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8 min
Noche de San Juan
Amor |
21.05.15
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Sinopsis

Martina recuerda como una Noche de San Juan cambio para siempre su vida...

Martina se ducho, se vistió, y fue a ver al abogado que se ocuparía de todos los trámites relacionados con la herencia de su abuelo.  Hizo todo esto sin poder evitar pensar en Irene y en todo lo que había ocurrido entre ellas la noche anterior. Se mezclaban los sentimientos en ella; la culpa, la angustia, la nostalgia, la tristeza…pero también se sentía más viva, como si Irene la hubiera despertado de un sueño en el que llevaba años inmersa. Continúo actuando de forma autómata hasta que llegó al aeropuerto para coger el avión que la llevaría de nuevo a Madrid, y entonces apareció un sentimiento nuevo, el miedo. Tenía que volver a la casa que compartía con Juan, su novio, y la angustiaba tener que mirarlo a los ojos. 

Sentada en el avión intento dormir, pero su mente, caprichosa, decidió volar al pasado…

Martina se fue a vivir a San Antonio cuando solo era una niña. Sus padres habían sido un desastre; ambos tenían problemas con las drogas, y habían tomado a lo largo de sus vidas demasiadas malas decisiones. La peor fue la noche que se subieron al coche de un amigo que iba tan colocado como ellos. Su madre falleció en el acto, mientras su padre agonizó en el hospital durante tres días. A Martina la fue a buscar la policía a su casa, y durmió dos días a los pies de la cama de su padre hasta que su abuelo Esteban, el padre de su madre, llegó a buscarla. Martina no conocía a su abuelo, pues su madre y él hacia años que no se hablaban. Durante los primeros días Martina le tuvo miedo, era todo lo contrario a sus padres. Serio, poco hablador, gruñón… pero con el tiempo también descubriría que era leal y cariñoso. Cuando se hizo cargo de ella no le quedo más remedio que mudarse a San Antonio. Fue complicado para una niña de Madrid incorporarse a la vida en ese pequeño pueblo donde ya todos se conocían, pero ella lo pudo hacer gracias a sus vecinos. Diego era el mejor amigo de su padre, y estaba casado con Susana, una mujer estricta pero también dulce, que acabaría por convertirse para ella en una segunda madre. Y por supuesto sus hijas la pequeña Ana, y sobretodo Irene. Era de la misma edad que Martina, y rápidamente se convirtieron en mejores amigas. Tenían unas personalidades opuestas. Mientras Martina era tímida y reservada, Irene era muy extrovertida y popular, la chica que todo el mundo quería tener cerca.

 

Con el paso de los años todos esos vínculos se fueron haciendo cada vez más fuertes, y San Antonio se convirtió en su hogar, algo que no había tenido nunca. Pero la adolescencia trajo consigo los que en un principio parecieron los típicos problemas. Muchos de los chicos de su edad, y algunos mayores se interesaban por Irene; ella no parecía demasiado interesada, pero tampoco podía ignorar la situación, además, a Irene le gustaba gustar, no lo podía evitar. Aunque nunca llegaba a tener nada con nadie, los coqueteos eran continuos, y por algún motivo eso a Martina la molestaba, después de muchos años Irene ya no era exclusivamente de ella. El mal humor de Martina y la ajetreada vida social de Irene no las distanciaron, pero si tensaron su relación. El punto de inflexión de su relación llegó con la noche de San Juan. En San Antonio era una de las festividades más importantes, donde todo el pueblo se reúne a cenar en la playa alrededor de pequeñas hogueras. Martina e Irene solían cenar junto a algunas amigas y compañeras de clase, pero para ese año Irene tenía planes diferentes. Jonás, un chico unos años mayor la había invitado a juntarse con su pandilla, y el plan le parecía perfecto. Irene le dijo a Martina que las dos estaban invitadas, pero está se sentía totalmente ajena a ese plan, la incomodaba de una manera complicada de explicar. Martina decidió ir con sus amigas como siempre, aunque claro la fiesta fue diferente a otros años. Se cruzo varias veces con Irene, y aunque ella intentaba ser agradable y le pedía constantemente que fuera con ella,  Martina no estaba demasiado receptiva. Al final la situación la acabo cansando y se fue a casa. Se estaba metiendo en la cama cuando escucho unos golpes en la ventana; era Irene, que tiraba piedritas.

- ¿Qué haces aquí?

- No, ¿qué haces tú aquí? Es la mejor fiesta del año y te vas tan pronto a casa, y sin despedirte, ¿qué te pasa? Vuelve a bajar ¡por fa!

- De verdad que no me encuentro bien, vuelve a la fiesta…

- Bueno, pues si tu no bajas ya subo yo.

Y dicho y hecho. En dos minutos Irene había abierto la puerta con de la casa de Martina con la llave de repuesto, y estaba en la habitación. Se sentó en el borde de la cama, y posando una mano en la cara de su amiga comenzó a hablar…

- En serio Mar, ¿qué te pasa? Estas muy rara…ya no esta noche, últimamente.

- No sé, yo creo que estamos raras las dos, ¿no?

- ¿Yo también? Yo me veo como siempre… ¿Qué he hecho?

- No has hecho nada en concreto, es qué ahora lo que quieres es salir con chicos y yo creo que sobro en esos planes.

- ¿Qué sobras? ¿Me lo estás diciendo en serio?... Mira Martina, tu nunca sobras de mi lado. Pensé que no hacia falta que te explicara que eres la persona más importante de mi vida...

- ¿La más importante?

- Claro, eres en quien más confío, con la persona que más me apetece estar, la que mejor me entiende… Ningún chico es más importante que tú, siempre serás lo primero…  A ti lo que te pasa es que has tenido un ataque de celos- dijo Irene y empezó a reírse y a hacerle cosquillas a Martina.

Comenzaron a jugar entre ellas, como lo habían hecho tantas veces, Irene acabo tumbada encima de Martina, y de repente todo cambio, o quizás ya hacía tiempo que había cambiado sin que ninguna de las dos se diera cuenta. Se miraron a los ojos en esa misma postura durante un minuto, y entonces Irene la besa. Fue un pico, pequeño en los labios, pero al ver que Martina no se apartaba le dio otro beso, en esta ocasión más largo, y a ese le siguió otro, y otro… y comenzaron a acariciarse. En un momento dado Irene se incorporo y se quito la camiseta y también el sujetador. Martina extendió su mano y le toco un pecho, lo hizo con miedo, pero al ver la cara de placer de Irene se dejo llevar. Esa noche hicieron el amor, era la primera vez para las dos, tenían dieciséis años. La noche de San Juan, la más corta del año, para ellas se había convertido en la más larga e importante de sus vidas hasta ese momento.

 

Sentada en el avión Martina temblaba al recordar todos esos momentos. Después de esa primera noche llegaron muchas más. Al principio no hablaron directamente del tema, pero de alguna manera las dos sabían que habían comenzado una relación, que eso incluía fidelidad, e Irene dejó de prestar atención a esos chicos que le comían la oreja constantemente. Decidieron que ese amor sería su secreto, pues San Antonio era un pueblo muy pequeño y las dos tenían miedo de que no las aceptaran, aunque ahora Martina se daba cuenta de que la que siempre había insistido en ese punto era ella. Irene era más valiente, y eso que parecía que tenía más que perder.

Martina no podía dejar de pensar en su historia, y en el final abrupto que había tenido. Un final que no lo fue tanto, teniendo en cuenta lo que había pasado entre ellas la noche anterior. Tenía que hablar con ella, tenía que volver a verla… Martina había decidido volver a buscar a Irene, no lo podía evitar. 

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