cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

6 min
Noche de Muerte
Terror |
04.07.16
  • 5
  • 4
  • 126650
Sinopsis

En pocas horas esta se convirtió en la terrible noche.

En mi casa de campo, era pasada la media noche  no podía dormir y el calor era sofocante; cargado de humedad que me hacía sudar copiosamente, no encendí la luz, me senté sobre la raíz de un guayacán que había talado especialmente para usarlo como butaca en el patio de la casa. Miré el cielo, estaba nublado y una pálida luna se dejaba entrever por momentos en medio de las pequeñas nubes, también divisaba el paisaje sombrío que daban las montañas que circundan el lugar; siempre que me sentaba allí miraba hacia un volcán inactivo y frio, del cual ya nadie habla; su última erupción ocurrió hace más de ochenta años y solo fue una leve explosión y mucha ceniza recordaba mi abuela que recordaba el suceso a pesar de sus más de noventa años de vida casi todos junto al volcán; el calor seguía aumentando y la brisa característica de esta hora había desaparecido y un suave pero penetrante olor a azufre empezaba a inundar el ambiente; todo era silencio, los grillos y animales del lugar se habían silenciado mientras que el olor aumentaba considerablemente; de pronto, la tierra tembló y rugió al tiempo que del cráter de aquel viejo volcán salía un cañonazo de fuego que ilumino todo el valle; corrí a la casa a rescatar a mis hijos que habían despertado con el ruido, los cogí de la mano y corrimos con la esperanza de poder alejarnos antes de que algo grave pasara, pero cuando habíamos avanzado unos pocos metros de la casa, nuevamente tembló con tal violencia que no pudimos sostenernos en pie, mientras otra explosión más intensa, dejo ver como rodaban por la ladera del volcán rocas incandescentes; estábamos aterrados y seguíamos corriendo tratando de alejarnos  de la zona de riesgo, pero nuevamente la tierra tembló y acto seguido, una espesa y abundante lava acompañada con una lluvia de pequeña rocas encendidas que inundaban el sector; todo alrededor era desolador los demás habitantes de la vereda al igual que nosotros, trataban de huir a cualquier costo; mis dos pequeños hijos lloraban angustiados sin poder comprender que sucedía, trataba de calmarlos a la vez que corríamos por el sendero hasta encontrar un refugio en una pequeña cueva para protegernos de la lluvia de rocas encendidas, allí escuchábamos como seguían las explosiones, ahora más seguidas, e intensas; cuando hubo un momento de calma y ya un poco más relajado, recordé que muy cerca de allí había una de oro abandonada y el objetivo inmediato era llegar allí para estar a salvo de lo que pudiese ocurrir más tarde, emprendimos el desplazamiento hacia allí, encontrando el camino totalmente cubierto de ceniza y un intenso olor a azufre que hacía difícil respirar; de otro lado en la oscuridad de la noche, nos tropezábamos con cuerpos sin vida, lacerados por los golpes de las rocas disparadas por la furia del volcán, mi preocupación en ese momento era una sola; proteger a mis hijos.

Ya en la entrada de la mina, encontramos algunos habitantes de la zona que con algunas linternas nos guiaban para movernos dentro, desde aquel lugar se sentía más fuerte el rugir de la tierra por la actividad del volcán, a medida que iban llegando más personas, muchas de ellas heridas y quemados, producto de las rocas incandescentes; dentro de aquella mina estábamos a salvo de la lluvia de rocas, pero los constantes temblores de tierra hacía temer lo peor y era un derrumbe y perecer sepultados allí por cientos de toneladas de tierra, solo me quedaba clamar al todopoderoso, mientras me aferraba a mis hijos, así permanecimos durante horas sin que nada cambiara, solo en la madrugada con las primeras luces, me atreví a salir de allí, observando que la actividad volcánica había cesado pero una estela de ceniza nos obligó a taparnos la nariz con las ropas que teníamos y apresuradamente abandonamos aquel improvisado refugio; no muy lejos de allí, encontramos las primeras casas destruidas y personas conocidas fallecidas unas, otras agonizantes sin ninguna opción; era angustiante la impotencia que sentía ante aquel dantesco espectáculo ocasionado por el que suponíamos era un pequeño e inactivo volcán; seguimos avanzando y encontramos un viejo campero, al acercarnos pudimos ver a sus ocupantes con las cabezas rotas, desangrados ya fallecidos; moví al conductor y procedí a encender el motor, acomodamos los tres cadáveres, sacamos numerosas rocas aun calientes y abordamos; primero tres muy golpeados, algunas mujeres para un total de diez personas; emprendimos la marcha con mucha dificultad por la inmensa cantidad de rocas que obstaculizaban el camino, al cabo de un buen rato de camino el camino se fue normalizando aunque la cantidad de ceniza parecía no tener fin pero lo importante es que estábamos a salvo y pronto llegamos al hospital del poblado en donde la emergencia había agotado las camillas, medicamentos y demás; allí permanecimos mientras atendían a los heridos y contusos, desde el ventanal de urgencias podía ver a la distancia el aún humeante verdugo que aunque cobró muchas vidas, las nuestras estaban a salvo, por ello me sentía más tranquilo, pero un sentimiento de impotencia se apoderaba de mí, por no haber podido ayudar a tantos vecinos y conocidos que perecieron en el siniestro.

Nunca podré olvidar aquella noche de horror y muerte, cuando el pequeño volcán que siempre estuvo inofensivo entre nosotros, decidió librarse de los habitantes de su rivera y casi lo logra. Dimos parte a las autoridades de los hechos pero solo tres días después pudieron arribar al lugar, cuando otra amenaza empezaba a atacar, pues las treinta y siete víctimas de la erupción del pequeño volcán como le llamábamos, empezaban a descomponerse con las consecuencias que ello trae.

Aicosogran

Leer más: http://v.ht/aicardo

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta