cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

16 min
PABLO ECHARRI ME AMA
Amor |
24.08.15
  • 5
  • 2
  • 947
Sinopsis

Hasta el amor más imposible puede volverse realidad, con un poco de imaginación, claro.

Mi mamá está enamorada de mi papá, mi amiga Eva de su novio Dante. Evangelina de Palito. Claudia de Maradona (yo digo que sigue enamorada de él), mi gata del gato de la pizzería y así podría seguir con una lista larga pero que en algún momento podría terminarse como se terminan todos los amores que no son verdaderos. Menos el de Pablo Echarri y yo porque yo lo amo y él me ama.

Sí, nadie puede creer que a los 32 años, una mujer como yo, común.

  • Del montón.

Dice mi madre.

Ame y sea amada por el galán de la boca grande y ojos como piletones olímpicos por donde, ciertas noches tórridas de enero yo nado.

  • En sus ojos?

Dice mi hermano.

En los dos. Mi hermano no entiende mucho del amor ni le interesa. A veces me da pena verlo solo en medio de la cocina pelando una mandarina y mirando por la ventana como estalla el mediodía contra el cartel de FLECHA BUS y le digo:

  • Querés que te cuente?

Siempre tira las semillas por la ventana y caen dos pisos más abajo sobre el techo de acrílico de la chica de la planta baja que vive sola y a veces discute por teléfono y dice:

  • Hijo de puta, sos un hijo de puta.

Caen las semillas y después estrangula la cáscara inofensiva de la mandarina con sus dedos finos y largos de estudiante de odontología y dice:

  • Las mujeres están todas locas.

Y eso que a él de chico le gustaba Natalia Oreiro y ahora se hace el que no se acuerda de nada:

  • La que fabrica vestidos?

Vamos. Si le llego a tirar las fotos que guarda en la caja que esconde detrás de la pila que oculta en lo más recóndito de su ropero tal vez tenga una crisis de nervios. Pero yo no soy loca.

  • Cuánto?

Medio kilo de bombones. Todos los que son de fruta y brillan adentro de la caja porque fijate que:

  • Son los preferidos de Pablo Echarri.

Mi amiga Carola dice:

  • Vos cómo sabés?

Le digo que lo sé y punto. Como ella sabe cuando su bebé tiene calor o cuando está aburrida y quiere ir a la plaza. Yo la acompaño, a mí no me molesta siempre y cuando podamos hablar de Pablo Echarri.

  • Y entonces?
  • Hasta qué parte llegamos?
  • Hasta donde vos lo esperaste a la salida del canal.
  • Ah, falta un montón.

Eso fue hace mucho y hace poco relativamente. Cuando yo todavía temía que nuestro amor no fuera mutuo y recíproco, no siempre supe que Pablo Echarri me amaba aunque la convicción la tenía pero era como un presentimiento de esos que pueden ser o no pueden ser como la vez con los chinos que le dije a mí mamá:

  • Olvidate del atún, hagamos la tarta de jamón y queso.

Y después pasó eso de que asaltaron y cuando el chino se quiso defender con una botella rota le pegaron cinco tiros y ahí quedó el señor de origen coreano o taiwanés, nunca se lo preguntamos, tirado en medio de un enorme charco de sangre como un muñequito MADE IN CHINA, los brazos bien abiertos y en los pies esas ojotas raras que cuando mi hermano se las pone parecen de acá y cuando se las pone un chino parecen importadas. Al parecer el chino era soltero porque no vi a ninguna mujer llorarlo, en el fondo no me dio pena porque él no conocía a Pablo Echarri o mejor dicho no sabía que ese actor de la novela que miraba a la noche después de cerrar, era Pablo Echarri.

  • Pabbblo Echaurri?

Dijo una vez que se lo señalé con el dedo desde afuera porque él ya había bajado la cortina.

  • Leticiau Bredichis.

Dijo señalando al malogrado personaje de Verónica San Martín, esposa de Andrés Bilbao. No me quiso abrir pero hablamos por la ventanita de la cortina metálica y se rió cuando quise explicarle que ese actor era el amor de mi vida.

Lo que me gusta de que se haya muerto es que tenía la uña del dedo meñique ancha y gruesa como un palito de helado que una vez encontramos al costado de la cocina y estaba marrón oscuro y lleno de grasa. Ese día mi mamá dijo:

  • Basta de milanesas fritas.

Me dio bronca el chino pero no le deseo la muerte a nadie y mucho menos a alguien que está tan lejos de su país y será enterrado en un tumba con un nombre que nadie entiende entre otros nombres que todos entendemos y será cada uno que se pare delante de su tumba fruncirá el ceño:

  • Wuan…

O como demonios se llame aunque nosotros le decíamos CHINO y mi hermano que es bromista lo llamaba CHANGO.

  • Qué hacés, Chango?

La cosa que al otro día vino otro chino y abrió como si no hubiera pasado nada. Yo no sé quién limpió la sangre pero seguro que fueron los de la municipalidad.

  • No tendrás poderes paranormales?

Eso dice mi tía en la sobremesa del domingo que le toca venir a casa (una vez por mes).

  • Más que suficiente- dice mi papá.

No se sabe si se refiere a la cantidad de ravioles que mi mamá le sirve en el plato o a la cantidad de veces que viene mi tía a visitarnos.

 Yo no le digo nada pero sé muy bien que mi papá la patea por debajo de la mesa y mi hermano dice:

  • Cortenlá con eso.

Celos me tienen porque soy una mujer amada por Pablo Echarri. Y encima cumplimos años el mismo día: 21 de septiembre. Es por eso que me llamo Flor.

  • Y que estás brotada.

Eso dice mi hermano y mi papá le empuja el hombro con la mano abierta, mi hermano cierra el pecho como un libro y se ríe.

  • Es la verdad.

Mi mamá no dice nada. No es que a ella le guste Pablo Echarri.

  • Es un nene para mí.

Pero de chica estaba perdidamente de Anthony Queen.

  • Un puto- dice mi papá.

Entonces ella sabe lo que es amar de verdad.

  • Pero tampoco me iba a volver loca por él. Imaginate la lista de enemigas que iba a tener con un marido como ese- dice.

Y no se equivoca. Yo lo pensé mil veces y hasta tengo un cuaderno Gloria donde escribí uno por uno los nombres de mis enemigas.

  1. Nancy Duplá (es la número uno por razones obvias).

Esa la escribí con la compu, recorté el nombre y lo pegué sobre el cuaderno. Quería distinguirla del resto para que quedara bien claro el nombre de la REINA de mis ENEMIGAS.

  1. Victoria Onetto.
  2. Paola Krum (resaltada con fluo amarillo)
  3. Andrea del Boca.
  4. Carolina Papaleo.
  5. Araceli Gonzalez.
  6. Natalia Oreiro (resaltada con fluo amarillo)
  7. Leticia Bredice (nunca la consideré peligrosa pero integra la lista).
  8. Cristina Fernández (sí, la presidenta).

Hay otras pero estas son las principales. Con cada una de ellas tuve mi propia batalla personal aunque yo fuera chiquita, mucho más chiquita que Andrea del Boca, ya la intuía como mi enemiga.

  • Por qué no te buscás un amor de verdad?

Dice mi amiga la madre de la bebé que llevamos a la plaza. Yo soy la madrina y le pusieron Morena.

  • No le digamos al Turco que es por la hija de Pablo.

El Turco es el marido y trabaja en Google donde lo llaman Adrián Asdajian. No es feo pero por suerte la nena salió igual a Carola que se parece un poco a Leticia Bredice. La bebé ya camina pero no habla. Cuando Carola me la deja para que se la cuide yo le enseño a decir: PABLO.

  • Pppppp…

Dice. Cuando se lo muestro en la tele o en el archivo con más de 300 fotos que tengo en mi tablet sonríe y dice:

  • Pppp…

A lo mejor cree que Pablo Echarri es el padre porque un poco se parece al marido de Carola. Es decir, Adrián Asdajian es como una fotocopia mal hecha de una mala foto del amor de mi vida.

  • Son iguales en lo blanco del ojo- dice Carola.

Una vez me presentaron a un amigo de Adrián, un compañero de trabajo de Google que sabe mucho de tecnología y que estuvo dos veces en Estados Unidos, tres veces en Europa,

  • En Chile ya ni me acuerdo cuantas veces estuve.

Y una vez en París, para una navidad.

  • Mirá, así es París cuando nieva.

Comimos pizza y tomamos cerveza (s).

  • Otro fernecito?

Carola dice que NO con un gesto pero Adrián se ríe y dice:

  • Dejala.

El amigo un pelotudo pero algo tenía de Pablo en la forma de acomodarse el flequillo, como el gesto de familia, de esos que se hacen aunque se hayan visto tres veces en la vida.

  • Lo viste?

Era obvio que Carola quería que me enamorara del amigo de su marido. En esa época estaba embarazada y vomitaba diez veces por día. Igual yo me acosté con él porque todavía no estaba blanqueado lo mío con Pablo.

  • Y nada… hacé de cuenta que nada.

Un hombre que nada arriba tuyo, que te chupa por todos lados y que ejerce el sexo como quien califica para un trabajo.

  • Sos linda.

Y ahí fue mi sonrisa como para la foto del pasaporte, apenas esbozada, como una mueca, una ironía, algo que encierra el concepto de:

  • Algún día seremos viejos decrépitos y no va a quedar nada de esta cara.

Carola no insistió con el amigo del marido, bastante tenía en ese momento con la nena y el reposo que le dio el médico.

  • Hay que esperar que se agarre bien.

Como una garrapata o como un cáncer. O como la pintura de la puerta de calle que ni bien hay un poco de humedad,

  • Se descascara.

Lo notable es que de la lista de mis enemigas solo quede Nancy Duplá y la presidenta de la Nación porque las otras ya renunciaron a él y se fueron buscando otros hombres, otros amores pero en el caso de Cristina se le murió el marido y quedó viuda y sola. Sin embargo no habría ningún impedimento para que reiniciara su vida con Pablo Echarri con lo que Nancy Duplá se convertiría en mi aliada, mi barra de protección, mi antivirus para evitar que Pablo corra a sus brazos a consolarlo.

  • Después de todo es la presidenta, el poder lo tiene.

Eso se lo dijo mi hermano a mi mamá en otro contexto pero yo lo entendí un poco por ese lado. Tal vez fue el detonante para apurar las cosas y salir del estado INVISIBLE para pasar al estado CONECTADO. Algo así.

  • La culpa es tuya.

Mamá no piensa en lo que dice porque en definitiva ella es una cobarde que nunca se animó al verdadero amor y se quedó con un marido que a veces la mira, le frota un poco la mejilla con el dorso de la mano, le sonríe y le dice:

  • Tás linda…

El amor de Anthony Queen y el amor de mi papá es como comparar un Guernica con una estampita de Santa Catalina. No es que yo tenga algo en contra de Santa Catalina, una vez le pedí:

  • Por el amor de Pablo Echarri.

Pero en ese momento no pasó nada. A veces los santos son así. Mi hermano es seguidor de San Expedito y cuando no le cumple se enoja con él y dice:

  • Ahora que se cague de infeliz.

Y lo pone boca abajo en la mesa de luz. Antes yo le tenía miedo y cuando él no me veía lo ponía de nuevo en su lugar de estampita pero un buen día me cansé,

  • Después de todo no es mi santo.

Mi papá no cree en nada. Ni siquiera cuando se murió su hermano le pidió a Dios. Lo vio en el hospital todo deshecho, parecía un muñeco roto, no se lo podía abrazar de tantos cables que le habían puesto.

  • Ves, hija? Si Dios existiera mi hermano no estaría así.

Pero al otro que iba en el auto no le pasó nada y la mujer no hacía más que llamar a casa para preguntar por Darío y decir:

  • Gracias a Dios mi marido no tiene nada. Es un milagro.
  • Es una pelotuda- dijo mi papá.

Por dos semanas no nos dejó atender el teléfono, hasta que su hermano murió y entonces mandó a retapizar el sillón del living y se anotó en un taller de carpintería. Mamá dijo,

  • Dejalo, ya se le va a pasar.

Y un día se le pasó porque no habló más del tema y siguió igual de ateo.

  • Cada uno es como es.

No todo el mundo cambia de vida con una cosa así. Algunos siguen viviendo como si nada.

  • Hoy le toca a él, mañana me toca a mí.

En cambio Cristina hizo tal espamento que me dieron ganas de vomitar. Después de todo es el ciclo natural de la vida: se nace, se vive, se muere. Un vagabundo o un ex presidente, tanto lío.

Ahí empecé a temer por el amor de Pablo Echarri. En realidad me abrió los ojos Carola:

  • “Esta” ni bien te descuides te lo va a robar.

El marido se rió y después discutieron porque ninguno de los dos quería ir a comprar pañales. Y yo tampoco quise ir.

La idea comenzó a rondarme en la cabeza como una de esas ideas recurrentes que van y vienen ida y vuelta por la misma calle angosta y ni se molestan en pasar por la vereda.

Era hora de blanquear nuestro amor. Ya había pasado lo del chino, la nena de Carola había empezado a caminar y mi hermano estaba saliendo con una maestra de inglés que había conocido por el face.

Yo sabía donde era Telefé, había ido varias veces a esperarlo a la salida de las grabaciones pero jamás juntándome con el montón, yo siempre aparte, distinguida. Yo sabía todo de su vida y hasta la marca de su auto.

Le dije a mi mamá que ese día iba a volver tarde,

  • Voy a salir con un amigo.

No me preguntó qué amigo porque total,

  • Está grande y que salga con quien quiera con tal de que salga.

Si digo que fue difícil, miento. Con un par de billetes convencí al guardia de la puerta y me dijo a qué hora salía Pablo.

Había otras personas por ahí pero para mí eran todas iguales. No lo había visto a Hernán.

Esperé varias horas sentada en la parecita que rodeaba uno de los árboles de la calle Asunción al 900 frente a la enorme puerta de chapa.

En ese interín entraron y salieron varios famosos pero a todos los miré con indiferencia. Hernán se sentó al lado mío:

  • Puedo?

Tenía un jugo de manzana en la mano.

  • Esperás a Pablo?
  • Cómo sabés?

Ahí lo miré bien. Nada que ver con Pablo. Era rubio y tenía unos rulitos tan bien formados que parecían un dibujo. La cara rosada, un poco rubicundo, unas manos enorme y las uñas bien cortadas.

  • Y vos?
  • Trabajo acá a la vuelta pero me gusta ver entrar y salir a los famosos.

Salía a fumar, salía a comer y se quedaba un rato por ahí. Tenía una voz un poco finita pero sonría mucho. Lo mejor de Hernán es su sonrisa pero también sus bizcochuelos de naranjas y esa angustia que le agarra los domingos cuando a mí me gusta sacar del cajón el papelito.

  • Si querés no lo saco más.
  • No me molesta, es tu vida.

En punto salió Pablo Echarri y sin pensarlo me paré delante de su auto. El guardia se sobresaltó pensando que yo era una chica loca que iba a matarlo y él tendría que dar explicaciones. Pero Pablo lo frenó con un gesto.

  • Está todo bien.

Abrió la ventanilla y me miró.

  • Hola… ¿querés un autógrafo?

Dice no con la cabeza y saqué el papel en blanco y la birome. El papel tenía el membrete de la oficina donde trabajaba mi papá pero el logo era lindo.

  • Escribí lo que te voy a decir y tu firma. Por favor…

Nadé en sus ojos marrones y él me sonrió con todo el cuerpo. No le pareció una mala idea.

Apoyó el papel en un libreto que tenía en el asiento de al lado y con una hermosa letra escribió lo que le dicté:

“Te amo.” Firmado: Pablo Echarri.

  • Nunca conocí a una mujer tan valiente como ella.

Eso lo dijo Hernán en el civil cuando nos casamos.

Yo no quería pero él insistió y todos aplaudieron.

  • Sos una loca con suerte.

Dijo mi hermano y me abrazó. Hernán tiene una gomería en el barrio y una vez Pablo Echarri le llevó su auto para hacerlo alinear y balancear. Me lo dijo mucho después pero no me enojé. Vivimos en un departamento bastante grande cerca de Telefé. Cuando llega me grita:

  • Nancy, llegué…

Y yo le contestó.

  • Hola, Pablo…

Nos abrazamos, nos besamos y dormimos todas las noches tomados de la mano.

No se parece en nada a Pablo Echarri pero me ama igual que él.

  • Más que él- dice Hernán.

Y yo lo beso y no le digo nada. Para no desilusionarlo.

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta