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13 min
Oscuridad latente
Varios |
25.12.14
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Sinopsis

Un proyecto de cuento. Sin clasificar.

No hay nada que hacer – dijo el policía de cabellos claros – Esta basura esta muerta.

El cadáver de Ralph yacía a pocos metros de éste, boca abajo, en una postura demasiado inhumana, o quizás, demasiado humana. Los brazos y las piernas cada uno por su lado, formando una silueta en el suelo enlodado difícil de describir, y mucho más de contemplar. Era la visión de las cuartas oportunidades, de la muerte en su momento más cruel.

Michael Rory, así se llamaba el policía, estaba contemplando el cadáver, con un semblante entre la tristeza y la rabia, entre el enfado y la melancolía. Su hermano pequeño había sufrido el mismo destino que Ralph, con la única diferencia que su adicción era a la heroína, no a la cocaína. Paso mucho más rápido, pero la intensidad de la tristeza de verle pasar de un estado a otro fue la misma que habrían pasado los padres de este chaval. Bueno, casi la misma. Al menos su hermano no había sido un criminal psicópata como este tío.

- ¡Jefe! -  grito Jack Collins, uno de sus oficiales mas capaces.

- ¿Qué? – dijo con un cansancio repentino.

- Hay unos… caballeros, que dicen tener información sobre la victima.

- ¿Información? Esto ha sido claramente un accidente, lo hemos visto comerse el

    quitamiedos en nuestras narices. Nadie ha interferido.

- Ya, lo sé. Pero dicen tener información muy útil sobre un altercado en el que

   estuvo metido hace unos años, un caso abierto dicen.

Michael estaba empezando a cabrearse. Esto no era normal. De repente salían de la nada unas personas a las cuatro de la madrugada, en una carretera apartada de cualquier signo de civilización, para decir que el cadáver, que nadie ha informado de su identidad, estuvo implicado en un caso abierto de hace unos años. No tenia sentido, pero su curiosidad le podía. Tenia que averiguar quienes eran esos hombres, igual estaban relacionados con la banda de Ralph, quien sabe.

- Quédate vigilando la escena Jack, yo iré a ver de que se trata.

Lo que vio cuando llego a la carretera no se lo esperaba. En medio de media docena de policías habían tres moteros, rollo Ángeles del Infierno, hablando entre ellos, riéndose y aplaudiendo. No los reconocía, no eran de la zona, no podían estar vinculados con la banda de Ralph, ésta era solo una pequeña banda local; ellos parecían pertenecer a una multinacional del crimen. ¿De que iba todo esto?

Lo que Michael no sabía es que en realidad eran cuatro moteros, no tres. El que si que lo sabría, y muy rápido, sería Jack. Bueno, eso si el cuchillo que le acababa de atravesar el hígado le dejaba procesar bien la situación, claro.

 

- Sí, le conocemos hace mucho tiempo. Nos debía dinero, ¿sabes? – dijo el motero mas anciano, que debía rondar los cincuenta años.

- Ya veo, pero cómo es posible que llegarais tan rápido al accidente, aún no hemos informado al público, acaba de pasar, vamos. – dijo Michael, mostrando una expresión desconfiada.

- Ya, bueno, es que se da el caso que lo llevábamos siguiendo hace un par de horas, es una larga historia. Verá, nos encontrábamos en un bar y apareció Ralph todo enfadado y alterado. Era un estado habitual, por supuesto, siempre va a hasta arriba de coca, pero esta vez, esta vez se había pasado. Le hablamos de la deuda pendiente, pero no escuchaba, y empezó a hacerse el chulito. Nos sacó un cuchillo, y como vio que no nos asustamos, sacó una pistola y empezó a disparar. Cuando pudimos coger nuestras armas, ya había salido por la puerta del bar. Uno de los nuestros había recibido un balazo en el estómago, así que dije a un par de mis chicos que lo llevaran al hospital, y nosotros tres fuimos a perseguirle – explico el motero mayor.

- Le perseguimos por los caminos de tierra, porque vimos a la policía venir por la carretera. Imagínese nuestra sorpresa cuando vemos que lo empiezan a perseguir también. El resto ya lo sabes – añadió el más joven de los moteros.

“Qué casualidad”, pensó Michael, “cómo era posible que se hubieran dado las dos persecuciones al mismo tiempo, parecía como algo planeado, pero por quién, ¿Por Ralph? ¿Con qué propósito? No tenia nada lógica. Y lo más sorprendente era que tres moteros de mala muerte se acerquen a colaborar con la policía, algo olía demasiado mal, apestaba a…”.

La realidad no le dejó acabar el pensamiento. Su móvil sonó. Era un numero desconocido. Siempre cogía los números desconocidos, así si se habían equivocado, descargaba su rabia contra ellos. Ahora necesitaba descargar su rabia.

- Dígame.

- Hola, detective Rory – respondió una voz sombría – Me puedes llamar James, el Mata policías, si quieres. Tu amigo Jack te manda saludos. Discúlpale si no quiere ponerse al teléfono, es que esta sangrando como un animal.

- ¿Quién cojones es usted? Jack esta aquí conmigo, estamos en la escena de un accidente. ¿Qué tipo de broma es esta?

- ¿Esta seguro de eso? De que esta con usted, no de que este en la escena de un accidente. Eso es obvio.

“Tengo un mal presentimiento sobre esto”, pensó Michael.  Llamó por la radio a su amigo, pero este no contestaba. Llamó otra vez, nada. Se empezó a poner nervioso, pero sabía que su amigo era bastante despistado. “Seguramente el imbécil no se había acordado de encenderla”. Se acercó a uno de sus ayudantes y le dijo que fuera a buscar a Jack, que se suponía estaba vigilando al cadáver.

 

- ¿Ya has contactado con tu amigo, Mike? ¿Cómo esta?

- Cállate, hijo de puta. Te van a caer un par de años por obstrucción a la justicia.

- Creo que me caerían más en este caso. Diez años creo, y si tardas mucho, seguramente cadena perpetua. Eso si me pilláis claro, cosa que no haréis jamás.

Estaba a punto de darle un brote de rabia de los suyos, cuando su ayudante vino corriendo. Lo cuál nunca es buena señal.

- ¿Qué pasa? ¿Dónde esta Jack?

- Señor… Jack ha desaparecido. Hay un reguero de sangre enorme. He mandado a dos oficiales que lo sigan para ver si podemos encontrarlo.

Su rabia se había esfumado. Jack solo tenía veinte años, hacía un año que se había alistado en la policía, y él había sido su mentor todo este tiempo. No puede ser. No puede habernos pasado esto en nuestras narices. No.

- ¡Hijo de puta! ¿Qué has hecho con mi amigo?

- Cálmese, detective. Si hace lo que le digo, su amigo sobrevivirá. Solo tiene que hacer una cosa. Solo una.

- No tengo que hacer nada. Mis hombres están siguiendo el rastro de sangre. Le vamos a encontrar en cuestión de segundos. Se va a pudrir en la cárcel. Haré que le manden a la peor del país. Le van a dejar el culo como una…

- Michael, ahórrese ese improperio. Nadie me va a encontrar. ¿No sabe aún quién soy? Le imaginaba más inteligente. Se lo diré. Tengo varios nombres.  Tengo mis favoritos, claro, por ejemplo, me gusta mucho el que me pusieron los páganos finlandeses, Kalma. Me parece apropiado para esta situación. Sí. A partir de ahora me llamarás así.

“Lo peor que podía pasar”, lamento Michael, “un desquiciado mental tenía a mi amigo. Son los más difíciles de tratar, y no tengo al equipo de expertos aquí. Joder, se trataba solo de una puta persecución y arresto de un criminal de poca monta. Qué cojones es todo esto. Joder. Tengo que calmarme, con esta gente tienes que lidiar pacíficamente, sin alterarse. Puedo hacerlo. Por mi amigo”.

- Mike, el modo pacifico no va con usted, simplemente escúcheme. Si quiere salvar a su amigo, tiene que matar a los tres moteros que tiene delante. En menos de cinco minutos. Le prometo que no le pasará nada. Yo le ayudaré. Pero necesito que lo haga. Ahora.

- Esta usted como una puta cabra, amigo. No pienso matar a nadie. No me va a chantajear así como así. Lo encontraremos, y yo mismo me encargaré de meterlo entre rejas.

- Entonces mataré a su amigo ahora mismo. Le haré sufrir lo insufrible, no se preocupe. Soy muy bueno con eso. Algunos me llaman…

Dos policías se acercaron y le dijeron que el rastro se esfumaba de repente, en un punto indeterminado del bosque, sin ningún sentido. No encontraban ninguna explicación. Mike notó a sus agentes bastante alterados, como dos críos que acabaran de descubrir que van a morir algún día. Entonces, él empezó a tener miedo. Un miedo que no había sentido en mucho tiempo. No recordaba la última vez que lo había sentido, solo sabía que le era familiar.

- Vale, espere. Tiene que haber otra manera. Todo esto es muy confuso. No entiendo lo que esta pasando.

- Claro que no lo entiende. Es un humano. Su nivel de comprensión esta por debajo del del dromedario. No tiene que razonar. Haga lo que le digo y todo se solucionará.

- No puedo hacer eso. No puedo.

Mike estaba empezando a perder la compostura. Le temblaba la voz, y su rabia se había evaporado por completo. Se sentía como un niño. De repente no sabía nada. Sus oficiales le miraron perplejos. Nunca le habían visto así, y eso les hizo asustarse mucho más. Lo que pasó justo después les cogió completamente desprevenidos.

- Mike, si que puedes. Solo escucha esta frase, y podrás.

- ¿Qué frase? ¿Qué dices?

- El viento ha dado la vuelta a las hojas, pero no se las ha llevado.

Sin pensárselo un segundo, Michael sacó su pistola y les voló los sesos a los tres desgraciados que tenia enfrente. La voz que le acababa de hablar era la de su hermano.

 

Todo pasó muy deprisa. Justo después de disparar, la llamada se cortó. Le empezaron a temblar tanto las manos que el móvil y la pistola se le cayeron al suelo. Estaba en estado de shock. No comprendía lo que acababa de pasar. Cuando oyó la voz de su hermano recitar esas palabras perdió el control de sí mismo. Incluso diría que había sentido la necesidad de matarles. De hecho, había sido catártico.

Sus dos oficiales, totalmente perplejos, le apuntaron con sus pistolas, y le leyeron sus derechos. Al cabo de unos minutos estaba en el asiento trasero de su propio coche de policía, en dirección a su comisaría. Era surrealista.

No se había resistido. No tenia fuerzas. Ni ganas. Sentía como si todo se desvaneciera. ¿Con quién acababa de hablar? ¿Con su hermano muerto? ¿Con la muerte? ¿Con un degenerado mental? Pero como era posible que supiera esa frase. Además estaba seguro que había reconocido la voz de su hermano, como podía ser posible. Llevaba muerto más de seis años. La radio interrumpió sus pensamientos. No era la central. Era un ruido seseante. Como una serpiente atrapada en una caja de cartón.

- ¿Oís eso, chicos? ¿Qué le pasa a la radio?

Los dos agentes le miraron con una mezcla de sorpresa y decepción – No se oye nada, jef… Michael. ¿Cómo has podido hacer eso? Matar a tres personas a sangre fría, sin que representarán ningún peligro. Acabas de arruinar tu carrera y tu vida. No entiendo…

Sus voces menguaron, hasta apagarse por completo. Entonces la radio empezó a hablar. Una voz que empezaba a ser familiar.

- ¡Hola, Mike! Vaya lío, eh. ¿Pensabas que faltaría a mi palabra? Has cumplido, y ahora yo te voy a ayudar.

- ¿Cómo? Me van a procesar en comisaría.– dijo un Michael confuso y con la mente un poco más abierta.

- Fácil. No llegarás a comisaría. Observa.

Las voces de sus compañeros volvieron a la vida. Le estaban gritando, acusándole de asesino, y preguntándole porque no contestaba. Entonces el conductor noto que el volante no le respondía, con lo cual dejo de gritar y se empezó a cagar de miedo.

- Roger, el volante no responde. Joder, ¿qué pasa?.

- ¿Qué dices, tío? A ver, déjame probar – contesto Walter, su compañero.

- Viene una curva, no las vamos a comer. Mierda. ¿Ahora qué? ¡Jefe! – gritó Roger, olvidando por completo el presente y como un niño pidiendo ayuda a su padre.

Cuando Mike fue a responder, el tiempo se detuvo. Entonces la radio volvió a hablar, pero esta vez la voz la escuchaba directamente en su cabeza.

- ¿Qué va a ser, Mike? Qué os vais a estrellar esta fuera de cuestión. Pero, ¿quieres que mueran del golpe, o quieres dejarlos de alguna manera vivos, con unas pequeñas contusiones, qué me dices?

- No los mates, por favor -  dijo un Mike infantil.

- Cómo tu quieras. Sus vidas no valen mucho tampoco. Pero tu decides.

El tiempo volvió a correr su imaginaria maratón. Las voces volvieron. Los gritos, más bien. Entonces chocaron con el quitamiedos, lo atravesaron y fueron colina abajo. La oscuridad siguió.

 

Cuando Mike despertó, vio que se encontraba fuera del coche, tumbado sobre un manto de hojas, sin un rasguño. A sus pies se encontraba el coche siniestrado. Rory  tenia una herida en la sien, pero se le oía respirar de forma entrecortada.

Cuando se acercó al asiento del conductor, vio que Roger tenia la cabeza empotrada entre el volante y la puerta del coche. Un pedazo de cristal le atravesaba el cuello, del cual salía sangre a borbotones.

- Lo siento. No pude contenerme, tenía que matar a uno al menos – oyó que decía una voz a sus espaldas.

Cuando se giró, sintió un vuelco al corazón. Era su amigo Jack Collins. Estaba vivo. Pero su voz era la del teléfono. Su intuición le decía algo que él no quería escuchar.

Al final la realidad le destapó los oídos.

- Esta muerto, Mike.

Mike se le lanzó encima, completamente fuera de sí; pero nada más rozar su piel sintió un dolor intenso en la sien, recuerdos de su vida empezaban a poblar su mente, cada uno peor y mas intenso que el anterior, era insoportable.

- Por favor, para. Por favor, no me hagas revivirlo.

- ¿Revivirlo, Mike? ¿Estas seguro de eso?

- ¿¡Qué?!

- No son tus recuerdos, Mike. Son los de tu hermano.

 

 

 

 

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Estudiante de Filosofia con aspiraciones literarias. Más relatos y pensamientos en mi blog: http://sinpalabras.ghost.io/

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