltero de unos primos de mi esposo, a pesar de que eran como 70, no nos durarían mucho, saco uno, no podía ni abrirlo con sus torpes manos, lo ayude, tampoco podía, así que con los dientes mordí una esquinita y tire para poder sacarlo, para cuando lo logre él ya estaba acostado, acomodando su prepucio para colocar el condón, yo inicie poniéndoselo, pero el de desesperación lo hizo solo, brevemente reviso que estuviera seguro y me dijo: ¡ven!, con mucho brillo en sus ojos y sonriendo, me jalo sobre él, me beso toscamente y de un movimiento sentí como me penetró, fue tremendamente delicioso, deje de pensar totalmente, solo me movía en círculos, para enfrente para que también se estimulara mi clítoris y poder tener un doble orgasmo, el empezó a gemir yo casi gritaba, y apenas iban como 30 segundos, me pellizcaba los pechos, los pezones los apretaba, después sus manos estaban presionando mis nalgas apretándolas como si de esa manera lograra que se aprisionara su pene y lograra más satisfacción, yo no podía respirar, solo jadeaba y a pesar de que tan solo iba un minuto estaba teniendo tanta estimulación que estaba llegando al orgasmo, en ese momento mi esposo me abrazo fuertemente hacia el imposibilitándome todo movimiento, y solo recibía sus deliciosas embestidas cada vez más intensas, casi lloraba de las satisfacción, estaba llegando al orgasmo, y el también, en unos segundo jadeábamos más que nunca y nos abrazábamos uno sobre otro, totalmente empapados de sudor, nos besamos, y nos quedamos quietos unos momentos en lo que recuperábamos el aliento. Me baje de él y me coloque a su lado en la cama, él se giró y empezó a quitarse el condón quejándose un poco, una vez quitado dijo sus palabras siempre dichas al realizar esa acción, mirando el condón y sorprendido de haber eyaculado tanta cantidad, a pesar de que siempre es la misma. Me dio el condón lo anude y lo arroje a un cesto de basura en la esquina. Me abrazo y nos besamos y empezamos a jugar con bromas de matrimonios, de Sr. Y Sra. Estábamos muy felices y hambrientos. Decidimos ducharnos.

Mi pelo estaba fatal, de haber traído al inicio de mi boda unos rizos delicados ahora era pegote de fijador, mi maquillaje igual, llenamos el jacuzzi y nos metimos en el mientras las gotas de agua tibia caían sobre nosotros. Mi amado estaba reclinado en la tina con las piernas abiertas y yo sobre él, descansando. Tomo una esponja con jabón y me froto el cuerpo, mi vientre, mis piernas, mi espalda, los pechos y las nalgas los enjabono con sus manos, me puso champú y me froto el pelo hasta hacer espuma, yo repetí la acción con él. Le enjabone su espalda, su pecho, su pene, aun agotado, le puse champú, y le acaricie su cabello como le gusta, mientras él se recostaba sobre mí y yo lo acariciaba, el cerraba sus ojos. Se giró y nos besamos intensamente y nos pusimos románticos, a decirnos lo mucho que nos amábamos, lo felices que éramos, y que a pesar de las pruebas y el complejo camino del matrimonio prometimos solemnemente que mantendríamos fuerte nuestro amor.

Salimos de la ducha y nos besamos, él se vistió yo me quede en toalla, el salió a comprar algo para comer, aunque eran las dos de la madrugada, teníamos mucha hambre.

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