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2 min
Placeres de un puta
Reflexiones |
10.12.14
  • 4
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  • 593
Sinopsis

¿Cuál es el precio de una mujer, sino es el pensamiento del hombre que la vende o que lo crea? ¿Cuándo se desvirtuó la inocencia de la mujer por la lastima de unos centavos? ¿Quién decidió inmoralidad en lugar de valentía? Esa perversión sexual dentro de un contexto lleno de placeres ilusorios. Sus fisuras indignantes, pero autónomas, las que esa “putica” clava en su vida, por dinero, por otras vidas, o por el suspiro de otro día. Esa belleza de un maquillaje o un corto vestido en la frialdad de la noche y envuelta en el peligro del sexo, deslumbrando, con una sonrisa prostituta. ¿Un hombre ilegitimaría su hombría por tres pesos? ¿Un hombre crearía la indignidad de una masculinidad machista? ¿Cuál es la teoría del pensamiento en una sociedad, la cual difumina la mujer como un objeto de caridad sexual? , el cual se vende como producto para crear beneficios egoístas y poco duraderos que resucitarán a la mañana siguiente, como el maquillaje o la sonrisa de esa puta que se censura y es perjudicial para la prepotencia varonil y la sumisión femenina, que intenta pisar de alguna manera el pensamiento, desde un posicionamiento mejor. Porque, en esta sociedad, pague usted la cuota o no, ¿Qué es la mujer sino un objeto sexual? Es una teoría social despectiva, de un amor equívoco, así es una prostitución amarga, atada a los lazos de una sociedad, recorriendo calles y placeres egoístas. Besos falsos, pero besos. Caricias acalladas por las mentiras, por ese recuerdo de ser tomada como mujer. Como mujer, trabajo y prohibición de un amor. ¿Cómo amar a una puta? ¿Cómo compartir sus placeres vendidos? Arrancar esa venda de la piel, y recorrer un cuerpo manchado de una dignidad distinta, y es dignidad, porque, o sino, venda usted el culo por sus hijos. Dé usted el placer por un pedazo de pan. O calle sus ojos en gemidos interminables, pero de dolor y asco, de dolor y sobriedad de un sexo, un sexo que maltrate su cuerpo, y deje llagas en su pecho; sea usted la puta, o ámela como a cualquiera.

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