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4 min
Panyagua
Varios |
16.05.21
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Sinopsis

Eran como las tres de la mañana, más o menos. La noche estaba fría, pero el fuego del brasero encendido nos mantenía un tanto acalorados... [El cuento es ficción, pero basado en un hecho real, según me contaron siendo muy chico]

Eran como las tres de la mañana, más o menos. La noche estaba fría, pero el fuego del brasero encendido nos mantenía un tanto acalorados. Aunque para ser sinceros, quizás la caña que estábamos tomando, desde temprano, ofrecía ese efecto y algún otro.

Estábamos varios compadres comiendo un asado, dos tragos de aquello y alguna cosa más. Un vino tinto, arrimaron temprano, y nos prendimos hasta terminar la damajuana de diez. No éramos más que seis, pero todos de buen beber.

Cocinamos un cordero en el tatacuá1. En el brasero unas cuantas batatas hicimos para acompañar.

El viejo Panygua soltó una suerte de confesión, que parecía mentira, más su cara turbada, nos convenció de que era la más pura verdad. Y, además, quedó claro que fue la primera vez que contaba el asunto que lo tenía mirando, desde temprano, el tatacuá.

Como capataz yo solía, cada sábado a la noche, pagar a los peones. La mayoría salía hasta el pueblo a gastarse los jornales, pero los más viejos aguantaban y se quedaban a cenar y compartir historias. Ese sábado, nos quedamos los cinco más veteranos y yo. Temprano adobamos la carne y doña Elmira nos dejó unas chipás y pan casero con chicharrón.

Don Panyagua hacía apenas un mes que paraba en la estancia, y, en general, no se había quedado, aunque tampoco iba al pueblo a gastar el dinero en mujeres, ni en nada. Sólo desaparecía hasta el domingo a la noche. En realidad, estaba algo viejo para las juergas, pero... Esa noche, supimos de una gran comilona de este hombre.

Hacía frio y con gusto comimos el cordero que estaba crocante, gustoso. Entre trago y trago, don Panygua soltó las primeras frases: "Pensar que después supe que Orosindo nada había hecho con la mujer de Huberto. Pero fue tarde, lo habíamos comido y ya..." Todos paramos la oreja. Nos miramos, sin entender nada. Nos mirábamos y mirábamos al viejo que parecía sonreír con cierto disimulo, o con vergüenza. Era rara su expresión. Quizás la nuestra también, pues el veterano nos miró, uno por uno, y dijo: "Les voy a contar sobre lo que un día, cociné en el tatacuá..."

El Enrique, mi mano derecha en la estancia, se acomodó un poco más, arrimó unas leñas y sirvió los vasos con más vino.

̶ Huberto era un amigo que tenía en mi juventud. Ambos salíamos a todas partes y en una, él se consiguió mujer, y yo también. Pero como todo joven, esas eran cosas poco serias. Sin embargo, Huberto se enamoró de un guaina del pago vecino. Los sábados íbamos al pueblo y él apuraba el trago y salía a pasar la noche con ella. Una de esas veces, él volvió temprano. Le contaron que la muchacha estaba bailando con otro, y que toda la semana los habían visto juntos. La rabia lo carcomió –contó don Panyagua.

̶ ¿Y entonces...? –pregunté, aunque algo me decía que la cosa no seguía bien, en ese relato. Y tardó un rato en continuar.

̶ Y bue... Éramos compadres y para bien y para mal. Sin pensar dos veces, seguimos al tipo que creía él era el amante de su novia, el Orosindo. Le dimos un palazo y lo secuestramos. Lo tuvimos medio día encerrado en un galponcito de una estancia. Llegó la noche y...

̶ ¿Y qué? ¿Qué pasó? – no se aguantó Enrique y le pidió que continuara, con las manos, con gestos muy claros.

̶ Ya les digo, éramos muy jóvenes y muy atolondrados. Lo partimos en trozos y lo pusimos a cocinar en el tatacuá cercano al galponcito. Lo cocinamos al tipo y... Y en medio de la bronca, mi amigo Huberto comió partes de la carne. Yo no pude, no pude. Y desde entonces, no como carne asada en tatacuá, sólo pan y chipá.

Pedro Buda

2016

 

1Horno de barro. El nombre viene del guaraní Tata(fuego) y Cuá (cueva).

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  • Bien Walter! Historias en nuestros fogones hay millares y tienen ese encanto, a veces ese horror, saben confundirse las realidades y las ficciones. Un gran abrazo.
    Desde luego se te quitan las ganas de comer carne, un saludo
    Muchas gracias por los comentarios Mario, José y Valentino. Gracias por leer y, además, comentar.
    Me ha encantado el modo de introducir el terror en la narración, como quien no quiere la cosa. Escalofriante, sin duda
    Muy interesante, y escalofriante, el horror irrumpe en lo cotidiano campestre... saludos...
    Bien narrado. Saludos
  • -Bueno, algunas veces responden, en realidad casi siempre dicen cosas, escriben cosas. Y me contaron que en ese/este mundo en el que están, un suspiro pueden escribirse en cientos de páginas en blanco, una sonrisa en un centenar de libros, una palabra dicha por un enamorado puede sumar varios volúmenes de páginas… Cosas así.

    Cuando te llaman y no podes hacerte el distraído...

    Eran como las tres de la mañana, más o menos. La noche estaba fría, pero el fuego del brasero encendido nos mantenía un tanto acalorados... [El cuento es ficción, pero basado en un hecho real, según me contaron siendo muy chico]

    Recuerdo perfectamente cómo llamó mi atención una portera que vi, una mañana que recorría un camino en mal estado. Era una ruta provincial que ciertamente necesitaba ser reparada.

    Quizás muchos conozcan sobre la vida, allá ité, en las tierras de las largas siestas e interminables tererés; pero supongo que todos no. Por eso les acerco estas narraciones de don Arturo, un viejo conocedor de la zona y sus pormenores.

    Este texto lo escribí en estos tiempos de cuarentena, tras leer algunas notas periodísticas y utilizando ese tiempo de ocio que nos permitió escribir, un poco más, sin el apuro que conlleva nuestra vida en tiempos "habituales", por decirlo de alguna manera.

    Hay lugares vinculados a situaciones que nos marcaron de por vida... Este cuento está basado en lo que me contó alguien hace tiempo atrás...

    Me dijeron que escribiera, que escribiera un informe de la situación para dejar un registro para los seres del futuro… Ese sería el legado de los que ellos llaman “Human”

    La Comisión Vecinal del Pueblo El Edén propondrá incluir como parte del patrimonio de la Comisión la motocicleta del P. Luis, quien fuera el celebrante en nuestra capilla, los domingos, durante muchos años de este siglo.

    “Esto es cuestión de cambiar de rutina. No hay otro modo de vencer… Repito -insistió- esto es cuestión de cambiar de rutina”.

Me considero un escritor pues parte de mis días están dedicados a esa actividad. Crear o recrear situaciones y personajes es un trabajo que disfruto realizar. Firmo como Pedro Buda. También produzco el programa "Página en Blanco", escuchalo en Ivoox.

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