cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

6 min
Nuestro último suspiro.
Amor |
04.04.15
  • 0
  • 1
  • 274
Sinopsis

Carlos acercó su cara a la de Blanca para besarla pero unos centímetros antes de tocar sus labios cambió el destino de su boca para dirigirla al cuello, sus mejillas se rozaron. Carlos sopló suave. El aire cálido rompió sobre la delicada curva de su cuello y acababan moviendo la fina camisa de hospital que la vestía.

 

Relato corto

Nuestro último suspiro.

 

12 de Marzo 2015

 

Ese inconfundible olor a muerte ya había penetrado en su cabeza y removía sus recuerdos. El cuerpo sin vida de su compañera de habitación la habían dejado inmóvil sobre su estrecha cama de hospital. Al mismo tiempo la miraba y se sentía culpable de no haber hecho un poco más por intentar saber algo de la vida de esa mujer que ahora contemplaba e incomprendía la soledad de su muerte. En las más de dos semanas compartiendo habitación apenas hablaron, en parte, porque pasaba el mayor tiempo del día y la noche dormida, seguramente a causa de los somníferos que le suministraban para calmarle sus dolores. 

Los ojos se le habían quedado tan abiertos que Blanca tardó unos minutos en darse cuenta de que no pestañeaba porque su mirada realmente había marchitado junto con su presente y futuro. Pasaron segundos, tal vez minutos, aunque a Blanca le pareció una vida entera, hasta que pudo reaccionar, sacar algo de fuerza y pulsar el botón rojo de socorro mientras observaba incomoda el azul intenso de los ojos ya sin vida de aquella mujer que aparentaba mayor edad de la que realmente tenía. En la profundidad de su vacía mirada, oscura mirada y sin alma, podía apreciarse la tristeza de la soledad. Aquella mujer murió sola, ninguno de sus familiares acudió un solo día mientras estuvo ingresada y tampoco la mujer preguntó si habían pasado a visitarla mientras dormía.

Las enfermeras entraron tranquilas. Encontraron el cuerpo sin vida junto a Blanca. Tenía una pequeña lágrima seca clavada en su mejilla.

 En cuestión de minutos la fallecida descendía ascensor abajo dirección al depósito de cadáveres donde durante los próximos tres días permanecería en su correspondiente cámara frigorífica. Blanca imaginó que seguramente nadie iría a recoger sus míseras pertenencias y que tampoco ningún familiar preguntaría por ella. Imaginó que en algún momento llegarían a recogerla con un vehiculo funerario para llevarla al cementerio donde como un objeto perdido sería sepultada, sin flores, sin llantos, ni familiares que discutieran por su herencia. Blanca pensaba si ese sería el cruel destino de la difunta  mientras desvestían las sabanas con olor a muerte y volvían a vestirlas como si nada hubiese pasado para recibir en breve a una nueva paciente. Otra para hacerle compañía en aquella habitación donde el tiempo andaba tan despacio.

Pasaron horas hasta que una enfermera entró a tomar su pulso. A Blanca le pareció bastante joven y recordó que cuando ella empezó a trabajar no se recordaba así de joven.

-Veamos como estas ese pulso. Dijo la enfermera con una enorme sonrisa que a Blanca le pareció sincera.

 Blanca extendió la mano. Ella cogió su muñeca con delicadeza, buscó su pulso ayudada con sus dedos y se quedó un rato en silencio. Blanca miraba hacía la ventana y observó volar un pájaro. La enfermera anotó en su libreta y sin preguntar levanto su camisa para escuchar el ritmo de los flojos latido de su delicado corazón. Otra vez silencio, otra vez anotaciones.

-Muy bien Blanca, todo parece normal. ¿Menudo susto te habrás llevado esta mañana no?

Blanca asintió con la mirada.

-¿Que tal pasaste la noche? Preguntó la enfermera mientras regulaba la dosis de suero.

 Blanca volvió a repetir el mismo gesto con la mirada.

-Bueno está bien guapísima, si necesitas algo , llámame.¿De acuerdo?.

-¿Sabes si hoy vendrá hoy Carlos? Pregunto Blanca con voz apagada mientras la enfermera que se alejaba se volvió extrañada de inmediato.

- ¿Carlos?.No le conozco, ¿es su hijo?

Blanca no contestó y la enfermera hizo un gesto extraño con los ojos antes de marcharse.

 Eran más de la siete, el día ya era gris, esperando ver aparecer la oscuridad de la noche. Le habían dejado la cena sobre la mesa. Verduras cocidas y yogurt blanco sin azúcar.  Lo de todas las noches. Que largo se hacía cada segundo en aquella habitación. Pasaron unas horas hasta que volviese a quedarse dormida y no despertar hasta la mañana siguiente.  

 

 

-Hola mi reina. Blanca sonrió al escuchar la inconfundible voz de Carlos. Traía un ramos de rosas Blancas. Andaba lánguido y con expresión cansada, sus ojos marrones eran apagados y su cabello cano seguía siendo abundante. Arrastraba los pies y tardó una eternidad en sentarse a su lado, justo al borde de aquella estrecha cama. Se miraron unos segundo sin decir nada, Carlos colocó las flores junto a otras que tenía en una vasija de cristal. Le sirvió un vaso de agua y se la acercó a su boca. Blanca dio un gran sorbo. Carlos la cogió de la mano.  

-Te he echado de menos. Dijo Carlos mientras la miraba fijamente.

-Lo sé. Contestó Blanca algo indócil.

- Tú que sabrás. Una sonrisa de medio lado apareció en el rostro de Carlos que hasta ese momento había sido inexpresivo.

-Si que lo sé. Blanca volvió a sonreír casi sin fuerza.  

 

Carlos acercó su cara a la de Blanca para besarla pero unos centímetros antes de tocar sus labios cambió el destino de su boca para dirigirla al cuello, sus mejillas se rozaron. Carlos sopló suave. El aire calido rompió sobre la delicada curva de su cuello y acababan moviendo la fina camisa de hospital que la vestía.

Blanca sorprendida quiso responder a su juego y con la poca fuerza que su estado le permitía y con un gran esfuerzo llenó todo lo que pudo de aire sus pulmones. Una ligera brisa acarició el cuello de Carlos, aún así se le erizo la piel. Blanca tomó de nuevo aire, ahora con menos fuerza, sopló de nuevo, esta vez, mientras regalaba su ultimo soplo de aire en forma de suspiro a Carlos pasó su vida entera ante ella, como una estrella fugaz , en milésimas de segundos y apenas pudo apreciar esa caricia de aire sobre su cuello. Su corazón se había detenido sobre el ultimo suspiro de ella.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Mil gracias por tus palabras, es justo lo que necesito. Este tipo de critica constructiva es la que me ayuda a seguir mejorando.En serio agradezco cada uno de los consejos y lo tendré en cuenta para futuras pu blicaciones.
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Abro los ojos en plena noche, una mano cruza mi pecho y me la intento quitar de encima como puedo. Al tirar de ella suena un molesto sonido metálico que me hace encogerme en la cama. Me doy cuenta de que Brenda, la chica con la que follé anoche aún sigue esposada a la cama. Estoy desnudo y no recuerdo a que hora nos quedamos dormidos.

    El beso. Mi primer beso, unir mis labios a los suyos y sentir que abro de golpe mi caja de la independencia , la caja donde guardo todos mis secretos, sentimientos y emociones se abre y aparecen de golpe meciendo mi alma con un millón de sentimientos que tenía guardados y profundamente olvidados esperando el momento justo para dejarlos fluir con toda su fuerza para que puedan recorren cada milímetro de en esos momentos mi erizada piel. El cuello, los brazos, hasta la planta de mis pies sienten un hormigueo que no desaparece. Mi oído parece que escucha una melodía cuando me dice que seré para siempre su princesa, guapa y delgada princesa que le hace volar como los sueños. La princesa que lo hace volar por el aire. Su princesa del aire. Arhi la princesa del aire me dice con su sonrisa perfecta. Yo vuelo con él sobre todas esas luces de la ciudad que reposa bajo nosotros como un cuadro, a esta altura solo el destello de las luces es apreciable, lo demás es inmóvil y silencioso. Lo miro. Ya no le veo como Alex el misterioso, ahora lo siento mío. Es una parte íntima de mí, sus labios han saboreado los míos y eso es una cosa sería. Al menos para mí. Jamás besé a nadie y jamás sentí querer hacerlo hasta ahora. Me coge de la mano y me ayuda a levantarme. Los ojos le brillan y siento que a mí también porque se refleja en su mirada que sigue penetrándome hasta dentro.

    La brisa del beso...la brisa del beso..la brisa del beso..

    Te amo..te amo...te amo..te amo..

    Carlos acercó su cara a la de Blanca para besarla pero unos centímetros antes de tocar sus labios cambió el destino de su boca para dirigirla al cuello, sus mejillas se rozaron. Carlos sopló suave. El aire cálido rompió sobre la delicada curva de su cuello y acababan moviendo la fina camisa de hospital que la vestía.

  • 5
  • 4.5
  • -

Agradecería todo tipo de criticas con el fin de mejorar la forma en la que escribo mis sentimientos.

Tienda

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta