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4 min
Otro más que le teme a la oscuridad...
Terror |
12.01.15
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Sinopsis

Ahh la oscuridad, cuántas historias hay allá afuera sobre gente que le teme a la oscuridad, más de las que podemos contar. Cuántas son reales y cuántas no son más que visiones provocadas por la mente humana. Quién sabe. Pero el miedo siempre es el mismo...el miedo de que algo te observa. El miedo de que probablemente no verás el sol otra vez...

Si me doy la vuelta, sé que lo veré.
Sé que si giro en mi cama lo veré parado a mi lado, mirándome con sus ojos colgando fuera de sus cuencas, lo veré con su boca abierta literalmente sonriendo de oreja a oreja. Sus encías ennegrecidas y chorreando.

Puedo jurar que escucho su pesada respiración, y no es que él respire de todas formas.
Mi brazo está debajo de mi  abdomen, puedo sentir los calambres subiendo por mi espalda, subiendo por el hombro de mi brazo retorcido, pero no quiero moverme, ni siquiera quiero abrir mis ojos. Mi rostro igual ve hacia la pared y no hacia donde él está. Pero eso no importa.

Algo sube por mi pierna, no es un calambre, a diferencia de mis brazos, mis piernas están libres, algo está mordiendo mi muslo. Mierda.
Maldita sea, hay algo en mi cama mordiendo mi pierna, una hormiga tal vez. No, es algo mas grande. Me duele el pecho, me duelen los pulmones, me duele la cabeza. Quiero rascarme hasta que la herida sangre. Eso estaría bien, mejor que ésta maldita comezón. Pero no puedo, no mientras él esté aquí. Si me muevo...no quiero pensar en lo que pasará si me muevo.

Carajo, ni siquiera puedo mover la pierna y alejar a lo que sea que está masticando mi piel, Auuhg, hay más que uno, puedo sentir otros dos en mi espalda, mierda. Otro calambre está subiendo por mi brazo derecho, creo que si sigo así no podré mover mi brazo en absoluto en la mañana...si es que llego a ver el sol otra vez.

AAAAAuuch, hay tres mas en mi...mi maldita entrepierna. Malditos.
Puedo escuchar su respiración, el aire rancio que sale de sus pulmones podridos. Él quiere que me mueva, apuesto que los malditos que están mordiendo mi piel vinieron con él, bichos que se alimentan de la carne podrida, supongo que la carne de alguien vivo sabe mejor.

Tres, cinco ¡DIEZ! ¡QUINCE!, mierda no puedo más. ¡NO PUEDO MÁS! tengo que moverme, tengo quitarme a esos malditos de encima, tengo que rascar las heridas.
Contaré hasta tres y lo haré, eso es lo que él quiere. Maldito aún puede pensar a pesar de que sus sesos han sido devorados por quien sabe cuántos gusanos. Pero lo haré, no me importa. Esto es ridículo.

UNO...
Escuchó sus tendones crujir, su mandíbula partida se está abriendo.

DOS...
Puedo oler su aliento racio llenando mi habitación como gas venenoso.
Recuerdo los días en lo que mi madre se levantaba en la madrugada para ir a trabajar, ella encendía la luz del corredor y yo veía esa luz, y él la veía y chillaba con un diablo tocando un crucifijo. Y entonces finalmente podía dormir. Pero mi madre murió años atrás y desde entonces cada noche puedo oír los pasos en el silencio de la casa, sus pies carcomidos pisando las tablas de madera, trozos de su piel cayendo sobre todo. Lo sé porque los he visto en las mañanas, pequeños y ennegrecidos trozos de piel y carne, trazos amarillentos por toda la casa hasta mi habitación. Un leve aroma a putrefacción.

AAAAAAAU, MIERDA MALDITOS MALDITOS, puedo sentirlos arrastrándose por todo mi cuerpo, hay uno en mi cuello, pero sé lo que buscan, sé exactamente lo que quieren. No hay nada más blando que los ojos, y después de los ojos viene el cerebro, las venas, mis intestinos. Malditos.
Él espera con los brazos y mandíbula abierta. Finalmente.

TRES...
Él y sus malditos acompañantes se pueden ir al carajo...

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