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4 min
Nuestra guerra.
Amor |
17.11.14
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Sinopsis

Guerra en la que todos ganan, nadie pierde. Solo se necesitan dos personas, un vínculo.

No tenemos nada y empezamos desde cero. No me importa, no te importa. Es una ansiada guerra de dos bandos participantes, dos bandos ganadores.

Tu turno, adelante. Comienzas utilizando tus cálidas manos. Suben, bajan, juegan conmigo, me estremecen... Abundan las imágenes que plasmas sobre mi cuerpo desnudo, solamente con tus dedos, muy lento. Eres un artista, te respeto. En esta cruzada puedes ser lo que quieras, tú impones tu propio papel. Ese entonces, es el tuyo. Tus hipotéticos dibujos hacen que disfrute. Tu lienzo tiembla, cariño. Yo vibro, sonríes. Se suman tus labios a la gran aventura. Pasean con suma seguridad por mi figura, ignorando el peligro. Te da igual, ya lo sabes. Solo buscas vencer y lo vas a conseguir pues, no es difícil para ti. Corren los segundos, pasan rápidos, como mi pulso. Se acelera junto al tuyo, no hay nada más excitante que tu aliento y esfuerzo volcados en la concepción de una lujuriosa poesía. Como artista, lo que planeas, es superarte. La gran obra maestra.


Me sumo al juego. No es mi turno no, pero, yo también formo parte de este conflicto bélico, sin duda. Te desgasto el nombre en mi entendimiento, mientras disimulo mi sonrisa. Lo notas, y, sucumbo ante la fuerza que empleas en agarrarme la cintura, en morder mis muslos. Quiero más bocetos en mi epidermis, más poemas de saliva. Lo quiero todo, lo quiero ahora. Al cabo de un rato se acerca tu victoria, la primera batalla va a llegar a su fin. Ahora si, me toca a mi. Lo quieras o no, mi oportunidad.


Por fin, es mi turno. Queriendo ser tan artista como tú, deslizo mis uñas por tu torso. El color rojizo hace contraste con tu tonalidad habitual, es fantástico. Es mi marca. Tu boca me llama, suplica que descienda. Todavía no, lo siento. Antes preciso en una semejante actuación a la tuya, redactar algo. Para ello, paseo mi lengua por mi terreno, por mi lámina. En esta expongo mis deseos de hacerte llegar a la cima, quiero darte motivos para odiarme. Vamos sin prisa, en compañía. Es ahora, ahora si juego sucio. Se te escucha de vez en cuando, no te presto atención, quiero ser dura. Si, quiero ganar la segunda batalla, busco un empate. Mi mano izquierda se aferra a las sábanas, hasta que la tuya la rodea con fuerza en, un leve intento de transmitirme tu clara satisfacción en el acto. Idas, venidas. Ambos nos deselvolvemos y encajamos adecuadamente; por suerte para mi, por suerte para ti. Me ayudas a obtener mi triunfo, soy paciente. Mis rodillas están frías, pero, ya está, la gloria. Te tengo a ti, tu sabor.


Qué nos queda, nos preguntamos con la mirada. Dos virtuosos con su arte, con sus ganas de saciar su imaginación. Ya está, ya lo discernimos. Tercera ronda. No se trata de ningún desempate, sino de una doble victoria. Dos a dos, suena bien. En esta, son válidas todo tipo de cosas. No cesa el tatuar; no cesan los azotes, los mordiscos, arañazos. Me agarras, me avivo. Tu firmeza acaba conmigo, pero aún no, quiero más, darte más. Puedo si quiero, hacerme con el poder, controlarte. Se une a la pintura y a la poesía, algo más, la música. No dejamos de sorprendernos, cada día es algo nuevo. Tus notas se entremezclan con las mías, juntas tienen un mensaje oculto. Solo tú y yo lo conocemos, qué curioso. Tienes una voz perfecta, no puedo agotarme de sostenerlo; silencio.


No se oye nada, únicamente calma. Extasiados ambos, toca recostarnos el uno sobre el otro, me encantas. Tu brazo izquierdo me rodea, tu pecho es mi almohada. Tus besos mi edredón.


Gracias por esta guerra, por enseñarme que el significado de esta palabra, va más allá del literal. Y, sobre todo, ilustrarme en que, ambos podemos ser todo. Pero solamente en una situación, estando unidos.

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