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4 min
Pase lo que pase (Reflexiones de un demente. 2)
Reflexiones |
09.12.13
  • 3
  • 2
  • 1110
Sinopsis

Déjame decirte…

No quiero que estés aquí. Quiero que salgas y dejes de hablarme. ¡Y no me mires! No soporto cuando me miras. Tu cara me da pavor. Ni siquiera sé si tienes cara. Siempre está oscuro. Vienes de la oscuridad y allí deberías estar…Y allí es donde estoy.

Los golpes en la cabeza han dejado de darme resultado. Antes conseguía contenerlo, aunque sólo fuera por cortos períodos de tiempo.  Ahora, ni los gruesos muros de cemento contra los que estampo mi cráneo, logran acallarlo. En ocasiones, sale un instante para lanzarme alguna de sus repugnantes miradas, pero regresa una y otra vez a su cobijo. Las noches se hacen infinitas con su presencia, teniendo que soportar sus palabras, que cada vez resultan más retorcidas. Durante el día, debo de parecer un zombi o un vampiro, al que el mínimo rayo de Sol lo deslumbra. No quiero ni mirarme al espejo, porque el reflejo me mostrará su rostro. Y eso me aterroriza.

Por supuesto que no lo voy a hacer; bastante tengo con soportarte, como para que ahora me des órdenes. Ella me quiere de verdad, tú sólo pretendes dañarme. ¿Cómo quieres que me plantee tal atrocidad? Ni se me pasa por la cabeza. A ti es al que no quiero aquí, así que largo.

La observo mientras duerme plácidamente, tan abstraída del mundo que casi parece un bebé. Tiene un brazo fuera de la cama y me acerco para arroparla. Últimamente, el frío es insoportable. Si no la abrigo, enfermará. No podría perdonármelo. Le aparto un mechón de pelo del rostro y contemplo su preciosa cara angelical. ¿Con qué estarás soñando?

Sea lo que sea que haya hecho, nada justifica lo que me estás pidiendo. Sí, pero a veces la vida es injusta. Yo también le he gritado en alguna ocasión, esa no es razón. No me mires de esa forma…tú no has convivido con ella todos éstos años. Tú has llegado hace poco, no sabes nada. ¡Deja de mirarme! ¡Sal de ahí!

Utilizo las manos para golpearme la cabeza. Primero una y luego las dos a la vez. Pero se mueve en el interior de mi cerebro y no logro acertar. Si mi mujer despertara ahora y me viera, pensaría que estoy loco. Ahora lo siento cerca del conducto auditivo, susurrándome horrendas peticiones mientras acuchilla mis tímpanos. Debo sacarlo de ahí como sea. Cuando me dispongo a ir a la cocina para coger un cuchillo y extirparme el molesto huésped, él parece percatarse, puesto que siento un pequeño alivio. Supongo que leerá todos mis pensamientos, y se resiste a dejarme. Comprendo ahora, que no tengo elección. Debo acatar sus peticiones, o de lo contrario me atormentará tanto como le sea posible.

¡Está bien! No puedo más…si ha de hacerse se hará, pero debes  ayudarme. Tú me has metido en esto y los dos lo terminaremos.

La almohada resulta pesada en mis manos. Es como si estuviera fabricada de acero. Pero pronto la dejaré caer y me desharé de todo el peso. Necesito observar su delicado rostro por última vez. Adoro su piel suave y oscura y sé, que dentro de poco palidecerá hasta parecer un fantasma. Aprovecho para echar un último vistazo a las formas que su cuerpo crea bajo las sábanas, unas deliciosas curvas que me han fascinado durante años. Será rápido, cariño. No te dolerá.

Todavía no, aún se mueve. ¿Por qué patalea de esa forma? Dios…me da escalofríos. Ya parece que se cansa. Si, ha dejado de moverse. Menos mal, por un momento creía que me volvería loco si seguía viendo esos horribles espasmos. Aflojemos la presión. No me atrevo a mirarla ahora, dejemos que la almohada le cubra el rostro. Ya está terminado. Ahora que he cumplido tu voluntad, ¿no te irás verdad? He hecho lo que me has pedido, lo hemos hecho juntos. No me dejes sólo, te lo ruego. ¿Estarás conmigo pase lo que pase?

Pase lo que pase…

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