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8 min
Philip Kindred Dick
Varios |
06.11.14
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Sinopsis

¡Hola!

 Dicen que el tiempo se detuvo en el primer siglo después de cristo. El imperio nunca cayo. Los romanos en obsesiva persecución estaban contra los gnósticos. Durmieron a la humanidad en un sueño eterno. El diablo otorgó a los romanos sapiencia obscura y oculta con que someter al planeta entero. Donde el fetichismo y el materialismo son los emperadores reinantes. Pero no todos sucumbieron a la atemporalidad onírica. Algunos occidentales como unos tantos orientales soslayaron tal destino. El mundo se divide en dos grandes aspectos o realidades. El mundo de la vigilia donde los apóstoles de Jesús hacen lo que pueden en la lucha contra la dominación mundial de Roma. El otro mundo es el onírico que es donde nos encontramos todos nosotros, incluyéndome. Donde creemos que la historia prosigue, que nosotros tanto como nuestros descendientes y antepasados fueron concebidos. Pero no fuimos engendrados más que en una tonalidad soñolienta de este universo macabro. Creemos que sucesos como la toma de la bastilla, la revolución del cogito cartesiano, el imperio azteca, descubrimiento de américa, la reforma protestante, la obra de Boecio titulada "la consolación" y la influencia averroísta en el catolicismo medieval se han dado lugar, más sí pero solo en una prisión con barras de sueños. En la época de alfa y omega, del ji y ro, había muchos judíos que proclamaban ser el mesías más solo uno lo era y era en verdad. Al tercer día Jesús revivió y dijo que volvería. En una barca se dirigió a donde había pasado la mayor parte de su vida: oriente. Allí se encontró con sus antiguos camaradas y maestros  budistas que atrapados no se encontraban a causa de la gracia de buda. Pidió consejos Nazaret antes de partir de nuevo al mundo occidental. -Un momento- le dijo un mayor, prosiguió: -Vean el mundo somnoliento, alguien está por escapar-.

 

 Estaba transitando, desconozco si volando, caminando o nadando, pero me estaba moviendo. Había un agujero negro, desconozco si era una caverna, pasillo o habitación, pero era un círculo negro. Aunque si tuviera que arriesgarme a especificar más diría que paseaba amenamente entre tinieblas cuando enfrente mío encontré un umbral mucho más obscuro. Parecía la entrada a una caverna.

 

 Un pedazo de cartón como cuerpo: con dos ojos, nariz y boca en el medio de éste, sin orejas. Con extremidades humanas. Pasaba por ahí. Él decíase: - Allí hay una caverna. Pero según dicen es peligrosa entrar en ella. Solo los que están preparados pueden osarse a semejante insensatez... ¿Por qué osarse?... ¿Preparados para qué?-. El pedazo de cartulina de forma estrellada y antropomórfica se largó en su continuo andar. Entré a tal cueva en la cual al costado izquierdo o derecho de su entrada -no recuerdo- había una imagen de unas siluetas negras rodeadas de símbolos y figuras. La imagen predicaba y me hablaba que la expresión (lenguaje) no era más que símbolos y figuras. Había oído anteriormente frases históricas célebres un tanto cambiadas. Como ser  "Uno no baña dos veces el mismo río", "El río no se baña dos veces con la misma persona", "La curiosidad mato al gato pero no al hombre", "la curiosidad no mato al hombre" y tales refranes de esa índole. Al ingresar, un gran arco sobre mí se erguía y decía en lo alto una frase de ésta estirpe: "Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y el lugar donde sufre la raza condenada, yo fui creado por el poder divino, la suprema sabiduría y el primer amor, y no hubo nada que existiera antes que yo, abandona la esperanza si entras aquí (Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate). Abandonar todo amor aquellos que entren aquí. Ya que del amor nace la esperanza, por ende todo lo demás. Sin esperanza o deseos queda amor (amor incondicional). Tuve que subirme a dos canoas. Pagarles a mis remeros una moneda de plata, Óbolo, a cada uno para que me dejaran abordar. Surque dos ríos diferentes que se interponían impidiéndome seguir el paso. El primero era el río Estigia o Aqueronte –no recuerdo bien-, y el segundo era el río Flegetonte. Mis guías eran Caronte -el primero- y Flegias –el segundo-. Advertí muchas almas de variados hombres y seres que no eran humanos, tanto en las orillas caminando sin cesar, ni rumbo, como en las aguas ahogándose.

 

 Lo primero que vi fue a dos sombras que lloraban. Le dije a uno de ellos:- ¿Quién eres tú que sollozas?-. Respondió: -Tú que me ves aquí tirado. Soy un hombre que antaño por el camino recto quería y marchaba. Más un día caí y me lamenté mucho. ¿Dime cómo levantarme devuelta y ver la luz de sol cuando en toda mi cara se refleja la gran negrura que me desgarra el alma?. Aunque es irónico porque sé que tarde o temprano me erguiré devuelta, pero no sé cómo. Por ahora lloró con sangre de atroz vigor demoledor que me corroe la psique. Quédate tranquilo que dentro de poco a éste filósofo de Éfeso que profesaba el continuo devenir ya tendrá toda la mente carcomida y en el eterno reposo inmanente permanecerá-. Yo pregunto: -Entonces dime Heráclito de Éfeso. ¿Quién es aquel que alrededor tuyo te circunda ininterrumpidamente?, en el cual tú posas tus lágrimas rojas y él derrama las suyas en ti. La otra sombra me responde: -Yo soy Parménides de Elea que en incesante desplazamiento me encuentro. Ya que no soportó ver la constante entrada de muertos vivientes a este reino del inframundo. Para mitigar mi sufrimiento imitó a todos y cada uno de los mortales fallecidos que entran aquí sin excepción, en mi perenne marcha alrededor de mi complemento y amigo Heráclito-. Entonces ambos dijeron a la vez: -Sí tan solo hubiera escuchado al Efesio-, -Sí tan solo hubiera escuchado al Eleático-.

 

Continué mi viaje. Me encontré con un tal Nietzsche que de pasó se encontraba por las cumbres del inframundo. Así como apareció se esfumó. Cuando en el horizonte aún lo vislumbraba sentí la impetuosa de necesidad de gritarle. -¿Por qué dices que Dios ha muerto y no simplemente que nunca existió?, ¿Extrañabas a tu padre luterano durante tu estadía en la vida?, ¿Me equivocó si te identificó con la frase de Kierkegaard que dice "...hay algo aún más contrario a la esencia del cristianismo que la peor herejía o cismo, más contrario que todas las demás herejías y cismas juntos, y esto es: jugar a ser cristiano..."?, ¡Yo pienso que la mayoría del cristianismo o ésta en su totalidad murió con Cristo!-. En vano gritaba ya que Friedrich se perdió en los confines lejanos y distantes del averno, parecía que lo único que él hiciese era ir explorando sin explorar los límites de las tierras de Hades. No al mucho tiempo después de caminar me encontré con Siddhartha acompañado de Govinda, antes de alcanzar la iluminación. Le preguntaba muchas cosas pero Gautama no me respondía. Mejor dicho su singular contestación era el solitario silencio. En eso a lo lejos observo a un tal señor llamado Wittgenstein vociferando: -¡Eso es!, dile que de lo que no se puede hablar mejor es callarse-. Por fin el integrante de la tribu Sakia me dijo: -¿No has pensado qué tal vez todo lo que has visto ha sido un proyección de tu entendimiento autoinsuficiente?. Medita y vuelve a ver las cosas que tal vez en ellas engaños había-. Eso fue lo que hice. Cerré mis ojos. Cuando volví abrir una apertura entre mis párpados ya nada había. Estaba fuera de la caverna. Pero no en la entrada, pareciera que en la salida. En la pared de roca veo grietas incrustadas en forma de un mensaje escrito y grabado para la posterioridad. Decía: -Bienaventurado que has salido del infierno, en buenahora como yo-. Me dije a mí mismo: -Ignoró si el que escribió este mensaje ha salido de lo que sea que sea el orco o el tártaro. Pero presiento que solo me acabo de adentrar más en esta ilusión dedalezca, ¿Será que tengo que destruirme, extinguirme, más no morir, para liberarme de vagar eternamente por estos lares que otros yoes han estado, están y estarán haciéndolo?. Habituándose, acostumbrándose, acomodándose, adaptándose, aceptando ello... -.

 

Mientras todo ello ocurría, en el nuevo mundo los mayas protegidos por Quetzalcóatl se preparaban para su vuelo sobre la serpiente emplumada para combatir el reino del mal de Lucifer sobre la tierra. El mayor budista dijo: -Uno ha logrado escapar de la ilusión onírica, el poder del diablo se hace más débil. Es ahora o nunca, debemos atacar-. Jesús regresó y en Roma se presentó acompañado junto a todas las grandes figuras religiosas de su tiempo. Juntos acabaron con las mentiras y falacias del demiurgo. Roma se dio cuenta de su error y del horror que había cometido. Desde entonces la paz gobernó.

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