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5 min
Parroquia
Terror |
16.04.15
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Sinopsis

El punto de la desesperación se presenta, no sabes a dónde correr. No entiendes porque pasan las cosas ni tampoco porque te pasan a ti. De alguna forma sobrevives y tienes que comentar lo que viviste. ¿De qué manera comenzarías tu historia?

En la parroquia de san Benito vivía el cura  José. De cariño las personas le decían el cura Chepito. Llevaba muchos años en la parroquia, quizá unos quince aproximadamente. Todo el pueblo le tenía respeto, porque era un hombre serio y a la vez divertido. Podía brindarte confianza a tal punto que podías confesarle tus más oscuros pecados sin remordimiento alguno. Era un hombre extraordinario. La parroquia tenía la costumbre de recibir estudiantes que se preparaban para ser sacerdotes. Se recibían unos veinte estudiantes, que tenían derecho a hospedaje, comida, y útiles.

Por años algunas personas comentaron que de cada grupo de estudiantes que ingresaba a la parroquia para estudiar, uno desaparecía. Contaban de un tal Juventino que ingresó a la parroquia para estudiar y veinte días después de su ingreso desapreció. Estas personas decían tener la lista de todos los jóvenes que se habían extraviado en el tiempo que la capilla prestó ese servicio. Parecía increíble; pero ellos nombraran a casi veinte jóvenes extraviados, y lo más curioso era que ninguno de ellos habían sido reportado como desaparecido ante las autoridades. Era como si se los hubiera tragado la tierra. Nos dimos a la tarea de hacer esta investigación junto con un amigo, para desenmascarar todos estos rumores. Obtuvimos la lista de los nombres de los jóvenes desaparecidos y comenzamos la indagación del caso. Logramos tener una entrevista con el cura Chepito, el cual se portó amable, benevolente, y amistoso.

Las monjitas que habitaban en lugar, aseguraban no saber nada con respecto a esos rumores, mientras que el cura Chepito nos comentó el origen de los díceres de la calle. Él nos comentaba que a lo largo de los años, algunas personas se habían resentido, porque a sus hijos o nietos, se les negó la oportunidad de estudiar dentro de la parroquia. Eso los llevó a inventarse cosas fuera de lugar, con tal de desprestigiar a dicha parroquia. “Es una mentira bien elaborada de la gente, para insinuar que las personas pueden desaparecer por arte de magia” nos comentaba Chepito. Recorrimos todas las instalaciones y Chepito nos llevó a cada salón donde un día se impartieron las clases. El lugar era extenso en toda la palabra. Tenía muchos pasillos y lugares tétricos. El ambiente interno no era muy agradable que digamos. Podía sentirse esa nube de incertidumbre dentro de cada aula y habitación en la que entrábamos. Algo dentro de mí decía que nos estaban ocultando algo. Llegamos por fin a un tipo de sótano, Chepito nos comentó que ese lugar era donde almacenaban los alimentos no perecederos que la iglesia ocupaba para sus inquilinos. Nos invitó a pasar y cuando entramos, el ambiente se volvió oscuro y perturbador.

En cada esquina de la enorme bodega podían escucharse gritos tenues de niños y personas adultas. No sé si era mi imaginación o si en verdad mi oído las percibía; pero me estremecía el solo hecho de imaginármelo. Llegamos a una pared muy áspera y algunos nombres estaban grabados en ella. Le preguntamos a Chepito que significaban esos nombres y él nos dijo que eran los nombres de los anteriores sacerdotes. En forma de chiste le dije que era muy conveniente tener un cementerio bajo nuestros pies; pero al parecer esto no le causó mucha gracia al cura Chepito, ya que me dijo que temerle a los muertos, era como decirle a Dios que no queremos ir al cielo. Le pedí disculpas por mi comentario, él solo me sonrío y me dijo que no había nada que disculpar. Dentro de la bodega había un gran pasillo que tenía puertas en sus costados, le insinué a Chepito que si nos podía mostrar ese lugar y él con una mirada escalofriante nos invitó a que pasáramos. Siempre me arrepentiré de ese comentario, nunca lo podré olvidar,  lo llevaré tatuado en mi vida.

Caminamos lentamente por el pasillo y de un momento a otro se me nubló la vista. Despertamos atados a unas camillas de hospital. La luz era tenue y habían pequeñas mesas que tenían trastos con bisturís, tijeras, hilos y todas esas herramientas que utilizan los cirujanos para hacer su trabajo. Se me heló la sangre al voltear y ver a mi compañero que tenía unas enormes pinzas que abrían su pecho dejando a la vista sus costillas, músculos e intestinos. Sus piernas habían sido removidas con una cierra y sus brazos arrancados brutalmente. Su cabeza ya no estaba y una parte de sus intestinos colgaba de la mesa. Una enfermera ingresó y recogió lo que estaba en el suelo, se acercó a mí y me dijo en voz baja: “Todo estará bien, no te dolerá mucho”. No sé qué fue lo que pasó después de eso. No sé como llegué hasta aquí. Pero doy gracias a Dios por haberme dejado con vida, aunque me hagan falta mis extremidades y ya no tenga un riñón.

P. Cardona    

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  • Sueño*, perdón.
    Me he dado cuenta que ''Un suelo vívido'' no es el primero que te he leído. El primero fue ''Gula''.
    Como ''Un sueño vivido'' (el primero que te he leído), unas descripciones excelentes. Se te da bien ambientar. Esta historia me ha gustado más, tiene un final más concreto (el otro lo malo es que es un final demasiado abierto que no lleva a ningún lado). El recorrido hasta ese final es intrigante y terrorífico a la par que escalofriante debido al viaje que hacen los dos investigadores por los pasillos y salas de esa parroquia, acompañados de un agradable cura que tal vez no sea tan bueno. Finalmente impactas con un final macabro y sobrecogedor. Un saludo.
  • ¿Qué harías por la persona que amas? ¿Estarías dispuesto a olvidar por amor?

    A veces solo basta una mirada para saber que es lo que siente el corazón. Quizá alguno de ustedes asimile esta historia a un acontecimiento que conmovió al mundo.

    No es una historia sencilla. No es un cuento ficticio. No es algo que me inventé. Es algo tan real como tu respiro de la mañana.

    Si tuvieras el privilegio de ver espectros o cualquier otro ente, ¿Vivirías tranquilo?

    Si te encontraras en una camilla, atado y desesperado ¿Qué pensarías?

    ¿Sientes que te mueres en los sueños? ¿Sientes como la vida se te escapa? Quizá sea una respuesta a tantas preguntas sin resolver...

    Si fueras una criatura indefensa que solo ve el sol durante las mañanas, porque resplandece e ilumina toda tu habitación ¿Qué harías si un día ves el infierno de cerca?

    Si este fuera tu último día sobre la tierra ¿Qué harías?

    Bienvenidos sean ustedes al gran final de la historia “LA CÁMARA PERDIDA” publicada en este espacio desde la semana pasada. Es un gusto y un placer para mí llevarlos de la mano para que vivan las emociones que nuestro protagonista está a punto de vivir. Disfruten de este gran final y de ante mano nuevamente, muchas gracias a todos por su paciencia y su lectura.

    Aquel hombre había pagado todo para nuestro protagonista. ¿Quién era aquel hombre misterioso? ¿Tenía algún interés sobre el contenido de la cámara? Veamos que fue lo que sucedió después de bajar del taxi.

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Soy una persona que disfruta redactar historias cotidianas y un poco extrañas. A veces están en mi mente y otras veces en el ambiente.

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