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5 min
Noción de los Cinco - Episodio V, "Ascensión al Cielo"
Fantasía |
17.03.15
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Sinopsis

Se acerca la hora de la verdad. Elvémbor no es de fiar y, aunque doloroso para los Empíreos, deben tomar medidas...¿Qué mejor que el cielo? "No es necesario llamar a la tormenta, la brisa puede ser más efectiva que cualquier huracán" - Valendhiel la Celestial.

   (¡Saludos! Primero debo disculparme sobre la tardanza del relato, he tenido varios problemas que me han impedido subirlos, espero que lo comprendáis.^^ Y... Sin más dilación, tras esta no merecida tardanza... Os deseo que disfrutéis este pequeño relato sobre los Empíreos ¡Porque hijos del Universo somos!)

 

   Sobrepasó las nubes, se podía divisar un flamante palacio, unas estrechas torres permanecían en sus esquinas mientras tres grandes torreones se alzaban imponentes en el centro de la estructura, una cúpula situada en la parte superior de una capilla palatina. Éstas estaban fortificadas por medio de una gran muralla de mármol blanco la cual sólo tenía acceso por un gran portón dorado. Corrientes de agua descendían de cada una de sus torres, quién diría que podrían ser la mismísima lluvia que más tarde se esparcía al llegar a las nubes para alcanzar todos los rincones del planeta.

   Nawen siguió hasta llegar al palacio, allí unos guardias compuestos por estrellas, protegidos por una armadura dorada y armados por bastones impidieron el paso a la Empírea de la naturaleza. -¡Dejadme pasar, es urgente, necesito ver a Valendhiel!- los guardias permanecían inmóviles con su vista alzada hacia el frente, ni miraron a la Empírea. -¡Soy Nawen, abridme!-apremiaba Nawen a las guardias como si al escuchar su nombre fuesen a abrir el portón y permitirle el paso a ésta. Y así fue. Los guardias deslizaron sus bastones a lo largo de los surcos que el dorado de la puerta tenía grabados y tras juntar los dos bastones en el centro un ligero sonido de mecanismos se oyó. El portón se abrió lentamente hasta encajarse a los lados bajo la mirada curiosa de Nawen. Una senda de nubes apareció ante ella, ese lugar era muy hermoso y dejaba a la imaginación del hombre anonadada, pues nunca se podría imaginar lugar tan bello en el cielo.

   Nawen caminó sobre la senda de nubes observándola a cada paso que daba, estaba absorta, no podía creer ese lugar, parecía fruto de sus sueños. Desvió su mirada hacia sus lados, fulgurantes edificios se alzaban, armerías, torres, santuarios… Observó al frente, otra puerta le impedía el paso, pero esta fue más fácil, se abrió sola. Nawen esperaba encontrar a su hermana tras esa puerta pero no fue así. Dos guardias aparecieron de nuevo y dirigieron el habla a ésta. -Señora Nawen, acompañadnos si gustáis, os llevaremos hasta vuestra hermana. Nawen asintió con la mirada, los guardias se giraron sin doblar ninguna parte del cuerpo, tan sólo sus pies. Firmes marcharon guiándola. Llegaron hasta un arco donde dos guardias más se encontraban, éstos miraron a los que acompañaban a Nawen y asintieron. Los acompañantes de la Empírea se giraron de nuevo y se volvieron atrás. Nawen lo observó pero no dio mucha importancia, dirigió sus flamantes ojos verdes hacia los que en frente suya permanecían firmes. Éstos se movieron a los lados, haciendo hueco para pasar.

   Nawen divisó la esbelta figura de un ser femenino, era su hermana, la cual estaba mirando por un hueco de las columnas que sostenían la cúpula que desde arriba iluminaba a Valendhiel. Nawen avanzó preocupada, decidida de contarle a su bella hermana lo que había presenciado. Entró y dos figuras masculinas la observaron, Odan y Tinorion estaban allí, habían sido llamados por Valendhiel, parecía que ella también hubiese visto lo que Nawen presenció. Los tres dieron la bienvenida a su hermana con un abrazo, excepto Odan que sin pensárselo besó el atónito rostro de la Natural, uniéndose así los cuatro hermanos de nuevo como prometieron.

   Tras dar la bienvenida a su recién llegada hermana los Empíreos se sentaron en unas cómodas sillas de mármol alrededor de una gran mesa redonda. Cada uno componía un lado, como en el juramento pero esta vez sólo había cuatro partes.

   -No…No esperaba encontraros aquí hermanos-balbuceaba Nawen, su rostro mostraba una exaltada sorpresa- Venía en busca de Valendh…-interrumpió la Celestial- Lo sé, los he llamado yo, querida hermana…Ellos también observaron lo que tú.-La Natural se sorprendió, aunque asintió, no había caído en que sus hermanos vigilaban desde lo más alto. El rostro de la Celestial desprendía una flamante luz pero transmitía inseguridad, no era difícil percibirlo.

   Odan miraba a la mesa, se hallaba pensativo. Mientras que Tinorion no podía dejar de mirar a Valendhiel, la que se sonrojaba al comprobar que el de Thilnar le observaba. Nawen se mantenía atenta, esperando que alguno de sus hermanos comenzase a hablar.

   -Habrá que tomar medidas.-rompió el silencio Odan, por fin, parecía sentirse obligado a comenzar él.-Hace tiempo juramos que protegeríamos a los seres que habitasen este planeta. Creo que es hora de que nazcan-Incitó el Astral a hablar a los que parecía que no les importase el tema.-Estoy de acuerdo- Dijo Nawen mirándolo con coqueteo, se diría que la Natural buscaba un gesto de amor en el entonces serio y firme rostro de Odan, no lo consiguió pues Odan daba más importancia a la guerra que al amor. Tinorion apartó por fin la mirada de Valendhiel, miró a su hermano y asintió con la cabeza.

 

  Don Torres.

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Apasionado de la historia y próximo universitario. Fervor por el latín, en mis gustos predominan la Edad Media y Moderna. Mucha imaginación y una fuerte pasión por los caballeros. Mi súper héroe de toda la vida, Don Rodrigo Díaz de Vivar. Me gusta el cine, soy fan de todo lo relacionado con la fantasía y en cuanto a tipo de música pues suelo escuchar música clásica y muchísimas bandas sonoras. Relatos de Magistion todos los domingos, menos en ocasiones extraordinarias.

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