cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

17 min
Novela colectiva. El cetro de esmeraldas. Capítulo XIV.
Fantasía |
22.04.13
  • 4
  • 10
  • 2732
Sinopsis

Al fin está aquí mi capítulo. Pido disculpas una vez más a todos por el retraso. Como sabéis he tenido unos días complicados y no ha sido fácil encontrar momentos para escribir pero lo he conseguido. Aleluya y Alalé :) Es un capítulo reposado, sin demasiada acción. Un pequeño alto en el camino antes de internarnos en el Valle de los Encendidos,- siguiente etapa de nuestro peregrinaje hacia la Boca del Orco-, mientras en el Valle del Ahorcado los dos bandos enemigos la están liando buena.Si veis algún gazapo no dudéis en darme una colleja. O dos, por pesada.

El Cetro de esmeraldas

 

Capítulo XIV

 

Mientras en  el Valle del ahorcado todo estaba dispuesto para la cruenta batalla entre las tropas de la resistencia y las fuerzas del Caballero Oscuro, la frágil Nasha libraba su batalla particular en el aire.

Encontrarse de bruces con la certeza de que su antaño gran amigo y confidente era quien la atacaba había sido mucho más doloroso para ella que el daño provocado por el impacto recibido en su espalda. Y su dolor había tornado en espanto poco después al vislumbrar la minúscula cerbatana de nácar que Arzaniel sostenía entre sus manos.

Nasha conocía muy bien los entresijos de un ataque celestial pues dominaba las artes de la batalla en vuelo y podría decirse que era toda una experta en métodos de intimidación al enemigo. Desde la pulverización con agua de nube al descuartizamiento con punta de rayo pasando por el tiro con arco iris los había probado todos. Por eso no le cupo la menor duda de que lo que estaba experimentando sólo podía significar una cosa: estaba herida de muerte.

Sintió como poco a poco se desvanecía. El veneno alojado en las flechas de cristal con punta de diamante que Arzaniel le lanzaba sin descanso se abría paso por sus venas. Cientos de ellas se iban clavando sin piedad como alfileres en su pálida piel, convirtiéndola en un acerico de los que usaba cuando era niña y la anciana Ashia le enseñaba a bordar en palacio.

Cruzó fugaz su mente el pensamiento de que quizás nunca debía haber salido de Wordiar abandonando a su hermana pero ahora era demasiado tarde para arrepentirse. Todo había terminado. Intentó articular alguna palabra, hilvanar alguna súplica encarecida que ablandase a su verdugo pero no pudo.

Nasha, la dulce Nasha, se rindió a su suerte y cerrando los ojos dejó de luchar contra lo inevitable. Se convirtió en polvo cósmico y desapareció para siempre mientras Arzaniel satisfecho se alejaba de allí con el cetro de esmeraldas, batiendo sus alas de un blanco cada vez menos impoluto y convencido de haber cumplido a la perfección las órdenes del Profeta.

Se equivocaba.

 

La elección de Wells como portador del cetro no había sido fruto de la casualidad, su categoría como guerrero era indiscutible y en cuestiones de estrategia no tenía rival. No iba a ser tan fácil derrotarle.

La entrega del cetro a Nasha no había sido sino otra de sus maniobras de despiste. Era necesario que ella sobrevolase el terreno para advertirles de posibles peligros que pudieran acecharles por tierra mar o aire desde el Pantano de los Olvidados hasta La Boca del Orco donde tendría lugar la histórica y ansiada devolución del cetro a su legítimo dueño.

Era una muchacha muy bella, incluso fascinante. Poseía ese halo de misterio inalcanzable de las criaturas celestiales y lo combinaba a la perfección con sus características terrenales. Pero un hombre curtido como él no podía dejarse llevar por los encantos de una diosecilla voladora así como así. No se lo podía permitir.

Nasha ya había fallado una vez dejando caer el cetro al mar. Si no hubiera sido por Amorfo que desplegó todo su potencial de dios bárbaro y caníbal  devorando a la insolente sirena Haniel, aún estarían lamentándose a estas alturas por haber confiado en ella para una misión de tal trascendencia. Aunque viniendo avalada por el Creador quién iba a negarse… Pero Wells no era de las personas que dan una segunda oportunidad, su experiencia en la vida le había vuelto implacable. Una cosa era confiar en ella para labores de supervisión y otra muy distinta era tropezar dos veces en la misma piedra.

Sin que nadie lo supiera había entregado a Nasha la copia falsa del cetro. Serviría así como señuelo en caso de que fuera atacada y por desgracia pronto tendría la confirmación de que no había errado al tomar la decisión.

 

Caía la noche sobre el Pantano de los olvidados y prometía ser tenebrosa. Wells detuvo al grupo como tantas veces había hecho en los últimos tiempos, era hora de descansar de nuevo. Les esperaba una dura jornada en la que se adentrarían en el Valle de los Encendidos y quién sabe qué les depararía el destino una vez se hubieran internado en él. Las leyendas decían que era un lugar inhóspito, con temperaturas casi imposibles de soportar para el ser humano, monstruos infernales acechando y llamas crepitando por doquier. En suma, el panorama era aterrador.

Amorfo no era humano, puede que no sufriera mucho allí, y Gélido ni que decir tiene, es posible que hasta se sintiera aliviado. Toda una vida bajo cero no es plato de buen gusto para nadie así que unos grados extra no le sentarían nada mal. Pero…¿qué sería de los demás?

Sintió una punzada de angustia y se dio cuenta de algo que hasta entonces no se había permitido a si mismo reconocer: había tomado cariño a aquellos chicos.

Era curioso observar que a pesar de todas las vicisitudes y calamidades que habían pasado desde el comienzo de su aventura, el grupo nunca había perdido su cohesión. Mantenían siempre el ánimo en lo más alto, demostraban su espíritu guerrero allá donde fuera necesario, no eran quejosos ni exigentes con la comida ni requerían demasiadas comodidades a la hora de hacer campamento. Quizás se había equivocado al juzgarles la primera vez que les vio a todos juntos en la Taberna del oso.

Pero es que la imagen que ofrecían a simple vista no era para menos. Componían una estampa casi grotesca y cualquiera que los hubiese tenido delante habría pensado lo mismo que él. Parecían más una trouppe de artistas del circo de los Horrores que un hatajo de fieros guerreros prestos a luchar. En cambio ahora los miraba afanándose por estirar sus túnicas sobre el fango para poder sentarse, recogiendo leña para hacer fuego, parloteando animadamente unos con otros y no podía evitar pensar que el día que todo terminase echaría de menos a aquellos rufianes.

En estos pensamientos se hallaba inmerso cuando notó que algo tiraba de su capa y se giró. Miró al frente y no vio a nadie así que supuso que la tela se habría enredado en alguna rama de las que sobresalían intentando escapar desesperadas del fango que todo lo cubría. Fue entonces cuando percibió un segundo tirón y deslizó su vista hasta el suelo.

Allí estaba amorfo hecho un ovillo con sus propios tentáculos y mirándole con ojillo suplicante.

—¡Amorfo! ¡Me has asustado! ¿Pero qué haces ahí agazapado y hecho una pelota?

—Shhhh, Jefe, no hable tan alto por favor, podrían escucharle los demás—Amorfo hablaba en susurros, lo que unido a sus dificultades para pronunciar correctamente con tantos dientes y aquel reguero permanente de baba hacía harto difícil entender lo que decía.

Wells se agachó y se puso a su altura. Creía que ya lo había visto todo en la vida pero estar en un pantano en plena noche susurrando con un dios enrollado en forma de esfera mientras se le inundaban las botas de fango era más de lo que nunca habría podido imaginar.

—¿Qué es lo que te ocurre, Amorfo?—siseó—¿Se trata de un juego? ¿Es una nueva versión del escondite? ¿Cuántas veces os he dicho que dejéis los juegos para cuando hayamos cumplido nuestra misión? ¡Sois incorregibles!—en el fondo a Wells aquel papel de padre le agradaba en cierto modo. Hacía mucho tiempo que había perdido a su familia y le hacía sentirse joven tener todavía alguien a  quien regañar.

—No, Jefe, no es eso…

—Por todos los dioses, Amorfo, ¿qué haces enrollado de esa forma? Me recuerdas a un escarabajo pelotero…¡sapristi! ¿No será esto la consecuencia de esos crujientes aperitivos que gustas devorar antes de luchar?

Amorfo se desenroscó un poco y acercó su boca sanguinolenta a la oreja de Wells. En otro tiempo este se habría apartado de inmediato, la visión del rostro del dios de cerca era difícil de soportar, pero Wells ya estaba hecho a aquella carita espeluznante y no sólo no se apartó sino que le acarició un tentáculo con la intención de propiciar la confidencia. El gesto surtió efecto y Amorfo por fin balbuceó:

—Tengo miedo.

Wells pensó que no había escuchado bien.

—¿Que tienes QUÉ?—enfatizó la última palabra de tal forma que el grupo cesó por un instante su charla para reanudarla un segundo después.

—Tengo miedo, Jefe. Por primera vez en mi vida tengo miedo, lo cual no es moco de pavo si tenemos en cuenta que existo desde toda la eternidad. La cercanía de la Boca del Orco y la amenaza de los parajes que recorreremos hasta llegar a ella han hecho mella en mi y no sé si seré capaz de continuar. Durante todo el día he notado como la tensión iba abotargando mis tentáculos hasta el punto de no poder moverlos apenas. Y en el momento en que has dado el alto y he sido consciente de que dormiríamos en medio de este oscuro pantano se me han enroscado hacia dentro hasta dejarme como me ves ahora. Me temo que no podré moverlos en mucho tiempo y eso me preocupa porque me sirvo de ellos para avanzar y…

Wells no le dejó continuar. Tomó al dios en sus brazos y a grandes zancadas se desplazó con él hacia el lugar en el que se hallaba el resto del grupo.

—¡Longoria!—exclamó con voz decidida—¡Acércate! ¡Te necesito!

Longoria como buena bruja que era estaba removiendo el caldo de la olla. Siempre se ofrecía solícita a desempeñar esa tarea. Disfrutaba haciendo  las labores de cocinera e imaginando que preparaba algún hechizo de amor en vez de la cena aunque lo cierto era que cada vez tenían menos alimentos y el avituallamiento de la jornada iba a consistir simplemente en un poco de agua del pantano hervida. Si había suerte quizás podría pedir a un gnomo de los que sólo ella veía que le trajera alguna babosa que preparar a la brasa a cambio de unas monedas, pero eso era casi un lujo y no estaban para derroches. Al oír la voz de Wells reclamándola soltó el puchero y se levantó de un salto.

—Amorfo no puede moverse, el miedo le ha paralizado los tentáculos. No digas nada a los demás o cundirá el pánico pero intenta maquinar urgentemente un conjuro de desentumecimiento. Mañana será un día muy duro para todos y necesitamos estar al máximo de nuestras fuerzas.

—Eso es pan comido Jefe—replicó alegremente. Sólo tengo que añadir al caldo una ofrenda de cada uno de nosotros y todo estará resuelto. Deje a Amorfo tras ese árbol de ramas colgantes y venga junto al fuego. Diremos a los otros que necesita estar sólo para planear la expedición de mañana.

Amorfo le dedicó una mirada de agradecimiento. Era buena chica Longoria. Siempre le había gustado aunque supiera que no tenía ni la más remota opción de conquistar su corazón y se conformase con ser su compañero de correrías y travesuras. Un poco de humor siempre era de agradecer entre tanto tormento.

Wells reunió a todos en torno al caldero en el que borboteaba sabrosa el agua del pantano. No faltaba ninguno, allí estaban sentados con rostro hambriento el noble Lucius, la sensual Ambar, el discreto Gélido, la revoltosa Longoria y las nuevas incorporaciones al grupo, la princesa Larnaia y el caballero Razaagan. Todos deseando hincar el diente a aquella  sopa de nada.

No hay como un buen festín para atraerlos a todos sin rechistar— ironizó wells para sus adentros. Y ya en alta voz se dirigió al grupo:

—Amigos, nos hallamos en un punto sin retorno. A pocas millas de nosotros los dos bandos enfrentados por recuperar el cetro se entregan a una batalla sin precedentes en la que gane quien gane ninguno será vencedor. He vivido demasiadas guerras como para estar seguro de ello. No podemos volver atrás y el único camino posible es este en el que nos hallamos. Seguir adelante pase lo que pase y cumplir nuestra misión.Llegados aquí no puedo exigiros más que lealtad, virtud  de la que jamás habéis estado escasos, y valor, que comprendo que empiece a flaquear a estas alturas…

—¡No! —interrumpió Longoria—el valor nunca nos faltará. Haré un conjuro para que eso no ocurra jamás. Sólo tenéis que echar al caldo un objeto de cada uno, algo personal a lo que tengáis especial aprecio.

Se miraron unos a otros sorprendidos y enseguida Ambar ni corta ni perezosa se desprendió de su corsé y lo depositó en la olla. Los hombres carraspearon nerviosos al imaginar los encantos de la pelirroja a su libre albedrío pero no dijeron nada. Lucius entregó un medallón que había pertenecido a su madre, Razaagan un mechón de sus cabellos plateados, Larnaia el rubí que colgaba de su delicado cuello  y Wells su mejor cuchillo de monte.

—Faltas tú, Gélido—apremió Longoria mientras lanzaba al caldo un diente de la Bruja Rala.

—Yo…yo…—Gélido se ruborizó y todos pudieron contemplar por primera vez su rostro sin la palidez enfermiza que siempre le acompañaba—yo…no tengo nada.

Fue en ese momento cuando el grupo fue consciente de que el hombrecillo helado era un completo desconocido para todos. No sabían absolutamente nada de él salvo el pequeño detalle de que daba frío. Un detalle nada despreciable y francamente útil como habían podido comprobar en batalla, pero algo insuficiente como carta de presentación. Congelar cerebros y enfriar sopas ajenas no es algo que defina precisamente a una persona.

—La leyenda cuenta que en el antiguo reino de Helandia—continuó Gélido animado por todas aquellas miradas pendientes de su rubor— hace mucho, mucho tiempo, cuando yo ni siquiera había nacido, una malvada hechicera se enamoró de mi padre y consiguió llegar a ser su amante. Albergaba la secreta esperanza de que él lo dejara todo por ella pero eso nunca sucedió. Una tarde de primavera en que mi madre había salido a coger moras al bosque fue abordada por la hechicera, quien valiéndose de astutas artimañas se ganó su confianza. Hay que reconocer que mi madre según cuentan era de verbo fácil y no tardó en contarle con pelos y señales que esa misma noche iba a comunicar a su esposo la feliz noticia de que esperaban un hijo.La hechicera, presa de los celos y loca de rabia al sentirse despechada convirtió a mi madre en un glaciar. El reino entero lloró su pérdida sin saber que yo estaba en su vientre así que nadie me echó en falta.

En ese punto del relato Gélido se detuvo ya que creyó ver en los ojos de sus compañeros alguna lágrima furtiva aunque quizás sólo era un efecto causado por la humedad del pantano.

—¿Siempre has estado solo?—inquirió la princesa Larnaia con voz temblorosa pues todavía no tenía mucha confianza con el hombre helado, como ninguno de ellos en realidad.

— Siempre—respondió Gélido cabizbajo y prosiguió.— Al transcurrir nueve meses desde el hechizo los cimientos del reino de Helandia se tambalearon de pronto una mañana a causa del desprendimiento del glaciar. Todos pensaron que el maleficio se había roto pero lo que ocurría en realidad es que mi madre había roto aguas. Simplemente yo había nacido.

—Qué historia tan triste…— suspiró Lucius ahogando un sollozo— ¿qué ocurrió después? ¿Quién te crió? ¿Cómo pudiste sobrevivir?

—Imagino que algún ser de las nieves me encontró y me dio techo  y alimento. No recuerdo nada. Mi vida es una incógnita helada hasta el momento en que tú, amigo Lucius, me encontraste vendiendo granizados en aquel puesto del mercado de ganado y me reclutaste para esta misión. En ese lugar se activa mi memoria asi que vosotros sois mi historia.  Y mi familia.

Longoria tragó saliva y consideró que lo relatado por Gélido era más que suficiente como aportación al caldo. Sus palabras habían ido cayendo una tras otra dentro de la olla como cubitos de hielo mientras hablaba, rompiendo el hervor una y otra vez.

Comenzó a remover el brebaje muy lentamente bajo la atenta mirada del grupo. Permanecían en silencio procesando la historia de su compañero y muy concentrados esperando algún tipo de reacción mágica, pues todo hechizo que se precie ha de emitir al menos un destello. Pero no sucedió nada.

Eso sí, en el preciso momento en que Longoria removió por decimotercera vez el caldo, emergió de las sombras la familiar silueta de Amorfo que estirando aliviado sus tentáculos ya liberados de toda tensión se acercaba a ellos luciendo una amplia y babeante sonrisa.

Wells y Longoria cruzaron una mirada cómplice y exclamaron al unísono:

—Ahora juntemos nuestras manos y bebamos todos de este caldo reparador.

 

La ceremonia junto a la hoguera les había relajado. Se sentían más unidos que nunca y con el ánimo renovado para continuar su camino. Dormían ya plácidamente cuando La princesa Larnaia se despertó de pronto sobresaltada y de su hermosa boca salió un grito desgarrador. Todos se revolvieron alarmados asomando de entre los trapos que les servían de cobijo y fue entonces cuando contemplaron una escena que jamás olvidarían.

Se levantó un fuerte viento que hizo vibrar hasta el último junco del pantano, todos los utensilios del campamento salieron volando por los aires formando un remolino sobre sus cabezas. Wells se aferró con fuerza al cetro, nada podría apartarlo de él. Una lluvia de diminutas flechas cayó sobre ellos aunque ninguna acertó a clavarse en cuerpo alguno, de hecho parecían esquivarles. Cada una de ellas llevaba una gota de sangre azul decorando su punta y desprendían un fulgor que llegaba a cegar.

Larnaia supo sin necesidad de preguntarlo que aquellas gotas de sangre eran de su hermana Nasha pues el presagio de tan terrible fatalidad era lo que había interrumpido su profundo sueño. Se prometió no derramar ni una lágrima. Sólo quería venganza.

Cuando la lluvia y el viento cesaron, Gélido se levantó el primero. Siempre había sido el más discreto de todos pero el haber abierto su corazón a los demás le había dotado de una nueva fuerza interior. Dio unos pasos adelante y observó detenidamente la imagen que se ofrecía ante sus ojos.

Las flechas se habían ido incrustando una tras otra ordenadamente sobre el suelo formando una palabra que Gélido, más helado que de costumbre leyó en voz alta:

M-U-E-R-T-E

El Valle de los Encendidos se les antojó más amenazante que nunca. Ya no pudieron volver a conciliar el sueño.

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Como dicen todos, genial la historia de gélido. Este capítulo nos acerca mucho más a los personajes mostrando el lado más tierno de alguno de ellos. La calma antes de la tormenta podríamos decir, excepto por el trágico acontecimiento de Nasha, una que se va. Gracias por dejarme la batalla, tenía ganas de acción. Un abrazo.
    Miranda, me he tardado demasiado en leer tu capítulo, sin embargo ahora que por fin lo he leído no he podido menos que sentirme fascinado por tu gran talento y por esta pieza llena de ternura y poesía que nos has traído. He llorado por Nasha (en mi corazón al menos, sería algo raro que lo hiciera en la realidad) y me alegro que por fin Gélido ha salido del anonimato. Excelente capi, mis aplausos para ti
    Miranda! Muy buen capítulo este que nos dejas por aquí. Me ha encantado la historia de Gélido y su madre el Glaciar. Hacía falta algo así porque Gélido era el gran desconocido de esta historia y no podía ser siendo él uno de los portadores del cetro, verdad? Me ha apenado la muerte de Nasha y más de la mano de su amigo Arzeniel, no me imaginaba yo que iba a acabar así... :-( pobrecita, al menos le has dado una muerte rápida. Bueno ya te digo, me ha gustado mucho tu capítulo y estoy ansiosa por ver el siguiente. A esto le queda un telediario! Un saludo!
    NO IMAGINABA QUE UNA WEB SE ESCRIBIERAN NOVELAS COLECTIVAS, AUNQUE NO HE PODIDO LEER LOS ANTERIORES CAPITULOS, PARECE UNA EXPERIENCIA MUY INTERESANTE. SOY NUEVO POR AQUI Y VOY DESCUBRIENDO COSAS MUY BUENAS. HE LEIDO SU CAPITULO Y ME HA PARECIDO INTERESANTE POR SU FANTASIA AL ESTILO DEL SEÑOR DE LOS ANILLOS.
    Me gusta la magia que encierra la historia de Gélido, supiste mezclar con maestría la muerte de Nasha (snif!) y el pasado de nuestro amigo el frío, sobre todo ese detalle de flechas con gotas de sangre sobre los héroes, no cabe duda que estas historias surgen cuando "duermes poco y sueñas mucho" Me ha encantado! saludos y Alalé!
    Una buena continuación de la historia. A destacar la escena de la muerte de Nasha, la historia de Gélido y el glacial y la sopa mágica de Longoria.
    Una historia dentro de otra...me ha encantado cuando la cuenta Gélido. Yo... yo no tengo nada... y empieza a narrar su vida. Los guerreros van sacando su lado tierno. Longoria que va superando con creces el aprendizaje de brujilla. Y el lado oscuro que sigue sin detenerse... la traición del amigo y la muerte de Nasha, me ha impresionado y sobre todo al final cuando la princesa descubre en la punta de las flechas la sangre de su hermana. Y el cetro sigue su curso, menos mal que tenemos a Wells que piensa en todo y Arzaniel se llevará una gran sorpresa... y espero que no grata. Enhorabuena Miranda, un relato muy bien llevado ahora a esperar al siguiente... besitos.
    Nada de collejas ; que te ha quedado un capítulo estupendo, con un ritmo reposado que todo guerrero agradece de vez en cuando -aunque en el fondo de su corazón intuya que no es sino la calma chicha antes de una nueva tempestad, ñej,ñej- Todo muy bien dosificado. La ternura no empalaga y el humor impregna algunas secuencias como una especia ligeramente picante pero sin llegar a quemar el paladar. Buena cocinera, Miranda, te salió muy bueno el guiso. Saludos.
    Y la ternura aterrizó en la historia del cetro. Creo que mi diccionario es muy parco para expresar lo maravilloso que me ha parecido este capítulo, así que me describiré al terminar su lectura... boquiabierto.
    La pobre Nasha nos deja, lloraremos unas lágrimas por ella, le harán canciones. El grupo se toma un respiro antes de conocer la funesta noticia, un alto en el camino que nos permite conocerlos un poco más cerca. Muy buena la historia de Gélido, y hasta la bella Ambar sin corsé. Te ha quedado un relato estupendo que trancurre con un guiño ameno y entrañable hacia los portadores del cetro y su último destino. Di que sí.
  • ...

    Al fin está aquí mi capítulo. Pido disculpas una vez más a todos por el retraso. Como sabéis he tenido unos días complicados y no ha sido fácil encontrar momentos para escribir pero lo he conseguido. Aleluya y Alalé :) Es un capítulo reposado, sin demasiada acción. Un pequeño alto en el camino antes de internarnos en el Valle de los Encendidos,- siguiente etapa de nuestro peregrinaje hacia la Boca del Orco-, mientras en el Valle del Ahorcado los dos bandos enemigos la están liando buena.Si veis algún gazapo no dudéis en darme una colleja. O dos, por pesada.

    Aquí tenéis mi aportación a la historia. Espero que os guste. Ahora es el turno de LJ Salamanca.¡Animo! Un saludo a todos.

    Relato breve y ligero como su propio nombre indica.

    A veces es mejor quedarse uno como está...

    ...

    Cosas que pasan.

    ...

    Este lo publiqué hace tiempo, me lo llevé y ahora vuelve por aquí.

    La rutina...el mejor estimulante para la imaginación.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta