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9 min
Pensándote
Reales |
01.03.15
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Sinopsis

Te soñé. No te voy a escribir, no te voy a dirigir esto, lo diré al viento.

No sé por qué me levante con la cabeza dada vuelta, tal vez fue porque así me acosté. Últimamente las cosas están perdiendo sentido, no encuentro significado en nada, no encuentro un motor que me haga seguir, no siento la chispa que debería salir dentro de mí para poder continuar con lo que comencé sin querer, mi vida.

No estoy exponiendo palabras para una carta de suicidio, solamente estoy dejando que mi mente saque las cosas que la oprimen. Mi mente, no mi corazón; porque a él no sé qué lo oprime aun, o más bien temo que no entiendo que es lo que lo oprime. Haciendo un paréntesis en las opresiones del pobre que habita en mi pecho, podemos decir que aún no se define qué es lo que lo hace suspirar, a pesar de haber pasado muchas cosas en la vida, tal vez la única cosa que lo detiene, o más bien que lo limita y lo hace volver al principio es eso mismo, el principio.

El principio es lo que lo detiene, lo que lo hizo comenzar a latir y lo que no lo deja comenzar. Es irónico. Como algo que te dio el inicio a tu corazón, como alguien, que fue quien lo hizo latir por primera vez es quien lo detiene de vez en cuando y no te deja fluir la sangre por el resto. Son cosas que uno se cierra en creer, lo cierto es que hoy me levante con la nostalgia del pasado, tal vez porque la noche fue gris y fría, tal vez porque el día de ayer fue oscuro y sin sentido, o a lo mejor fue porque anoche te soñé y esta mañana no estaban las cosas como las dejamos en mis sueños.

Cuan deprimente es querer comenzar a escribir algo simple, mi propósito era escribir sobre mi vida, hablar de mi presente y tristemente vuelvo a tu pasado; y así como quiero ser universal dejando mis palabras a quien las lea, caigo en dirigirme a vos. Son cosas que nunca entendí. Siempre vuelvo a vos.

No tiene sentido. Las cosas nunca son como las pensé. Nunca pensé. Nunca me dejé pensar. Sin embargo pensé demasiado. “Siempre vuelvo a vos”, inevitablemente y sin querer dije eso. Son impulsos que salen de quien sabe dónde, pero siempre hay algo de cierto. Siempre te vuelvo a pensar, sos un principio que se compromete en no desaparecer, de marcar y dejar cicatrices profundas.

No quiero ser malinterpretado, mis palabras no tienen un destino, no tiene un destinatario, sin embargo mis suspiros en estos momentos tienen nombre y apellido. “No miremos atrás”, el pasado te enterró, ya no te lloro, ya no te siento, pero mi obsesión con lo oscuro, con el dolor, con la muerte, me hacen visitar tu tumba en mi mente. No ocurría hace bastante.

“No quiero que te sientas importante”, me lo dice dirigiéndose a vos una parte de mí. Es esa parte soberbia, esa parte que te rechaza, que siempre te rechazó y creo que siempre te rechazará por más que te haya querido, Debo disculparme por ella; quien fue la que me impidió estar con vos, esa parte de mi fue la que me dijo “basta”, la que me dijo que yo solo era uno más. Tal vez tiene razón, lo fui, lo soy y lo seré, de verdad no importa, lo importante son dos cosas: te quise, te abandoné (o dejé que me abandones). Pienso si estoy escribiendo un mero desahogo para mí mismo, o esto se convirtió ahora en una carta personal hacia vos para dejarla en tu puerta; o simplemente sigo escribiendo para clamar mis demonios, para calmar tu recuerdo.

Creo que estoy desviándome de lo concreto. Te pensé. Aunque en un pasado (condenado por mi parte que te rechazaba) me hubiese costado el orgullo (que, como – tal vez - sabes que es mi fuerza vital) admitirlo, pero hoy te lo digo sin pena. No te busco, no te extraño, no te pienso; pero anoche fue distinto, anoche te busqué en mi mente, anoche te extrañe en mis brazos, anoche te pensé. Siempre fui estúpido cuando se trata de tratar a las personas, fuiste un testigo, un sobreviviente de la tragedia que soy. Me alegro.

No te escribo, no te busco, no estoy queriendo ser el fantasma penoso que te vuelve a buscar. Solo estoy siendo sincero conmigo mismo, tal vez es solo idea de mi psicólogo escribirte y nunca decirte las cosas para poder calmarme a mí mismo sabiendo que dije las cosas que nunca te dije, o tal vez solo estoy humillándome, ¿la verdad? No me importa. No me importa decirte que esto lo hago porque quiero (y que no tengo psicólogo). Que por fin se lo que quiero. Tarde, pero por fin.

Sigo desviándome, sigo hablándote cuando mi intención era escribirme a mí mismo. No me importa. Fui egoísta, ahora también, pero estoy siendo egoísta solo para decirte PERDON. No sé porque debo pedirte perdón, pero a la vez tenés muchas cosas que perdonarme, lo siento en el pecho, siento que debo pedirte perdón. Siento (SÉ) que no remediará nada, que no te intereso, pero quiero decírtelo, y que forma más dramática que haciéndolo por una carta. El drama siempre nos invadió, o al menos siempre tuve esa sensación; el tiempo que pasamos juntos fue drama. Pero no me arrepiento. Tampoco estoy buscando volver a eso, al menos no con vos.

Suena como el dialogo de “si pero no…”, suena como un histérico, pero es la verdad. Te quiero, pero no para mí, mi tiempo pasó, caminaste, avanzaste. Te fuiste y sonreíste. Y está bien, me deja un vació que cavé yo mismo y tengo que rellenar con la vida.

Fue hace tiempo cuando nos dejamos de extrañar. Dejamos (dejé) que el tiempo pasara y cada uno caminó con destinos diferentes, sintiendo cosas diferentes. El tiempo pasó, y tengo que humillarme una vez más, no es porque seas a quien quiero (al menos no como antes), sino porque tengo que hablarte una vez más, o al menos saber que estas bien y poder decirte, “chau”, o mentirnos con un simple “nos vemos”.

Me prometí ser obsesivo con lo que escribo. Solo 1000 palabras me dije a la hora de comenzar, pero ni un millón de palabras caben para hacer una imagen de tu cara, ni reproducir tu voz. Es una eterna espiral en la que me cierro cuando quiero hablarte, me odio, te odio, te quiero, te extraño, te pienso, te olvido, me olvidas. Me olvidas. Todo se vuelve a repetir en mí. Te busco, te encuentro, te rechazo, te busco. Soy un enfermo, sos mi enfermedad, invadís mi cabeza, me infectas con un simple sueño, te quedas aquí y no te vas, pero te idealizo demasiado porque cuando te tengo al frente ya no te quiero. Soy un boludo.

Otra vez, perdón, son cosas que me pasan por la cabeza cuando te escribo, no puedo evitarlo. Odiarte y amarte. Ese fue mi principio. Ese principio fuiste vos, Ángel… y demonio. Cuando comencé a escribir no quería hablarte, luego no pude evitarlo, y como te dije, las cosas nunca son como pensamos entre los dos, mi idealización de tu persona me hace dar vueltas en un laberinto. Pero solamente quiero decirte, siendo concretos, te soñé. Te soñé.

Desde la última vez que nos vimos, no voy a dar detalles porque recuerdo la última salida, el último mensaje. El último día. Desde aquel adiós silencioso y violento te soñé dos veces. Debo ser sincero, solo dos veces. Tal vez con más de las que quise, o solo migajas de lo que hubiera deseado. Te soñé dos veces y las dos veces no estabas conmigo, y las dos veces estabas feliz. Lo más triste, es que me daba felicidad, estaba enamorado de tu felicidad, te veía feliz en mis sueños con alguien que no era yo y eso me causaba felicidad, es imposible que pueda ser tan cruel conmigo mismo sabiendo que, al menos en mi sueño, te quería conmigo. Pero hoy, despertándome deseando tener tu aroma en mi cara, ver tus ojos y sentir tus labios, puedo darme cuenta que todo está acabado y mis sueños son solo eso, sueños. No busco cumplir mis sueños nocturnos que te ven feliz en brazos de otro, ni mucho menos quiero que los sueños que tengo despierto sean verdad, tal vez es miedo, tal vez es que dejé pasar el tiempo. Tal vez todo es el tiempo.

Si lo veo detenidamente, tal vez todo lo que nos pensamos (pensé) para nosotros, es solo un sueño. Y que lo que no pudo ser, no fue, no es y no será. Luego de que mis ojos se llenaran de lágrimas, me puedo dar el lujo de sonreír, “nunca fuimos, ni seremos” que frase. ¡Que frase! Sublime. Impecable. Tuya. Como una daga, tus últimas palabras y yo tan tonto, tan inocente, luego de años que me la dijiste, le encuentro un significado, por fin la entiendo.

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