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5 min
Pesadilla
Terror |
15.04.15
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Sinopsis

¿Te has topado en un sueño dónde todo pasa en contra tuya? ¿Te has visto encerrado en una sección, dónde nadie puede llegar? ¿Has vivido alguna pesadilla de la que te quieras olvidar? Seguramente que sí. Esta situación que leeremos a continuación, le pasó a una persona. Lo vivió de tal modo que cuando se me fue compartido, las lágrimas brotaron de sus ojos sin cesar. Disfruta de la pesadilla de una mente atormentada.

Pesadilla 

Fuimos de vacaciones con mi familia a una casa que tenía mi papá a las afueras de la ciudad. El lugar era árido y las personas de la región tenían quemada la piel por el sol, la mayoría eran campesinos que cultivaban la tierra. Llovía solamente 3 meses al año, y con ello tenían que cosechar el alimento para todo un año. A pesar del tipo de clima había árboles con hojas verdes y ciertas plantas que embellecían aquel alejado lugar.

Nos instalamos casi de inmediato, todos estaban emocionados por el tiempo que pasaríamos en familia, el plan se basaba en pasar parte de la mañana y la tarde en una playa cercana, y por las noches utilizar esa casa para descansar. Mi papá era un hombre brusco, con carácter, era de esos tipos a los que costaba mucho intimidar; mi mamá era una mujer sencilla, con miedos y temores, frágil; pero a la vez valiente; mi hermana era la mezcla de mis papás, tenía ese semblante sencillo que la hacía una mujer bella y a la vez tenía ese carácter fuerte que la hacía una persona independiente; yo por lo contrario era un adolescente precavido, procuraba siempre tomar las medidas necesarias para todo, no me gustaba dejar cavos sueltos en cuanto a planificación se refería, siempre fui muy ordenado y sobre todo muy riguroso con mis oficios.

Éramos una familia estándar, como todas las familias que quizá conozcas, nos gustaba mucho ser unidos y hacer las cosas siempre respetando la opinión de los otros. El día comenzó con un sol radiante en el cielo, el viento mismo quemaba la piel, las nubes habían desaparecido del manto celeste y los rayos de aquel sol calcinaban hasta la gota más pequeña de agua. Nos aplicamos el protector para la piel y nos subimos al vehículo que nos llevaría a la playa; pero algo no andaba bien. El auto de papá tuvo un fallo y no pudimos salir durante el día. Mi papá invirtió muchas horas intentando averiguar lo que le pasaba al coche; pero no encontró ningún desperfecto, a pesar de eso el auto no arrancaba.

Mi mamá y mi hermana estaban desesperadas y de sus bocas salían ciertos reclamos innecesarios; pero mi papá se hacía de oídos sordos y guardaba en sus ojos el optimismo que lo caracterizaba. Se hizo de noche, mi mamá estaba preparando la cena y mi hermana interactuando con su celular; mi papá y yo estábamos intentando reparar el auto; pero por más que lo revisáramos, nunca le encontrábamos el fallo. Mi hermana se levantó precipitadamente de la hamaca en donde se encontraba recostada, en sus ojos se notaba una leve sombra de temor, mi mamá la vio y sorprendida le preguntó si le sucedía algo, mi hermana solo guardó silencio y mi papá con una voz brusca le dijo: ‘No estamos de humor para soportar tus ocurrencias’ y siguió esculcando el auto.

Mi mamá se acercó a mi hermana y ella le mostró el celular; mi mamá entonces llamó a mi papá con una voz de desesperación, mi padre se acercó a ellas y al ver el celular noté que algo no andaba bien. Corrí hacia ellos y pude ver lo que les causaba tanto asombro. En la pantalla del celular había una fotografía en donde se encontraba una familia desmembrada, había sangre por todos lados y un automóvil tenía una palabra escrita con sangre, la cual decía así: ‘Los mataré a todos’. La fotografía por sí sola era perturbadora; pero lo que nos causó asombro, fue que la familia que se encontraba desmembrada en el suelo, era la nuestra, o sea nosotros.

Mi papá de inmediato intentó marcar a la policía desde su celular; pero la señal se había extinto. Mi mamá se angustió mucho y mi hermana no paraba de llorar. Sin embargo yo intentaba encontrar una explicación lógica a todo lo ocurrido; pero mi mente me jugaba un mal momento. El teléfono de la casa sonó precipitadamente; mi papá se acercó y descolgó el auricular; en sus ojos podía notarse una impotencia y un enojo que nunca antes había visto en su semblante. Mi papá soltó el teléfono y se sentó en el suelo sujetándose la cabeza, su boca solo decía: ‘No puede ser, no puede ser’. La casa prendió en llamas, y rápidamente el fuego comenzó a consumir todo lo que había.

Mis padres y mi hermana estaban inmovilizados, sus ojos lloraban angustia y sus labios enmudecían de terror. La piel se les comenzó a caer, los ojos comenzaron a salirse de su órbita, y sus lenguas sanguinariamente habían sido arrancadas. Las llamas consumieron todo, dejando a su paso un ambiente de desolación y tristeza. La policía dijo que dicho acontecimiento había sido elaborado por un psicópata que no tenía corazón. No sé por qué, aún no lo entiendo, yo los amaba; pero los agentes me pusieron unas esposas y ahora estoy pagando una condena por algo que viví en una pesadilla.

 

P. Cardona 

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