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6 min
Piaggio
Infantiles |
25.04.15
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Sinopsis

Piaggio tenía una furgoneta antigua marca Piaggio, y siempre la conducía, por eso le llamaban así. Agradezco valoraciones con comentario, muchas gracias.

Piaggio tenía una furgoneta antigua marca Piaggio, y siempre la conducía, por eso le llamaban así. Su motor sonaba como si en una caja se hubieran metido tornillos, tuercas, clavos y otros instrumentos metálicos, y se la agitara con brío, pero que yo supiera, nunca le había fallado.

Piaggio viajaba sin parar, él y su furgoneta, su furgoneta y él recorriendo los campos y los pastos, los pueblos y las grandes ciudades, con su sonido destartalado y sus pequeñas ruedecillas. Todos le conocíamos y le teníamos como hombre de gran sabiduría, pues a pesar de su aspecto de campesino, de como si llevara toda la vida en su casa de las afueras dando de pastar a su rebaño, Piaggio era en realidad una fuente de conocimiento. De toda aquella información que da la vida, que dan los caminos, los campos, los pueblos y las ciudades. Nadie le mostró nada y sin embargo él lo había visto todo. Bueno, él, y su vieja furgoneta blanca.

Sus padres si fueron pastores, y sus abuelos, y sus bisabuelos, y así una larga tradición de pueblerinos ovejeros, pero Piaggio supo lo que quería él desde bien pequeño, cuando con ojos vivos y soñadores les decía a sus padres: “¿Sabéis qué? Algún día conoceré el mundo entero” “Pero eso es imposible, el mundo es demasiado grande, y debes saber algo, no hace falta salir de aquí para conocer el mundo, algún día lo comprenderás”, le respondían sus padres. Pero Piaggio no cedió y en cuanto tuvo edad para llevar su furgoneta salió al mundo, a contemplar cuanto sus ojos pudieran alcanzar, y su furgoneta pudiera recorrer. Salía de viaje y a veces no regresaba hasta meses después, cuando nos contaba lo que había visto. El gran anfiteatro Romano, preciosos valles con cataratas tan largas como dos campos de trigo, pueblos con tradiciones antiquísimas llevadas al extremo por ancianos y niños. Todos escuchábamos sus historias asombrados, impresionados por las increíbles vivencias de Piaggio, el que salió a ver el mundo entero.

Nunca me atreví a hablar con Piaggio a solas, había algo en su persona que me repelía, no por malo, pues mi admiración por él no era pequeña, si no por su grandeza. Su aura era tan grande que me sentía pequeño al acercarme a él, y por eso no lo hacía. Piaggio era de mi época, pero sin embargo su rostro y sus ojos denotaban una edad mucho mayor. A veces pensaba que Piaggio había vivido ya dos vidas normales en el tiempo que había tenido, y eso no lo notaban los demás, pero sí su propio cuerpo, que envejecía más rápido de lo normal, a la vez que las fronteras de su mente se expandían.

Piaggio y yo envejecimos sin darnos cuenta. Los años habían pasado a toda velocidad y cuando quisimos darnos cuenta ya no estaban delante, ni siquiera al lado, sino detrás. Al fin Piaggio regresó del que había anunciado como su último viaje. Todo el pueblo salió a recibirle como a un héroe, una persona que había vivido su vida como nadie, al máximo. El pueblerino, de familia pastora que había contemplado el mundo entero. Su furgoneta vieja atravesó el gentío lentamente, dejando que éste se fuera apartando rodeándola con vítores y aplausos. “!Piaggio eres nuestro héroe!” “!Piaggio el viajero errante!”. Yo lo contemplaba todo desde la distancia, apoyado en mi bastón de madera, tras la ventana de mi hogar, y, con mi mujer abrazando mi cintura, supe que ese día hablaría con Piaggio.

Cuando caía el sol por el horizonte me acerqué a su finca. La puerta estaba abierta y pasé sin llamar. Piaggio estaba sentado en una butaca de cuero junto a una mesita en el salón. En silencio contemplaba un cuadro colgado en la pared, con la mirada perdida, quizá en uno de tantos lugares que había conocido. Quizá su mente vagaba de una a otra experiencia reviviéndolas sin cesar.

Con pasos lentos me acerqué y me senté en una silla de mimbre frente a él. Y esperé a que saliera de su letargo.

– Tantos años y nunca habías venido a hablar conmigo. ¿Por qué hoy sí? – Dijo al fin con su voz ronca, vieja como su mirada.

– Porque yo he visto algo diferente, y sé que a nadie más se lo contarás. Ellos ya tienen una idea de quién eres, pero yo no, y aun así creo conocerte mejor Piaggio. ¿Qué te pasa por la cabeza?

– Pensaba en mis padres. Y en mi mujer, mis hijos y mis ovejas.

– Pero nunca has tenido mujer, hijos ni ovejas.

– Así es, ni padres desde que me fui de aquí la primera vez.

– Entiendo a que te refieres…

– Tantos kilómetros amigo, tantas experiencias, ¡Lo vi todo! ¡Experimenté hasta la última de las sensaciones terrenales! ¿Y sabes qué? Mi padre tenía razón.

– ¿Ahora lo entiendes?

– Tanto vivido cuando el mundo no era ese. Salí de aquí para verlo todo, a expandir las fronteras de mi mundo, y me dejé el mundo atrás. Ahora lo entiendo y no puedo arrepentirme, solo aconsejar a un niño de ojos vivos y soñadores, solo decirle “Hijo, lucha por que tus ojos consigan ver tanto como tu corazón alcance a sentir”. Dije que realizaría mi último viaje, pero no era este del que acabo de regresar, desde el corazón de los montes del interior, si no el que voy a emprender ahora, hasta el interior de mi ser. Ahora que todo ha pasado y mi vida está vivida, reflexionaré. Quizá escriba un libro ¿sabes? Todos esperarán oír cientos de historias increíbles, de ritos de tribus o ceremonias de la alta sociedad o aventuras emocionantes, y sin embargo todo cuanto deseo contar es mi descubrimiento más importante: Busca tu hogar, y vívelo al máximo. Gracias por venir viejo amigo, ahora me siento mucho mejor.

– Escribe ese libro Piaggio. Nadie descubrió la vida sin la ayuda de los que ya no están. Eres un gran hombre.

Los ojos del viejo se humedecieron de agradecimiento. Tras un ligero gesto de afirmación me levanté, y tal como había ido, con pasos lentos, alcancé la puerta, dejé atrás la vieja furgoneta Piaggio, recorrí las calles del pequeño pueblo hasta mi hogar, y abracé a mi mujer como nunca lo había hecho. En ese momento, era feliz, y supe que Piaggio, como todos creían, era en verdad un héroe. 

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  • Gracias por el comentario Manuel! Me pasaré encantado.
    Es un relato espectacular. Una muy buena enseñanza de la vida que nos llega a través de una preciosa historia. Me encanta como escribes. Tienes madera para esto. Sigue así y llegarás muy lejos. Por cierto, me hubiese gustado saber más de la relación entre el protagonista y sus padres, pero por lo demás, todo perfecto. Ah, y pásate por mis relatos en unos días que estoy a punto de terminar uno bastante bueno. Saludos.
    Estos comentarios para mí son oro Roberto. Primero muchas gracias por los elogios pero sobre todo por las correcciones e impresiones. Mañana revisaré las faltas que hoy ya es tarde. Y quizá también cambie ese final y lo alargue aunque no lo modifique aquí en TR. El fin último es aprender y así se consigue. Un saludo amigo.
    Sé que agradeces los comentarios y con mucho gusto te los haré. En primer lugar te considero uno de los mejores escritores de este submundo de TR, y este relato (aunque se te han colado unas manchitas ortográficas) es muy bueno. Creo que si te hubieras tomado más tiempo para desarrollar la relación de tu prota con sus padres el final hubiera sido más impactante. El diálogo final está bien construido pero alargarlo un poco más, jugar con argumentos y contrargumentos, lo haría mucho mejor... Sobre el final no te digo nada: en verdad es muy bueno. Mis aplausos para ti, amigo
    Un relato que te llena de nostalgia. Una enseñanza de la vida.
  • Sin ti no soy nada, vieja amiga.

    Antes de dormir saco la escoba y el recogedor guarda el polvo que cae de la mina de carbón.

    Siguiendo la idea y relato iniciado por León27 y continuado por Fénix y Yazmin Schwery Rivera.

    El meñique no es un bar normal.

    Ingmar Bergman.

    Dedicado a mi rosa, que aún me envuelve con la magia de sus miradas.

    La velocidad de mi dedo apretando un gatillo.

    Piaggio tenía una furgoneta antigua marca Piaggio, y siempre la conducía, por eso le llamaban así. Agradezco valoraciones con comentario, muchas gracias.

    Estos tentaculillos me erizan la piel cada vez que los veo. Agradezco valoraciones con comentario.

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Guionista. Escritor, entrenador de fútbol, socorrista y monitor de padel. Un poco de todo, nada de mucho y 20 años menos.

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