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4 min
Ahogándose en su pecera.
Varios |
15.02.15
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Sinopsis

Asfixiándome en el olvido de una mente que no puede recordar.

Sus manos entrelazadas. Sus ojos negros con el brillo de las estrellas. Su cabello ondeando por la brisa. Un firmamento negro, moteado de manchas blancas, sobre ellos. La espuma plateada del mar al chocar contra las rocas. El sonido del agua. El tenue olor a sal entremezclado con la fragancia que ella usa. Un suspiro. Sus labios se entreabren, sus párpados se levantan asombrados. Un amanecer. El sol comenzando su viaje por el cielo. Un nuevo brillo surgiendo en sus ojos, anaranjado. Una mirada cariñosa. Una sonrisa. Un beso. Una ola golpeando las rocas, desapareciendo para transformarse en espuma. Espuma carmesí, reflejo de los rayos del sol. Roja, como el esmalte que ella lleva. Su color favorito. Rojo, como sus labios después de comer fresas, como la sangre que corre bajo la pálida piel de sus muñecas, como la sangre que luego lo tiñó todo...

El fino hilo de la cordura se quiebra en su mente y vuelve a caer en las alucinaciones, en los sueños que se transforman en pesadillas, en los sueños que jamás verá hechos realidad, en el olvido de cada despertar.

Plop nada tranquilo en su pecera. Lleva el nombre de una burbuja al explotar, como lo que escucha Ryan cuando despierta. Sus sueños explotan igual que burbujas, con el efecto de una bomba atómica en su cerebro. Cada día que pasa, cada vez que despierta y ve al pececillo nadar, algo muere en su interior, algo se disipa para siempre, mientras él siente que el plomo de su corazón lo aplasta con cada pérdida.

El pececillo es lindo. Es pequeño y, cuando lo mira desde el otro lado del cristal, le transmite una sensación de serenidad. Por eso lo contempla todo el día, hasta que vuelve a caer dormido.

Pájaros que cantan, hojas que se agitan. Viento y manos unidas. Olor a naturaleza, a flores naciendo, a capullos abriéndose al mundo. Piel suave alrededor de la suya, dedos largos. De nuevo allí con ella. Reflejadas las nubes en sus ojos. Cielo inmenso sobre sus cabezas, azul e infinito como el mar. Hierba bailarina bajo sus pies. Colores deslumbrantes, cálidos. Un día de verano.

Recuerdos. El diario de su mente se abre. Páginas antiguas escritas con tinta casi borrada. Trazos ilegibles. Las ideas escapan de su interior y llenan la mente de Ryan. Ideas que más tarde, cuando despierte, estallarán en su cerebro destrozando su cordura. No podrá recordar que soñó. No recuerda nada. Solo hay sentimientos. Culpabilidad. Soledad. Añoranza. Sabe que antes tenía algo que le hacía feliz. Y desapareció, no sabe cómo.

Otra vez su risa. Una caricia. Folios arrancados por un aire delirante, inexistente, vuelan lejos de su alcance. Alucinaciones. Un grito. Terror puro. Un violento despertar.

Plop le mira indiferente con unos enormes ojos indiferentes. Sus escamas poseen el color anaranjado del amanecer, sus aletas tienen el aspecto suave y delicado de la seda. O de la piel de ella. Ryan apenas se detiene un instante a tratar de detener el torrente de imágenes vívidas, luego se deja llevar por ellas al pasado, contemplándolo impotente. Es arrastrado a una corta ensoñación provocada por los tranquilizantes, que también eliminan sus recuerdos.

Amaneceres, atardeceres, el anochecer. Abrazos, caricias, un beso. El rápido paso del tiempo a su lado. Esos sueños imposibles, sus manos entrelazadas y el color de sus uñas.

Comienza a comprender, a atar cabos de cordura. Consigue atrapar algunas ideas. Las otras se escabullen como agua en el cuenco de sus manos, entre sus dedos apretados.

Un pensamiento suplicante desde la agonía: «oh, por Dios Plop, deja de mirarme así, como ella»

Mirada muerta desde agua roja.

«¿Qué te pasa, Plop? ¿Por qué flotas boca arriba? ¿Porque el agua está teñida de ese color?»

Entonces se da cuenta: ha estado llorando. Tantos meses sin poder hacerlo, encerrado en su mente, una pecera como la de Plop donde lentamente se había ido ahogando. Su cerebro colapsaba. Demasiado sufrimiento para un ser humano. Lo recuerdos recuperados le destruyen el corazón en segundos. La ausencia embarga su alma de intensa pena incontenible.

Abre los ojos y lo primero que ve es la mirada muerta de Plop como lo había mirado ella. Manos ensangrentadas, lágrimas de sangre, colapso final.

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