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2 min
Pietro - 104 - Hotel
Suspense |
14.03.19
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Sinopsis

Pietro no está contento con la celda que le ha tocado...

Recorrimos un pasillo estrecho y mal iluminado con lámparas amarillentas. Me recordaba al túnel del terror que visité en una feria ambulante. Cada pocos pasos habían puertas de metal cerradas a ambos lados. El silencio era casi absoluto, sólo roto por nuestras pisadas en el cemento.

-Ya hemos llegado a tu habitación.-Anunció el policía de los cuatro pelos largos deteniéndonos delante de la última puerta. Abrió la cerradura con una llave que llevaba colgada a la cintura. Después levantó el pasador de una barra horizontal que deslizó hacia la derecha. Por fin pudo abrir la puerta.

-Adentro, muchacho.-Me invitó a entrar apartándose a un lado. Acompañó la orden verbal poniendo su mano sobre mi espalda y empujándome. Supongo que para demostrar su autoridad.

-No veo que mi celda tenga ventana con vistas...-Me quejé al comprobar que su compañero bromista me había engañado. La diminuta celda apenas estaba amueblada con un camastro de sábanas grises que, al menos, parecían planchadas. El retrete maloliente de la esquina no me inspiraba ninguna confianza.

-Parece que el último huésped ha robado la ventana... Ya no te puedes fiar de nadie...-Contestó el policía cerrando la puerta tras de mi.

-Muy gracioso.-Me mosqueaba su humor absurdo.

-Saca las manos.-Abrió una pequeña ventanilla en la puerta.

Obedecí porque me dolían las muñecas. Me había apretado las esposas a conciencia el muy hijo de su madre. Tenía marcados dos aros enrojecidos en mis delgadas muñecas. Sentí un gran alivio al poder mover mis brazos libremente.

-Te deseo dulce sueños.-Se despidió el policía con ironía tras la puerta de metal que le protegía de mi rabia acumulada. Si no fuera por ella le quitaba esa sonrisa estúpida a golpes cómo hice con el caído Ángel. Nadie se reía de Pietro.

-Quisiera preguntarle algo, señor agente...-Dije antes que cerrase la ventanilla. No podía resistirme a decir la última palabra.

-¿El qué?-Respondió el policía intrigado.

-¿A qué hora sirven el desayuno en este hotel?...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados seis libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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