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4 min
Noche en la ciudad: Confesiones de una Prostituta.
Reales |
18.09.15
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Sinopsis

Arroje el cigarrillo a medio terminar por la ventana de mi habitación. El sol se ocultó hace un buen rato, creo que ya es hora de salir.

 

Tengo una licenciatura en administración, obtuve el titulo solo para que mis padres tuvieran algo que colgar en la pared. Nunca sentí que pasar horas sentada en un escritorio fuera lo mío, el trabajo de oficina es, para describirlo en pocas palabras, una mierda.

 

Tomo una ducha rápida solo para sentir la frescura del agua y me observo en el espejo. Asi empiezo todas las noches.

 

Nunca me coloco perfume, ningún cliente quiere llegar a casa con el dulce y revelador aroma de alguien que cedió a sus deseos. Empiezo a maquillar mi rostro con gran cuidado, tapando las imperfecciones que el tiempo ha dibujado con el fin de poder lucir más joven

 

No sé por qué a la mayoría le atraen las niñas.

 

No me gusta revelar mi verdadero nombre y mucho menos mi edad, solo puedo decir que llevo varios años cumpliendo veinte.

 

Mi vestimenta nunca la he considerado vulgar, para mi es más bien como un uniforme.Guardo una pequeña navaja en mi bolso. Cada día las calles de la ciudad son más peligrosas y algunos clientes suelen dárselas de listos.

 

Salgo de mi apartamento sin hacer ruido, y cierro la puerta con la delicadeza de una adolescente que se está escapando para salir con sus amigos. A esa hora mis vecinos están dormidos. Y aunque por las mañanas sus amargas miradas me aseguran que saben perfectamente a lo que me dedico, prefiero seguir guardando las apariencias.

 

Salgo del edificio rumbo a las oscurecidas calles. Hace frio, como todas las noches, pero llevar abrigo es malo para el negocio. Es más fácil vender algo si muestras la mercancía. Camino lentamente. No se imaginan lo difícil que es andar por el medio de la calle con tacones puestos. Pero los años han hecho que me acostumbre.

 

Soy la primera en llegar a la oficina ¿Irónico no les parece? Así llamábamos a aquella esquina de la avenida 23 donde solemos trabajar. Meto la mano en mi bolso en busca de un cigarrillo. Pero recordé que los deje sobre la cama. Debo dejar de fumar en mi habitación.

 

El tiempo avanza lentamente, y mis compañeras de la oficina aun no habían llegado ¿Por qué se tardaran tanto?.

 

Un hombre de mediana edad pasa corriendo a mi lado, no le di importancia. A esa hora es común ver delincuentes escapando.

 

Al poco tiempo un auto lujoso se estaciona cerca de mí con las luces apagadas. La oscuridad de la oficina era el mejor lugar para ser discretos. La ventanilla del auto baja lentamente y el conductor hace señas para que me acerque. Aquí vamos otra vez.

 

Abrí la puerta y subí al auto, sin preguntar, sin decir una sola palabra. Es más fácil engatusarlos cuando te tienen cerca. No me sorprendió ver a un tipo vistiendo un elegante traje de diseñador tras el volante, no saben la frecuencia con la que esos sujetos vienen acá y engañan a sus esposas.

 

Me observa con una sonrisa mientras coloca una mano en mi pierna desnuda, con una marca en el dedo donde hace pocos minutos estaba su anillo de matrimonio.

 

No me pregunta por el precio de mis servicios, eso deja dos opciones: O el tipo quiere engañarme para pasar un momento agradable sin pagar, o tiene suficiente dinero como para no darle importancia a precio alguno. Pude notar que el bulto de uno de los bolsillos delanteros de su pantalón era más grande que el bulto entre sus piernas. Así que deduje que sería la segunda opción.

 

Le dije que llevara el auto hacia un oscuro callejón, no muy lejos de la oficina. No tengo la mas mínima intensión de gastar el dinero que gano en un taxi de regreso. Lo siguiente que paso esa noche me lo guardo para mí. Ahora si desean conocer más detalles... deben pagar por mis servicios.

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