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2 min
Oda a Adonis
Poesía |
27.03.13
  • 5
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  • 1709
Sinopsis

Dedicado a una amiga y su Adonis.

¡Oh, Adonis! ¡Oh, amado! ¡Oh perfección!

Lágrimas mías consoladoras de tu belleza Inmaculada.

Eres de los dioses producto de una bendición.

Tú, cautivador de fugaces y apasionadas miradas,

almas sensatas y puras cambias de dirección.

Espíritus vulnerables con pasiones despertadas,

de tantas mujeres soñada y a la vez imaginada.

 

Aún veo ese esplendor que emana tu cara

con esos galanes rasgos tan puros y salvajes.

¡Oh, Adonis! Loca de mi, a la espera quedara

de contemplar otros majestuosos paisajes

y fiel a ti como siempre a tu regreso esperara.

Mientras tanto, sueño con despojarte de tus trajes

y convertir mi inocente amor en un ultraje.

 

Y aún miro aquellos ojos que cautivaron

a las estrellas en el firmamento

cual perlas ocultas en conchas que envidiaron

tu cabello en suave balanceo con el viento.

Y pienso en aquellas dulces horas que desfilaron

tan lentas frente a tu altar con sentimiento.

Horas confidentes de alegrías,

de pasión, de afecto, y de caricias.

 

Por ti, la Luna resplandece en el cielo

y  tus ojos brillan cual luceros

ocultos entre las matas de tu pelo.

Testigos de furtivos sentimientos y celos,

de esperanzas, de rencor, de recelo.

Me paro, te veo y te sigo sin miedo

Y oigo tu voz angelical e inspiro

tu aliento perfumado en un suspiro.

 

 

Por ti, lentamente pasan las horas

y el mundo parece detenerse a tu llegada

por esa mirada con la que me devoras

codiciada, anhelada y envidiada.

Despiértenme los cantos de las aves

desde las grandes montañas prisioneras

y apártense por los senderos los arboles

cual nobles escuderos de guerras austeras.

 

Naciste de un mundo poderoso y hermoso

y yo, como Afrodita quedé hechizada y cautivada

con un amor intensamente doloroso.

Sin quererlo por un arquero Cupido fui visitada

siendo conmigo cruel y caprichoso.

¡Oh, Adonis! Mi amor por ti me muda en un hada

convirtiéndome en un ente grandioso,

inocente, puro y dichoso.

 

 

¡Oh, Adonis! ¡Oh, mi dios! ¡Oh, dulzura!

Aún parece, querido, que en mi mente te diviso.

Sigo enamorada de esos andares y esa hermosura

con la que te acercas a mi tan sutil como un felino.

Dichoso el día en el que pude contemplarte

y como fantasía de mi deseo, adorarte.

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