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7 min
Nosotros
Terror |
22.03.15
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Sinopsis

Hay lugares oscuros en internet, todos lo sabemos. Hay gente rara rondando por ahí, esperando como un cazador en un bosque oscuro, esperando a que un tonto haga click.

Es fácil conocer gente en internet, lo único que debes hacer es crear un nombre falso, fingir sobre tu edad y poner una foto cualquiera que encuentres en internet. En unos pocos minutos te conviertes en alguien más. Puedes decir que eres un artista muy popular en tu ciudad, o que alguna vez saliste en una pelicula que casi nadie vio pero que la gente elogió tu actuación, etc etc etc.

Mario era simplemente un pervertido más de internet, jamás había estado con una mujer y la verdad no esperaba hacerlo nunca, pero eso estaba bien para él, siempre y cuando tuviera una laptop y una conexión a internet, él estaría bien.

Un día, mientras buscaba diferentes formas de excitarse en internet, una pequeña ventana saltó en su escritorio, la ventana que parpadeaba con colores brillantes le decía que si quería divertirse como nunca que simplemente diera click y así él vería un mundo diferente. Mario había visto todo tipo de engaños en internet; promesas de ganar millones, mujeres jóvenes en su misma ciudad y dispuestas a hacer de todo y el clásico “Eres la visita un millón, click aquí y reclama tu premio”, él sabía los anuncios que eran peligrosos y los que no, eran más que basura en internet (no es que él usara el internet para algo decente de todas formas) pero esa molesta ventana parpadeante lo hizo sentir algo que no sentía desde hacía mucho tiempo, curiosidad por ver algo nuevo. Mario hizo click sin pensar.

La ventana de su computadora se tornó negra y Mario pensó con una semejante ira a sí mismo que su computadora se había jodido, algún virus la había quemado y ahora toda su “información” personal estaba perdida. Pero antes que cerrara la laptop frustrado, una nueva ventana apareció.

“Escribe tu nombre” decía la ventana, el pequeño espacio era lo único blanco en medio de la pantalla negra. “El rey M” escribió Mario, era un sobrenombre estúpido por supuesto, pero que carajo, pensó. Una nueva ventana apareció frente a él.

“¿Qué quieres ver?” preguntaba la segunda ventana, y bajo esta habían tres opciones: “Él” “Ella” y “Nosotros”

Mario se quedó pensando un momento, no seleccionaría “Él” y ya había visto muchas de las cosas que se podían hacer con “Ella”, así que moviendo el cursor seleccionó “Nosotros” y esperó. La pantalla se quedó negra, ya no hubo ninguna nueva ventana, sólo la negra pantalla. Mario esperó y esperó, después de dos minutos se dio cuenta que no pasaría nada. “Que estupidez” le dijo a su sucia computadora mientras abrochaba su cinturón, él había esperado algo bastante sucio, algo nuevo y excitante. Y al final, algo pasó.

Empezó a escuchar un zumbido que venía de la computadora, al principio era leve como un mosquito volando cerca de su oído, pero poco a poco fue subiendo de tono. Mario acercó su rostro a la pantalla, algo empezó a distinguirse entre la oscuridad detrás del cristal de su laptop, una figura deforme y borrosa, después de un rato Mario vio que era un rostro humano bastante perturbador; la piel se veía blanca aunque era obvio que era debido al mismo maquillaje que usan los mimos, sus ojos eran saltones y enrojecidos, docenas de delgadas venas rojas recorrían los glóbulos oculares hasta llegar a la córnea. Él se dio cuenta que la razón por la cual los ojos se veían horrendamente grandes era porque no habían párpados, los ojos prácticamente colgaban casi fuera del cráneo.

Mario se quedó sin aliento, la tibia excitación en su rostro se había convertido en una helada punzación en su pecho, pensó en apagar la computadora y dejar de ver ese rostro enfermizo y pintarrajeado, pero no podía, estaba hipnotizado por esos protuberantes ojos rojos, esos labios pintados de negro que parecían extenderse hasta atrás de su cabeza. “Mi nombre es Mo” dijo el sujeto del otro lado de la computadora sin dejar de mirar a Mario, su boca parecía enorme casi como si toda la parte de abajo de su mandíbula pudiera separarse del resto de su cabeza. “Hola El Rey M” dijo de nuevo, antes de que Mario pudiera decir algo la cara en la oscuridad habló de nuevo, “¿Quieres vernos? ¿a mí, a Le, a Wap o a Nir?” preguntó la voz, sus enormes ojos se hacían más grandes.

“No quiero ver a nadie” dijo Mario bajando la tapa de su laptop de un golpe y sintiendo que había despertado de un horrible sueño. Su cabeza se sentía caliente y sus manos temblaban. Su pequeño amigo se había escondido en su entrepierna.

Horas después Mario no recordaba nada, había bajado a la cocina para comer un poco de cereal y luego había visto la televisión, había querido prender su computadora pero algo le pedía que por favor no lo hiciera. Él no sabía por qué pero no intentó encender su computadora en lo más mínimo.

 

Sus sueños parecían estar plagados de siluetas delirantes, en ellos, él se miraba a sí mismo caminando por un bosque; los árboles muertos parecían señalarlo con sus huesudas ramas, el lodo bajo sus pies parecía estar pintado de un morboso color rojo. Algo estaba detrás de él, algo, muchos, algo lo estaba buscando algo-

El ruido del timbre lo despertó, su grasoso cabello estaba pegado a su frente, sus pies se sentían entumecidos como si los hubiera puesto en un cubo de agua helada por horas. Eran las dos de la madrugada. La tapa de su laptop estaba subida.

“¿Quién es?” preguntó Mario mientras intentaba que la sangre bajara a sus pies fríos. No hubo respuesta del otro lado de la puerta.

Regresó a su habitación sintiendo que algo respiraba en su cuello. Se recostó, esta vez cubriéndose con todas las sábanas asegurándose que ninguna parte de su cuerpo estuviera descubierta. Despertando de su sueño otra vez, después de que finalmente se había quedado dormido, escuchó risas en su habitación, luego escuchó aplausos. Se dio cuenta que la televisión estaba encendida, juntando todo su valor salió de su capullo de sábanas esperando ver-¡¿VER QUÉ?! gritó Mario hacia la habitación vacía. El brillo de la televisión iluminaba su cama, un programa viejo de concursos estaba puesto. Se sentó en la cama en busca del control remoto, lo encontró y-la sangre en su rostro se heló dejándolo tan pálido como el rostro que se dibujaba afuera de su cuarto. Unos enormes ojos giraban desorbitados viendo a todas direcciones como los ojos de un camaleón, su mandíbula colgaba hasta abajo como si se sostuviera del más pequeño tendón. Mario perdió toda sensación, el ruido en la televisión desapareció, todo se esfumó. Sólo eran él y “¡Mo!”, la puerta de su armario empezó a crujir como los huesos de una anciana, rasguños se escuchaban por debajo de su cama y algo tocaba frágilmente al cristal de su ventana.

“¿Te gusta?” dijeron las voces en su habitación. “A nosotros sí”

Sintió un sucio beso en la mejilla y luego no supo más. El presentador en la televisión le seguía diciendo a la gente invisible en las bancas que "probaran su suerte en la rueda del millón" pero nadie nunca ganaba nada.

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