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PIURÍN, El bohemio callejero.
Reales |
31.10.14
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Sinopsis

Aliento nómade, negligente y mohíno, era el de Piurín. Un bohemio callejero que vagó por mil vidas sin realmente darse cuenta que la realidad era más cruda de lo que parecía.

Existían veces que el tiempo dejaba mucho que desear. A lo mejor era demasiado. No era fácil admitir que había dado su último aliento en esta batalla. Su último latido. El pulso fue disminuyendo cada vez que reñía por salir a flote. Pero el mar en el que se encontraba era demasiado extenso. Demasiado solo. En su mente corrían imágenes de su dura y fría vida. Aunque no fue así muchas veces. Escasos momentos lo llenaron de alegría y una llama de esperanza brilló en su corazón. Un espíritu demasiado duro y gélido.

Quizás la vida había sido justa con él. Acaso le había dado todas las oportunidades de corregir sus malditos errores. Viejos, añejos y escondidos en un profundo cajón, lleno de polvo y de duras penas. Tal vez no había sido justo con las personas que lo querían. Que lo amaban.

El desconsuelo había llegado como ave tardía a su vuelo. Tal vez ya demasiado tarde. En su existencia jamás pidió perdón. Solo existía el egoísmo bohemio de una mente sin recuerdos.

Solo existía él. Y nadie más que él.

Tumbado como muchas veces en su banca de concreto, se hallaba un peso muerto de más de setenta años de antigüedad. Sus brazos se unían a su cuerpo en un cálido abrazo que ya había penado. Sus parpados cayeron en un profundo regazo de indulgencia, para ya nunca más volver a palpitar. Su vieja chaqueta verde, sucia y rota, había perdido su color. Su piel se alzaba casi desmesurada como un alma errante en un mundo incierto. Su pecho ya no se rebalsaba de alevosía cada vez que se molestaba consigo mismo por no haber sido un buen esposo, padre y abuelo.

Ni si quiera podía ser un hombre.

La triste mañana viajaba desolada sin la compañía de aquel vejestorio decrepito, tal como lo llamaban los vecinos del lugar. La multitud pasaba caminando despavorida sin llegar a detenerse si quiera un momento a observar al viejo Piurín que posaba quieto con la mirada oscura al vacío. Un vacío inconcreto para el incomprendido pero no para su veterana melancolía. Nadie parecía comprender lo que en su mente habitaba. Solo lo hacían los prejuicios.

Ya había intentado todo en su vida para reencarnarse mil veces con una nueva alma en el mismo cuerpo. Pero lo único que logró era convertirse en mil demonios en un envase vacante. Sin sombra.

Su hijo llegó al lugar rápidamente. Al encontrarse con la escena solo en su conciencia residían los más recónditos y oscuros secretos de su padre añejo. Sabía que no merecía ese final pero por muy dentro de él se sinceraba al decir estas crudas y auténticas palabras “Todo lo que quieras, lo atraes tú mismo a tu vida”. Aunque odiaba esa frase de su padre que cada vez le retumbaba en los oídos cuando era solo un niño.

Piurín había atraído su infalible muerte. Al fin y al cabo, “en la vida todo se paga”-dijo su hijo con fiereza. Aunque esta oración, solo fuera el telón de la fría y negligente realidad en la que habitaba su padre.  

Aunque era difícil admitirlo, Piurín pudo dejar un último hálito antes de que su vida se consumiera. Una pequeña carta en uno de sus puños.

Un policía que lo observaba con una mirada de desconsuelo, desencajó el papel de sus manos y observó un mensaje corto escrito en lápiz. Una extraña caligrafía se enmarañaba junto con las palabras “Quizá las acciones de mi pasado premeditaron este final. Posiblemente esta era la mejor opción de vida para mí. Tal vez era este terminante de existencia el que elegí. Pero qué lindo fue vivir al lado de las personas que me amaron. Aunque tenga que haberme dado cuenta tarde, realmente tarde de arrepentirme para conseguir siquiera respirar por mis errores”.

En su mente recordó una de las escenas más tristes perforándolo como millones de agujas en su pecho. Había observado el atisbo de un hombre corrompido con su pasado. Lo había visto la noche anterior rogándole que se levantara de esa banca y se deshiciera de sus arrapos aunque sea por una noche. En el hogar para hombres de la calle habían estado esperándolo con sopa caliente. Pero él nunca fue. En una oportunidad había tenido el privilegio de preguntarle qué había sucedido con él, siempre contestaba lo mismo “En esta vida se paga hasta los errores menos errantes y créeme, yo he cometido los peores”.

Era hasta ahora que no había comprendido sus palabras. Al mirarlo inquieto notó que su cuerpo era tan solo huesos cubiertos de agonías. Su lamento se encontraba aun sin consuelo y al ver la cruel escena deseó marcharse.

Entregó el papel al hijo del vagante. Levantó la cabeza del suelo y se retiró nebulosamente de la escena mientras observaba el frio rostro del hombre que tenía delante.

Su hijo, al leer estas palabras, noto un nudo intragable en su garganta. No podía concebir esta inmensurable tragedia. Había abandonado a su padre al azar en manos del destino. Lo único que había logrado consolarlo era que sabía que su papá se habría dado cuenta de que no había valorado su vida. De no conquistar a sus miedos y a su orgullo prodigio. Pero el peor error era el suyo, el no haberle dado una oportunidad de tener la vanidad suficiente de enfrentarlos, de si quiera empujarlo, más allá de los malditos prejuicios.

Quizás el viejo Piurín hubiera disfrutado de una mejor vida, pero sabía que al morir lo haría en paz. Su alma inconclusa logró darse cuenta que solo era un bohemio, errante de la vida, pero que al final se habría absuelto. La indulgencia lo liberó, lo hizo fuerte, valiente para enfrentar su orgullosa y débil agonía.

Se había perdonado. 

 

 

 

Autora: Gisel Francés.

Título: PIURÍN, El bohemio callejero.

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Hay que aprender a andar por nuevas avenidas sin premura, sin escrúpulos y con la inocencia desmembrada. Tengo 21 años. Soy Diseñadora Gráfica y Publicitaria, también escritora. Desde chica me han gustado las novelas, leer era mi adicción. Pero embarcarse en un nuevo mundo era el de inventar mis propias historias y escribirlas en un papel. Muchas de mis ideas surgían en mis sueños y ya que la imaginación era inagotable pude sacar provecho de ellos y convertirlos en concreto. Actualmente estoy haciendo un curso de Escritura Creativa para poder aprender aún más a como es caminar por este nuevo terreno y escribo mi primera saga de novela de tipo ciencia ficción-suspenso. Agradezco a los que se animen a leer mis relatos. Y por supuesto espero críticas para seguir formándome. GF

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