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7 min
Pataleos
Varios |
03.01.20
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Sinopsis

Pataleos.   Tic, tac, los tics, tacs del reloj de pared que con sus manecillas fluorescentes vigilante cuenta los minutos que me restan, se confunden con los cada vez más débiles latidos de mi corazón. Tic, tac, tic, tac, el eterno mito de Sísifo, la historia del hombre se repite...  siempre empujando con gran esfuerzo la pesada roca hasta la cima de la montaña, para que se nos devuelva y volvamos a empezar de cero. Tic, tac, esa es la historia de nuestras insignificantes vidas de hormigas, de moléculas evolucionadas, de especies y civilizaciones tragadas por las aguas, quemadas por asteroides y telúricos sacudones de la tierra agitada por el fuego que arde en sus entrañas y cuando no puede soportarlo, lo vomita por sus múltiples bocas con devastadores estertores. Tic tac, fuerzas superiores que se ríen de nuestras pretensiones de grandeza y eternidad, inventando dioses a nuestra imagen y semejanza para en la agonía comprender que estamos tan inermes a las indomables fuerzas de la naturaleza como un nido de cucarachas ante el tsunami de una ollada de agua hirviendo. Tic tac, nos inventaron historias de hadas en el cielo y la resurección en la otra vida de dicha eterna, para bañar con almíbar nuestra precaria sobrevivencia en un medio despedazado por la ambición y el egoísmo sin alma del hombre arruinador del esplendor de la vida en la tierra, buscando acumular bienes y poder, mientras acaba con las especies  y sus nidos, incluido el propio. Tic tac, ¿Seré pasto de  los gusanos, después de soasarme en mi estuche de madera, al calor del implacable sol tropical de las tardes? Tic, tac, ¿volaré transmutado en hermosas moscas verdes que atraídas por la podredumbre fermentada olisquean revoloteando sobre las tumbas arracimadas en las estrechas propiedades horizontales de los cementerios buscando dónde aovar para perpetuar la especie, o simplemente, mis cenizas abonarán algún jardín para resucitar en geranios y hermosas rosas envenenadas? ¿O después de la pira arrojadas por mis amigos, se las llevarán el viento o las aguas? Tic tac, sí, somos simples mortales y  agonizo, sólo, con mis recuerdos... tirado en esta cama, sin poderme mover, ni gritar.  Músculos y lengua no obedecen a  mis intentos y balbuceos inaudibles a través de las paredes de ladrillo y cemento que me aíslan de la calle. Tal vez éste sea el último canto del gallo que escuche y el alegre trinar de los pájaros anunciando el calor del sol que se insinúa detrás de las montañas. Pasan veloces por mi mente ráfagas de imágenes de 'películas' vividas en mi trasegar por este mundo. El cariño y sacrificios de mi madre, encerrada en las redes de la familia tradicional, la vida bohemia y sin ambiciones por la riqueza y sus rígidos principios de respeto a los bienes públicos de mi padre. La alegre y larga infancia en el pueblo de tierra caliente que fue la revelación del paraíso perdido; los ímpetus desenfrenados de querer descubrirlo todo en ese mundo maravilloso  que nos ofrecía la calle, el río, el bosque. Tic tac, todo era deslumbrante, cuando sentíamos como propia la voz de los animales fabulados; los sueños infantiles, caminatas por el campo, los baños y pescas en los ríos cercanos a Quilichao.  El ensimismarse desde el cerro de Belén, contemplando el verdor del Valle del Cauca, cercado de montañas coloreándose según la hora y el sol; el descubrir figuras en el agitado vaivén de las nubes mecidas por el viento; el volar con las cometas de papelillo y remontarse a estrellas fugaces en las noches veraniegas, mientras los compañeros de la gallada cantaban baladas y boleros transportados por el viento; las escapadas de clase de urbanidad y religión en las calurosas tardes para irnos a sentarnos en las grandes rocas volcánicas de 'Zabritzkie Point' cubiertos por los árboles, fumando marihuana y comiendo hongos bajados con guayabas; las alucinaciones sicodélicas, despertando dormidos lóbulos cerebrales; los primeros bailes, con la Sonora, Richi Ray, Nelsón y sus Estrellas, La  Billos y los Melódicos, Lucho Bermudez y los Graduados. La alborada del amor romántico, sin declarar, los subrepticios amacices con las quinceañeras bailando boleros, las 'vacamuertas', las primeras visitas a las putas, los años metidos en el grupo de estudio y trabajo revolucionario, haciendo reuniones interminables en las noches de viernes y sábados, dizque "para templar la moral revolucionaria"...   Las  cuatro y treinta y cinco de la madrugada, apenas han transcurrido cinco minutos... parecen un tercio de mi vida. Vuelve a quiquiriquiar el gallo...se me agolpan en la mente avalanchas de imágenes pugnando entre ellas por aflorar, siento que estoy congelado en un punto muerto y sólo oigo el casi imperceptible sonido de mi respiración y el tic, tac del reloj, confundiéndose con el de mi cada vez más débil corazón. Pienso si mi vida en estos cincuenta años, valió la  pena. ¿Dejo algo a la humanidad o simplemente pasé como una hormiga más del nido? ¿Sirvieron de algo los panfletos propagandísticos que escribí cuando era dirigente estudiantil invitando a las huelgas y a participar en las "luchas del pueblo obrero, indígena, campesino y estudiantil, destinado a construir la revolución socialista", y todavía soñaba en ilusos 'paraísos terrenales', que forjarían el 'hombre nuevo' en reemplazo del ambicioso  depredador, caníbal y egoísta sin escrúpulos, que ha sido siempre, durante milenios?. ¿Sirvieron de algo los artículos que escribí en los periódicos, informando, comentando, denunciando chanchullos, irregularidades, publicadas en medio de las propagandas que le vendía a empresas, particulares y políticos, antes de elecciones? ¿Entrarían los relatos que escribí a engrosar las toneladas de 'basura literaria', que a diario vomita la humanidad a ritmo de reproducción de ratas de alcantarilla, mientras acaba con los bosques y demás especies sobrevivientes? Sembré varios árboles; escribí en periódicos, un libro, no traje hijos al mundo, al menos no lo sé, ni los crié. Los dos que abortó mi compañera, después de separarse de su marido, se los dejé a su decisión, aunque en el fondo no los quería. Era dirigente feminista y a pesar de que manifestó su intención de tener el primero, le hice ver que estaba en el último año de su carrera y además tenía cuarenta y cuatro años y era riesgoso. Al final decidió abortar. En el segundo, lo hizo por su cuenta y sólo me informó después. No dejé la herencia de mis genes, siempre fui pesimista sobre el futuro de la humanidad, la familia tradicional y la sociedad en que vivimos no me pareció el mejor escenario para educar hijos. Tal vez estuviera acompañado, ¿por el hijo, la hija? No lo sé. Quizá ya habrían abandonado el nido y sería egoísmo de mi parte esperar su compañía. Lo hecho, hecho está. Cada vez se me hace más difícil respirar, no siento dolor. Si muero, la mortecina y los gallinazos haciendo fila para entrar por la ventana del frente que está abierta le avisarán a los vecinos que algo raro pasó en el apartamento del "viejo loco de los periódicos, libros y borracheras". Siento que me ahogo,  se atropellan las imágenes  de mi vida como en una película acelerada...niño....escuela...calle...río...pescando...jugando fútbol...haciendo el amor...llorando...en manifestaciones estudiantiles...escribiendo...soñando...en el velorio de mi padre...acompañando a mi madre sin memoria, ni reconocerme....tic...tac...vuelvo a la tierra deslumbrado por el sol, tic...tac....tic…tac....tic.
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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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