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5 min
PARA SIEMPRE SU AMIGO
Reflexiones |
09.01.20
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Sinopsis

Conocer la luz, pero la luz cotidiana, de todos los días, porque nunca en la vida pudiste usar los ojos, ¿quién puede explicarlo ?

 

       Una estampida de potros eléctricos galopó sin freno por las plomizas pampas del cielo.  

       Si eran plomizas no lo sabía. Se encontraba sentado frente a la ventana, y el eco de los truenos rebotaba dándole una definición vaga del caserío al pie de la lomada. Él veía con sus oídos, así decían los médicos.

       Le decían que su oído era tan agudo como el de un animal nocturno. Pero éso no le bastaba. había soportado veinticinco años de ceguera. Demasiado tiempo para vivir como un topo en su infancia, y después como un murciélago. Aunque su oído fuese tan fantástico, no deseaba seguir así. Quería saber qué era eso que llamaban color, percibir cosas como el "alba", el "crepúsculo. ¿qué diferencia habría entre el día y la noche? Para él todas las diferencias eran de temperatura, intensidad de sonido y algo así como... distintas densidades en el aire, haciéndolo más espero o pesado, más libre o liviano, afectando la resonancia de los ecos. La luz, las estrellas, las nubes, la luna, el Sol, ¿cómo serían? ¿cómo sería "verlos"?

       Se había sometido a una operación que corregiría, según los facultativos, un ligero defecto de nacimiento. Se aseguraba que la intervención le devolvería la vista.

       Mañana le quitarían las vendas, y sabría si sus ojos atraparían la luz o seguirían siendo dos esferas de mármol muerto.

       Transcurrió la noche, mientras la retumbante tormenta le daba el eco de las casas y el campo, y el tranquilo sonido del reloj le mostraba la habitación.

       Tuvo un sueño de ecos y formas táctiles, y en la orilla de la mañana se encontró sentado, esperando que el médico actuara, como dispuesto a saltar desde una montaña.

       Una tras otra las vendas cayeron, se sintió parpadear y sus ojos percibieron ecos silenciosos, finos y rectos.

       ---¿Puede ver las rendijas de la ventana ? ---Preguntó el cirujano.

       ---¡ Sí ! ---se atragantó---. Aunque no sé cómo describirlo.

       ---Cálmese, ahora encenderé una vela, para que se vaya acostumbrando. Usted quédese quieto. Todo pasará sin que usted haga nada.

       De pronto, le llegó un grito silencioso y agudo, que se desparramó por todo el cuarto mostrándole hasta el menor detalle. Percibió frente a él algo así como una forma cilíndrica y bulbosa, que por momentos se dividía en dos, y trató de identificarla con el médico.

       ---Ya veo ---rió éste---, tiene que aprender a controlar los músculos oculares.

       Después, un trasteo sonó por el lado de la ventana... ecos, reflejos... le costaba diferenciar. La habitación fue inundada por un aullido intenso, lívido y también silencioso. Casi lo hizo sentirse mal. Dominó el temblor de su cuerpo y trastabilló hacia la ventana, esquivando de alguna forma al cirujano que trataba de contenerlo.

       Suspendido allí, aferrado a algo que sus manos reconocían como la baranda del balcón, percibió el prado y las casas relucientes por la lluvia pasada. Sintió ecos cristalinos, finos y puros, pareciendo silenciosos tintineos, ramificándose en graduaciones infinitas.

       Era un entorno inmenso, vertiginoso, integrado y conformado por sutiles ecos de liras y arpas silenciosas, fusionándose y asociándose entre sí en una perfecta sinfonía de formas.

     En ese momento supo lo que era la luz y el color. Pero faltaba algo más, porque dominándolo todo con un aullido tonante y aterrador, desde arriba alguna cosa le golpeó el cerebro, la mente. ¿El Sol? ¿Era el Sol? Lo supo apenas sus ojos lo rozaron fugaz y dolorosamente. Era algo parecido al retumbante trueno, que le daba una audición de las casas circundantes, pero mucho más intenso, pues el poder de ese eco, mejor dicho de esa luz, le proporcionaba imágenes y texturas desde una distancia inmensa. Podía percibir gentes empequeñecidas por la perspectiva, mientras a su alrededor, al conjuro del Sol, se elevaba un concierto de luces diferentes, Eran algo así como los diferentes aromas, o sabores de la luz, es decir, eran los colores.

       Se tambaleó fatigado pero borracho de alegría. Abrazó al médico entre carcajadas, mientras éste lo llevaba hacia una silla.

       Esa noche soñó con algo más que sonidos y bultos y olores. Vio un globo titánico y tremendo que esparcía vida, pájaros, vientos, veranos, y era para siempre su amigo.

                                                                                                                                                                                                                           oooOOOooo

                                                         

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

       

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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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