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3 min
Pasión de atardecer
Reflexiones |
27.08.15
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Sinopsis

Soy parte de una tribu perdida, sometido como aquellas de Israel. Sin tierra prometida, no tengo más guía que mis sueños, mis anhelos y mi corazón. Anclado a la mesa miro el jardín y la fantasía me lleva a recorrer el mundo, como así también mi interior. En él reencontré a mi alma y en el orbe a otros que comparten esta locura, esta fiebre que no cesa y estas ansias que me consumen.

Mi instinto me lleva a divagar sin ni siquiera conocer la dirección ni los motivos, por eso me someto a la guía de maestros  y a los consejos de amigos. Sus visiones distintas, aun las sutiles o sin ciencias, me sorprenden y castigan mi vanidad. Me muestran tan diferentes puntos de vista que, maravillado, me obligan a la humildad.

Los recorro como si fueran versiones paralelas, divergentes o, como un brote inesperado, que crece desde el tronco que he plantado. Las reflexiones consecuentes a veces me aturden, otras, me confunden, pero siempre me enseñan.

Nunca imaginé un epílogo como este para mi vida. Ella se fundamentó en el cariño y en el dolor, en la pericia y en el oro. ¿Cómo pensar que el desastre me haría recalar en esta tranquila costa? Tuve que atravesar el desánimo, la alienación y la pesadumbre para llegar aquí.

Me creí perdido, terminado, y que mi futuro sería una lenta agonía que se iría apagando como una vela sin despabilar. Sin embargo, afectos cercanos rescataron mi mente y me impulsaron a este renacer.

Ahora vago feliz entre diferentes soportes, sin esperar nada del papel. Puedo expresar al fin lo que nunca pude decir. Puedo olvidar la timidez de mi lengua y superar las limitaciones que, inútiles, creen ser los barrotes de mi prisión.

El pasado yace pisado. Inconsciente, lo he expurgado de lo malo y, con un brillo cegador, recuerdo solo lo bueno. En él, abrevo como si hubiera durado eones de tiempo y lo reflejo en mil cuentos. Esos, que al son de la musa, escribo con desespero y obnubilado, tanto de noche como de día.

Esta pasión, como aquella del amor, hace resplandecer cada momento postrero, y siento que así, ambas, explican aún mi presencia.

 

Carlos Caro

Paraná, 6 de junio de 2015

 

 

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Satisfecho Ingeniero Químico y hombre de negocios de diversa suerte. Hoy ya jubilado, desfachatado, intento narrar cuentos y transmitir mediante ellos lo que nunca podría “decir”. Solo puedo esgrimir como antecedente el haber leído todo cuanto cayó en mis manos, he sido un roedor infatigable de librerías. Desde los clásicos hasta los prospectos completos de los remedios, práctica ya un poco abandonada por falta de las dioptrías necesarias. Nunca me hubiera atrevido sin el estímulo y las críticas de profesionales: mi esposa y su compañera de estudios. Todos nos conocimos hace cuarenta años cuando ellas estudiaban el Profesorado Universitario de Lengua y Literatura. Inquieto, me asombro de esta predestinación. Debo también mencionar en mi haber, el estilete afilado que es la mente de mi hija quien me sigue letra a letra y me alerta cuando no escribo lo que quería escribir. Para terminar, aprovecho para pedirles críticas; todas, de cualquier índole. Solo así aprendo. Esta es la cuenta principal a mi nombre en “tus relatos”, si quieren acceder a la secundaria y sus cuentos pulsen el “Web” de este perfil. Iré publicando cuentos en ambas para facilitar su lectura y es mi intención que nos divirtamos juntos con la literatura. Mis blogs, desde: http://carloscaro7.blogspot.com.ar/

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