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2 min
Observando a Steve
Varios |
10.05.16
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Sinopsis

Hoy llueve. No mucho, pero lo suficiente para sacar el paraguas y caminar esquivando los charcos. Siguiendo mi recorrido habitual hacia el trabajo, he pasado por la academia de inglés “Steve”. Steve, que da nombre al establecimiento, pensaba que no existía, nunca había visto a nadie con pinta de inglés cerca de su puerta. Hoy sí, hoy había un señor con ojos azules, que rondaría los sesenta años, de escaso pelo gris y poblado bigote, en el alféizar de la puerta de la academia. Al pasar una persona que caminaba con un niño le ha dicho “adiós Steve”, a lo que este le ha contestado “good afternoon”. Bueno, ya sé que Steve existe y quien es.

Mientras esperaba en la parada del autobús que hay justo enfrente de la academia he estado observando a Steve. Simplemente estaba de pie mirando a la calle, con una sonrisa dibujada en su cara. Lo primero que he pensado es que la lluvia le alegraba, le hacía sentir un poco más en casa. Pero eso es demasiado simple, demasiado ordinario. Quizá, y esta es otra posibilidad, había colocado un cacito en su terraza descubierta, que unido a poleas y palancas cuidadosamente disimuladas provocara que un jarrón cayera encima del cabecero de la cama de la abuela, acabando con ella al llenarse el cacito con el agua de lluvia. Su mujer se entristecería por el desdichado accidente, pero por fin podrían ser libres. Pero no, su sonrisa no tenía nada de maléfico, esa posibilidad es solo fruto de mis malos pensamientos. Por fin llegó el autobús y mis reflexiones fueron por otros derroteros.

El día siguiente amaneció en calma. Las lluvias quedaron atrás, me puse las gafas de sol mientras bajaba en el ascensor y acudí a la parada del autobús. La academia “Steve” estaba cerrada, “cerrada por defunción”. En el autobús me entretuve pensando, mientras miraba a través de mis gafas la calle oscurecida por los cristales.

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