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10 min
Novela colectiva. El cetro de esmeraldas
Fantasía |
28.02.13
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Sinopsis

Bien, lo prometido es deuda. Aquí comienza la saga. Una historia de fantasia pincelada de humor que puede dar un juego variado a cada autor para desarrollar la vertiente con la que se encuentre más cómodo. Cuando el aparatado De Crowd Creation d la página esté listo, casi ya mismo, lo pasaremos allí. Angel Nava Prudente, te toca devanarte los sesos. Podéis seguir los comentarios sobre la saga en el foro, en el tema Crowd Creation (vaya palabrita). Saludos.

Arreciaba la tormenta y al caballo apenas le quedaban fuerzas, desde la loma podía divisar los últimos fragores del combate, una batalla que aquellas buenas gentes no habían buscado, pero a la que se habían visto abocados tratando de defender sus vidas. Las huestes del Caballero Oscuro avanzaban desde el norte arrasándolo todo, sin piedad, dejando una secuela de sangre y muerte a su paso. Pero no eran riquezas ni territorios lo que buscaban, sino el cetro de esmeraldas que perteneció al mago Gidantilus, un artilugio de poder capaz de sojuzgar a los pueblos sin posibilidad de rebeldía, un ente maligno y oscuro rescatado de las entrañas de la Tierra, arrebatado al mismísimo Señor de Las Tinieblas, amo del mundo subterráneo. Arkabaz, el mago de la orden negra, sabía de su inmenso poder y servía al Caballero Oscuro, ambos lo buscaban desesperadamente, antes de que los Reinos del Sur despertaran de su letargo y se decidieran a presentarles batalla.

    Se desvió del camino y atravesó la fronda boscosa, nada podía hacer por las víctimas y tenía una misión que cumplir, en lo más profundo de la arboleda le esperaban sus amigos. Sabían dónde se encontraba el cetro y tenían que ponerlo a salvo para devolvérselo a su propietario, el Señor de Las Tinieblas, aquel artefacto solo podía causar dolor y miseria en la superficie, corrompía los corazones humanos con una crueldad desmedida. Mejor que regresara al averno del que provenía. No sería una empresa fácil, tendrían que esquivar a las fuerzas del Caballero Oscuro, tanto las humanas como las nigromantes, y esquivar a los guardianes del mundo subterráneo hasta encontrar a uno de los entes capaces de comunicarse con el Señor de las Tinieblas.

    Se apeó de su montura, no quería hacerla sufrir más, y llevándolo de las riendas se adentró por el estrecho camino que conducía a la Cueva del Oso, una posada frecuentada por bandidos y gentes de malas raleas, pero alejada de los senderos frecuentados por las huestes invasoras. Se embozó el capote y se colocó la pluma roja en el sombrero, un símbolo que en teoría tenía que permitirle el paso libre hasta la posada, aunque los bandidos no siempre respetaban su propio código ético. Pero la lluvia se intensificaba, casi furiosa, y el tiempo inclemente no era propicio para emboscadas. Robles  y nogales centenarios sinuosos y deformes pugnaban por el espacio y extendían sus retorcidas ramas como si trataran de apresar al viajero, se rumoreaba que la culpa de aquel paisaje siniestro, antes amado por el propietario del bosque, se debía al rencor de una bruja despechada, pero las leyendas las esparcía el viento y no había manera de saber su certeza. En cualquier caso el paisaje era inquietante hasta para las aguerridas tropas del Caballero Oscuro. Las zarzas hendían sus espinas en el aire azuzadas por el vendaval y tenía que esquivarlas, el equino resoplaba cuando alguna de ellas alcanzaba sus ancas.

     Tras media hora de camino, la luz perdiendo ya el terreno frente a las tinieblas, alcanzó su destino. La posada debía su nombre a que estaba sumergida en la oquedad de una enorme y antigua cueva frecuentada por osos para recoger la miel de las colmenas que formaban las abejas aprovechando los salientes de la roca. Los establos quedaban a la izquierda, fuera de la oquedad propiamente dicha, pagó la moneda de cobre al vigilante y acomodó  su montura junto a una buena ración de paja, para que se alimentase y  descansara. Ogli, el posadero, había aprovechado el fondo de la cueva como pared para la posada, ahorrándose de esa forma material, tan solo la fachada y parte del lateral izquierdo estaban edificados con madera. Decían también que para tener una ruta segura de escape en caso de peligro inminente. Se suponía que Ambar y Lucius estarían esperándolo junto a los voluntarios que hubieran reclutado para la aventura.

    Al abrir la puerta le recibió una vaharada de calor y hedor a cerveza agria mezclado con efluvios humanos. Colgó el capote en la entrada y ya avanzando recibió también el rico olor del asado. El interior se amoldaba a las paredes de la cueva y se repartía entre varias concavidades, con la barra de madera en la mayor de ellas y la cocina, lo dedujo por el olor que de allí llegaba, ubicada en el extremo izquierdo. Buscó entre aquellas caras malparidas el rostro de sus amigos hasta encontrarlos ocupando una mesa al fondo de una de las oquedades. Lucius siempre destacaba, sus dos metros de altura y su cuerpo musculoso llamaban la atención allá donde estuviera. Vestía calzas verdes enfundadas por botas de piel de vaca y justillo de cuero bajo una malla de eslabones plateados, su sota de bastos descansando al lado. Ambar estaba sentada a su lado, con una jarra de cerveza en la mano, protegida por capa y capucha, que escondían un cuerpo de voluptuosas curvas, cabellos rojizos y ojos grises helados como la escarcha, una belleza que mantenía escondida en aquel antro de rufianes y asesinos. No porque no fuera capaz de defenderse, bajo la capa ocultaba una daga larga que manejaba con precisión, más dos estiletes en su cinturón que en un suspiro eran capaces de atravesar una garganta, tampoco por precaución, pues era fiel al dicho que dice que aquel que evita la tentación se queda sin el manjar. Entonces... ¿por qué estaba embutida en su capa? Además, los gorilas de Ogli armados de mazas se encargaban de disolver cualquier conato de conflicto, el que la hacía en la posada la pagaba con la piel, era la ley allí y todos la respetaban, por la cuenta que les traía. No tardaría en averiguar el motivo.

    Lucius le recibió con un fuerte abrazo que estuvo a punto de ponerle los omoplatos por pulmones, Ambar con unos morritos lascivos que le incendiaron la sangre. ¿Se la incendiaron? Es lo que solía acontecer cuando le hacía ese gesto pero no, hacia un frio del carajo, y eso que la chimenea crepitaba alegre a unos pasos de ellos. Comprendió que Ambar no se hubiera deshecho de su capa. ¿A qué era debido?

    —Te presento a Gélido —dijo Lucius señalando a un tipo escuálido y de ojos hundidos que se sentaba entre ellos.

    Wells le hizo un gesto de reconocimiento con la cabeza, sin duda no era un guerrero. ¿Un nigromante blanco, quizás?

    — ¿Y cuáles son sus habilidades? —preguntó.

    —Da frio —contestó Lucius.

    Wells trató de interpretar las palabras de su amigo.

    — ¿Quieres decir que hiela las espadas enemigas y las flechas quebrándolas antes de que alcancen su destino?

    —No, solo da frio.

    Primero contempló estupefacto a su amigo, luego indignado.

    —Ya. ¿Y van a salir corriendo los guerreros del Caballero Oscuro porque sientan un poco de frio? Me parece a mí que no.

    Lucius puso gesto compungido, como si fuera inocente y él le estuviese acusando. Pues era cierto, le acusaba por haber reclutado a aquel esperpento helado.

    —No lo traje como luchador — se justificó su amigo—. Pensé que podía sernos de utilidad para soportar el calor del mundo subterráneo.

    Tampoco era tan mala idea, decidió después de sopesarlo. Pero para llegar necesitaba guerreros, y a la mesa no había nadie más sentado.

    — ¿No habéis conseguido más voluntarios?

    —Oh, sí, es que como tenían frio se han alejado de la mesa —sonrió Lucius.

    Ambar lo contradijo con una mueca despectiva.

    — ¡Longoria! —llamó Lucius.

    Una joven pizpireta y entradita en carnes que le abanicaba las pestañas a un tipo de dientes mellados con una fea cicatriz en la cara, junto al fuego de la hoguera, reaccionó al oír su nombre y se acercó hasta ellos.

    —Creo que invertí el hechizo —se excusó al presentarse—. Trataba de aflojarle la bolsa, pero estuve a punto de caer en sus brazos. Menos mal que me llamaste.

    —Es bruja, con título homologado —dijo Lucius.

    Wells se mesó paciente los cabellos. No quería imaginar lo que podía ocurrir si confundía el hechizo frente al enemigo.

    — ¿Y sueles equivocarte mucho? —preguntó.

    —Solo de vez en cuando, no creas, es que soy un poco despistada. Pero conozco unos hechizos muy buenos, me enseñó la bruja Rala. ¿Quieres una demostración? ¿Un conjuro para secar tus botas?

    Era cierto que las tenía empapadas y llenas de barro, pero no quería correr el riesgo de convertir el suelo de la posada en una laguna.

    —No es necesario, te creo —dijo deteniendo sus manos antes de que conjurasen nada. De paso le dio un repasito a su figura. Como acompañante para guarecerse del frio de Gélido no estaba mal, Ambar nunca iba más allá de los morritos, era lesbiana.

    Bueno, quizás con un poco de práctica durante el viaje pudiera serles útil, bruja era, después de todo. Se volvió hacia Lucius.

    — ¿Alguien más?

    —Nuestra adquisición más preciada —le susurró su amigo al oído.

    — ¿Quién?

    — ¡El Dios Amorfo!

    Un trozo de carne rosada del tamaño de una enorme calabaza se agitó en el suelo. Dos extremidades parecidas a unas piernas le crecieron por debajo levantándole del suelo y una boca repleta de colmillos afilados y sangrantes se abrió en su masa.

    —Soy yo —dijo.

    —Es un guerrero terrible —apuntó Lucius.

    — ¿De veras? —preguntó Wells, receloso—. ¿Lo has visto luchar?

    —No, dijo que no malgastaba su tiempo en demostraciones, que reservaba toda su furia para la batalla.

   — ¿Y cómo sabes si es cierto?

   —Es un Dios, emigrado del continente caníbal. Pero allí hay mucha competencia, muchos dioses para tan pocos súbditos.

    —No me extraña, con esto de la crisis de los doblones. A ese argumento también se ha apuntado el Caballero Oscuro para justificar su avance — y volviendo a sus preocupaciones inminentes— ¿y sabes de alguien que le haya visto luchar?

    — ¿Dudas de mi palabra? ¿De la palabra de un Dios? —preguntó la boca sangrante.

    Wells no sabía si contenerse o estallar.

    —Está bien, te creo —y tomando a Lucius del brazo se lo llevó a un rincón de la cueva.

    — ¿Qué pasa, no te gustan? —preguntó su amigo temiendo una reprimenda.

    — ¿Esto es lo mejor que has podido conseguir? Pues lo llevamos claro.

    —La culpa es de la maldita crisis, el mercado del voluntariado está en decadencia, todos quieren doblones contantes y sonantes.

    Wells caviló, dubitativo.

    —No sé qué opinará la princesa cuando nos presentemos y le diga que somos los portadores del cetro. Igual me suelta un improperio.

    —Es lo que hay, la mayor parte de los héroes han emigrado al Nuevo Continente, creo que les inflan a doblones por representar sus actuaciones.

    Wells terminó cediendo.

    —Bien, habrá que apañarse con lo que tenemos, que la Santa Suerte se apiade de nosotros. Vayamos a ver a la princesa, nos está esperando con el cetro.

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  • Excelente arranque que me dejo con ganas de seguir leyendo esta hstoria.
    Qué bueno eso de que los dioses emigran... No es un tema que me agrade especialmente el de guerreros, objetos mágicos, brujos... pero reconozco un buen texto, y éste lo es; tiene una muy buena ambientación... y lo mejor: buenos diálogos y sentido de humor.
    me pongo las pilas ahora mismo. Muy buen comienzo de una divertida historia, solo dudo si estaré a la altura... sigo leyendo ;)
    Me encanta. Estaré atenta para leer la siguiente parte.
    Bueno Ender. Mi opinión sobre el capítulo ya la sabes, porque te lo comenté en el foro, pero me quedaba ponerte las estrellas, ahora que puedo... Además te debos algunas lecturas y valoraciones, que últimamente estoy "que no me hallo".
    Ender, qué buen comienzo. Me encanta!!! Estoy súper ilusionada con esta crowd creation!! Sé que tengo de plazo hasta el sábado, pero intentaré subir mi parte mañana mismo, máximo el jueves!! Y no la puedo enviar antes, no por falta de ganas, sino de tiempoooo!! Saludos a todos!!
    Genial relato para abrir la historia. Elegimos bien al dejar a Ender al frente. Espero mi turno, y espero, como dice Miranda, no estropearlo. Gran aventura esta del Crowd creation. Un saludo.
    Me leí el de Ángel antes de este. Así que ya comenzó la novela colectiva. Cuenten conmigo para al menos leer y comentar
    La historia arranca con un interesante argumento y con unos personajes y escenarios muy bien perfilados. Desde luego, el relato puede dar mucho de si.
    Bien, bien. Aquí comienza el relato. En el comienzo siento que has querido meter demasiada información para presentar el mundo, aunque quizá haya datos que se podrían haber dado más lentamente. Con todo, te arriesgabas a que se diluyese el mundo si el siguiente autor no lo captase del mismo modo. Así que entiendo tus precauciones y creo que lo has llevado a buen puerto. Los personajes me parecen muy interesantes y van a tener mucho que decir en cuanto al humor que flota cuando ellos hablan (y las situaciones que van a provocar). Me ha recordado a las novelas de Terry Pratchett por su equilibrio entre fantasía y humor. Ahora a esperar al siguiente autor. Qué ganas.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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