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10 min
NOVELA COLECTIVA: EL CETRO DE LAS ESMERALDAS. CAP XV.
Fantasía |
06.05.13
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Sinopsis

Aquí está mi última aportación a la historia. Siento el retraso. Temo que las prisas hayan hecho que corra demasiado en algún fragmento del capítulo. Aun así, espero que mantenga el interés de la trama. La siguiente será Lucía, mucha suerte!

Los tambores marcan el avance, la distancia es cada vez menor y los latidos de miles de corazones afrontando su destino se aceleran preparados para el mayor acontecimiento de sus vidas.

Aquel último recuerdo de Razaagan invade la mente de Magnus provocándole una profunda sensación de nostalgia:

Ya sucedió una vez y jamás podré perdonármelo, no dejaré que caigas tú también sin luchar por evitarlo, me ganaré el honor que perdí aquel día. Recuperaré el orgullo de mi padre. No te abandonaré a tu suerte, hermano mío.

– No, claro que no lo harás, tu honor te acompaña ahora igual que lo ha hecho durante toda tu vida, no pierdas un segundo en dudar de ello. Tu  lugar en esta historia está junto al cetro, junto a Wells y los demás portadores. No hay misión más importante que esa, ni guerrero más apropiado que tú. Hermano, esto va más allá de cada uno de nosotros, esto traspasa las fronteras del pasado y de la sangre, el presente es la victoria, hacer llegar el cetro a su destino, y por ello debes partir y no mirar atrás, debes hacerlo por todos nosotros, porque tú eres fuerte caballero, el más casto de todos, Razaagán – La cara del hermano mayor cambia y una sonrisa de orgullo se dibuja en ella inevitablemente.

– Prométeme que acabarás con ellos, y que volverás con vida.

– Prométeme que entregarás el cetro a cualquier precio.

Sus ojos se cruzan cerrando un pacto irrompible. Un abrazo con el corazón roto y luego parten dándose la espalda, separándose, quizá por última vez.

Un último y estruendoso sonido del tambor y todos se detienen. Los ejércitos enfrentados mirándose fijamente, estudiándose antes de dar el salto. Ireler y Eftheor enfrentados, uno pudriendo su oscuro espíritu de la rabia que tanto tiempo había guardado, otro listo para dar fin a lo que ya había comenzado en un pasado y ahora debía terminar.

Alguien se coloca junto a Magnus llamando su atención.  Una mujer de cabello blanco y ojos verdes con la mirada perdida.

– ¿Seleis? ¿Qué haces  aquí?

– ¿Aquí donde se decide todo, donde la victoria o la derrota marcará el devenir de la historia? ¿En qué otro lugar podría estar?

– Pero el bosque… ¡Los árboles!  Mania aún no habrá vuelto, se marchitarán.

– Magnus, no pienso vivir en un mundo abatido. – Es toda respuesta. Magnus no necesita más.

– Ni yo tampoco – Añade una voz femenina desde el lado opuesto.

– ¿Bruja Rala?

– Hoy es el día, fiero caballero – Magnus se limita a asentir con la cabeza.

En ese momento el rey Ireler avanza sobre a su montura para colocarse al frente y pasear la mirada por todos los valientes hombres que se preparan para una lucha sin tregua.

– ¡No temáis porque no hay derrota, hombres libres! Sé que el miedo es poderoso, sé que el temor lucha por venceros, pero yo os digo: ¡NO OS ARRODILLEIS JAMÁS! No podrán mirarnos ni por un solo instante y disfrutar porque nuestras hojas caerán afiladas sobre sus carcomidos cuerpos y nada podrá detener el empuje de los que luchan por sí mismos. La oscuridad les ciega, les hace avanzar y pelear pero su objetivo no tiene honor, no tiene nada de bello luchar por destruir, nada de valeroso. ¡Nosotros, hermanos, cabalgaremos por la libertad del mundo! ¡Este es el día! ¡No cedáis ante el mal! ¡Luchaaaar!

La espada al viento y un ejército enloquecido de valor que ya no tiembla. El valle del ahorcado observa la batalla que con furia decidirá el vencedor y el vencido. Los preámbulos han terminado.

El choque cuando al fin los dos frentes se encuentran es brutal. Cuerpos ensartados y gritos de muerte que vuelan de un lugar a otro. Las espadas encontradas y abatidas. Magnus lucha junto a Seleis, que hace crecer árboles desde las entrañas del valle de ahorcado, afiladas ramas y troncos que los hombres oscuros no ven llegar y que les atraviesan como si de la daga más afilada se tratase. La bruja Rala embruja sin cesar en una lluvia de palabras en otra lengua que vuelve locas a las fuerzas oscuras.

Algo alcanza a Sombramala y este cae al suelo lanzando a Magnus lejos de su espada, bajo un grupo de enemigos. Como una serpiente logra esquivar la primera estocada lanzando una fuerte coz que derriba a un enemigo, desvía la segunda a un lado y el filo de acero se clava en el suelo cerca de su cuello.

Trata de levantarse cuando un hacha cae sobre su espalda provocándole escalofríos de dolor. Su armadura wordiana le ha protegido del golpe mortal esta vez, pero necesita un arma pronto o no durará mucho. Sin embargo, cuando se gira hacia las filas enemigas descubre que no hay nadie a su alrededor. Alguna fuerza extraña hace que todos los enemigos y aliados se alejen abriendo un claro en el estremecedor paisaje de guerra. Magnus no tarda en averiguar el motivo: Todos se apartan hacia los lados dejando un espacio de varios metros por el que se acerca veloz una mortal rueda gigantesca con pinchos metálicos que se clavan en la tierra al rodar. Tras él tres bestias lo empujan con furia entre alaridos incomprensibles.  Magnus busca con la mirada hasta encontrar a Seleis, que ya se ha percatado de la amenaza. Si ese rodillo logra llegar hasta las tropas aliadas aplastará a cientos en cuestión de segundos.

Con movimientos ágiles y certeros Seleis recorre el espacio que los separa y le agarra de la armadura empujándole a un lado. Luego levanta las manos al cielo invocando algún hechizo del pasado y las baja rápidamente apoyándolas en el suelo, por donde desaparece hundiéndose en la tierra.  Un instante más tarde, como si de un monstruo subterráneo se tratase, un árbol de tronco grueso y hojas alargadas y puntiagudas emerge frente al rodillo y se hace enorme. Sus ramas se mueven veloces de un lado a otro agarrando enemigos y lanzándolos por los aires. Las hojas vuelan como flechas certeras atravesando armaduras y carne.  Antes de que la mortal rueda impacte contra el tronco, este se inclina hacia atrás pero no se cae, sino que regresa con gran impulso y choca contra él lanzándolo hacia atrás para el terror de las tres bestias que ven como su propia arma les cae encima haciéndolos picadillo.

La batalla se desarrolla con fuerza, sin cuartel, sin un segundo de descanso. Un atronador rayo recorre el cielo sobre el valle del ahorcado, partiéndolo en dos, abriendo una puerta en la resquebrajada bóveda azul hacia la ciudad celestial, en guerra. Ya casi en ruinas. Ángeles y demonios combaten por su vida y los cuerpos inertes caen al vacío  hasta el suelo, sobre los hombres y los oscuros, aplastando a muchos.

El paisaje grotesco enturbia la vista de todo guerrero, pero no ciega su hambre de victoria. Magnus descubre a Ireler luchando a muerte con su gran enemigo junto al árbol del ahorcado, Eftheor cara de piedra. Las espadas de ambos chocan y saltan chispas en cada acometida. Debe ayudarle, el general oscuro es poderoso y su rabia ciega le hace aun más temible. Sus golpes son tan poderosos que poco a poco debilitan los brazos del rey y acercan las estocadas a su cuerpo. Bajo la mismísima horca del árbol donde hace tanto tiempo el rey sinnombre cedió a la inexistencia, dos líderes batallan por sus pueblos.

Con un grito de victoria Eftheor lanza su más terrible ataque y alcanza el torso de Ireler,  cuya rodilla se hinca en el suelo. Su espada caída, la derrota es clara. Apartando enemigos Magnus trata de llegar antes de que sea demasiado tarde. Eftheor disfruta tanto del momento que pierde unos segundos  vitales para su regocijo. Alza la espada pero antes de hacerla caer Magnus consigue alcanzarles y frenar el envite a tiempo, que parte su espada en dos mitades. El ojo de rubí de Eftheor se  queda fijo en él.

– ¡Como osas inmiscuirte! – Escupe apretando los dientes negros como el abismo – ¡Muere insensato! – Magnus, indefenso, acepta su final lamentando no tener otra vida que dar por sus hombres, por fallar a la promesa que hizo con su hermano. La espada del general se dirije hacia su cuello pero en el último instante Ireler, desde el suelo alza el acero y lo hunde en el sucio pecho de cara de piedra. El agudo grito se escucha por todo el valle, los oscuros se quedan sin su líder. Más aun se escucha el grito de todos los guerreros del sur celebrando la victoria de su rey.

– El mal nunca vencerá – Ireler hunde más la espada con sus últimas fuerzas atravesando a Eftheor y acabando con el enfrentamiento de tantos años, el general cae sin vida. Ireler  moribundo, herido de muerte, pero vencedor.

Magnus se arrodilla junto a él, apoyada la espalda contra el árbol del ahorcado.

– Magnus, ahora tú debes guiarles – La voz débil de Ireler confirma que su tiempo es corto.

– Has luchado con valor, rey Ireler, nada más se le puede pedir a un rey, lo has dado por los tuyos,  así serás recordado.

– Vencer en esta guerra, y que los pueblos del sur y del norte nunca vuelvan a separarse. Tú recogerás mi trono, así ha de hacerse.

– Así se hará, mi rey. – Los ojos de Ireler se cierran.

El último empuje de los hombres casi ha acabado con las fuerzas oscuras. La batalla acabará pronto. Un pensamiento alentador acude a Magnus al fin: El conflicto ha terminado, el cetro de las esmeraldas será entregado a su dueño y todo habrá terminado, con la ciudad celestial en ruinas y el pueblo de los hombres más unidos que nunca.

Una sombra oscura se cierne sobre los combatientes, el gran mago oscuro, Arkacabaz, surca los cielos a lomos de un dragón sombrío, con si de humo viviente fuera. Es Trindilla tras uno de sus hechizos. La armadura negra y su espada de dos filos, esa que tantas vidas quitó en el pasado vuelan sobre ellos y para el horror de Magnus, pasan de largo. El cetro está en peligro, pero él no puede marcharse, no ahora que los hombres esperan sus órdenes, debe quedarse y ganar la batalla, y rezar por el cetro y sus portadores. Los demonios sobrevivientes de la batalla celestial vuelan también tras el dragón, dejando atrás un paisaje desolador de cadáveres y almas agonizantes.

– Corre hermano mío, corre y no pares.

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  • Qué batalla amigo!!! Tú sí que sabes jugar con la épica.
    Muy buen capítulo LJ.Me alegra ver que no me equivoqué al dejarte la batalla :). Y además has traido de nuevo a la escena a mi querida Trindilia aunque sea convertida en dragón sombrío. Me ha encantado.
    Una batalla espectacular, donde la magia juega un papel decisivo y los buenos ganan, como tiene que ser, pero sufriendo bajas sensibles.
    Bueno, tremenda la batalla, épico todo el capítulo, te ha quedado genial, Seleis, Rala, Magnus, Ireler,los cielos... todos conjuntados en la batalla. Vaya si lo he disfrutado,amigo Luis Juan, que mereció la pena esperar para deleitarse con esta escena. Enhorabuena.
    LJ, estupendo ese comienzo de capítulo con la conversación llena de sentimiento y honor entre los dos hermanos caballeros. Nos lanzas, literalmente, a la batalla entre el bien y el mal y cuando parece que puede estar todo ganado, vemos al mago Arkabaaz, Trindilia y los demonios sobrevolando el valle del ahorcado en dirección a Wells y sus hombres. Seguimos con la tensión que se suele mascar en los últimos capítulos de las novelas. Y ya estoy deseando que Lucía suba el suyo para saber qué pasa a continuación! ;-) Enhorabuena por tan buena batalla! Saludos!
    Estupendo LJ. Nos haces entrar suavemente a la escena, con ese caballeresco y emotivo dialogo de los hermanos, y luego nos lanzas sin miramientos -como la vida misma- al fragor de la acción. Me ha gustado la idea de que traigas a Seleis y a Rala de nuevo al primer plano. Creo que si nuestros amigos consiguen llevar a buen puerto su cometido, y la misión termina felizmente, en el último capítulo debería haber fiestuqui. Algo así como una escena coral de un baile con todos los amigos y colaboradores de nuestros "heroes". Pero bueno, aun quedan capítulos y no quisiera condicionar a quienes aun tienen que escribir. Que ocurra lo que tenga que ocurrir...Saludos.
    ¡Me ha encantado! Lo he leído dos veces, porque en una primera lectura no te quedas con todos los mensajes que has querido enviar en este capitulo. El primero de ellos, las promesas de ambos hermanos. – Prométeme que acabarás con ellos, y que volverás con vida. – Prométeme que entregarás el cetro a cualquier precio. Esta frase... "su objetivo no tiene honor, no tiene nada de bello luchar por destruir", has dicho tanto en tan pocas palabras. " y que los pueblos del sur y del norte nunca vuelvan a separarse"... porque todos somos unos... lo estamos demostrando con esta novela... no hay distancias sino un solo objetivo. "Aplastante" lo de la gigantesca rueda de pinchos, y que ha cumplido magistralmente con su cometido. Ahora mí querido compañero, me has dejado para seguir defendiendo al cetro y sus portadores. Bravo y hasta la próxima vez. Besos.
    Pero vaya que mantiene el interés amigo, sobre todo el instante en el que la rueda gigante aplasta a las bestias y el cielo se abre para dejar ver un trozo y un instante de la batalla celestial, uf amigo una digna y estremecedora escena de batalla, que va! pero claro que mantiene y aumenta el interés, un saludo!
  • Sin ti no soy nada, vieja amiga.

    Antes de dormir saco la escoba y el recogedor guarda el polvo que cae de la mina de carbón.

    Siguiendo la idea y relato iniciado por León27 y continuado por Fénix y Yazmin Schwery Rivera.

    El meñique no es un bar normal.

    Ingmar Bergman.

    Dedicado a mi rosa, que aún me envuelve con la magia de sus miradas.

    La velocidad de mi dedo apretando un gatillo.

    Piaggio tenía una furgoneta antigua marca Piaggio, y siempre la conducía, por eso le llamaban así. Agradezco valoraciones con comentario, muchas gracias.

    Estos tentaculillos me erizan la piel cada vez que los veo. Agradezco valoraciones con comentario.

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