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4 min
Podía ser cualquiera
Drama |
06.04.14
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Sinopsis

Es un relato ficticio, totalmente inventado pero dadas las circunstancias y la situación en la que vivimos, el protagonista de esta historia... "Podía ser cualquiera"

Estaba apoyada en el alféizar de la ventana viendo la gente caminar por la calle, era todo un espectáculo observarlos desde el tercer piso donde vivía, iban de un lado a otro, caminaban muy deprisa o esa era mi impresión mientras los observaba. Me gustaba fijarme en ellos, imaginar cómo serian sus vidas, me entretenía bastante. El cartero que tenía cara de pocos amigos, el repartidor de la tienda de abajo, al que siempre se le caía alguna caja y se notaba que no tenía mucha experiencia, los altos ejecutivos con sus trajes caros, sus maletines de cuero y sus móviles de última generación, las madres que llevaban a sus hijos al colegio, los trabajadores de la obra de la esquina que siempre echaban algún piropo que otro, cosa que ya se estaba perdiendo, una pareja discutiendo dentro de un coche aparcado, otra dándose un beso apasionado en uno de los banquitos de la avenida, todo eso y mucho mas se veía cada día desde mi ventana, todo eso y mucho mas era la vida.  

El sol que me daba en la cara, hoy haría calor, aunque todavía se podía sentir el frescor de la mañana en la piel. Al girar la cabeza hacia el otro lado de la calle vi una persona que había pasado inadvertida para mi, era un vagabundo que se encontraba sentado en el suelo, tenía la cabeza agachada, metida dentro de su cazadora, casi como las avestruces y llamo toda mi atención, seguí observándolo por un rato, pero no se movía y me preocupé. Nadie lo miraba, ni le hacían caso, pasaban por su lado y mucha gente casi saltaba por encima de él pero era como un mueble, como algo que tenían que rodear para seguir su camino. Cogí la chaqueta, y me dirigí a la calle, compraría el pan y vería si se encontraba bien.

Al llegar a su altura, le pregunté, "¿se encuentra usted bien?", levantó la cabeza, me miró sorprendido y con temor en sus ojos y me dijo, " si señora, no se preocupe, gracias", entonces me di cuenta que estaba llorando, le pregunté porque lloraba, si le dolía algo, si necesitaba un medico y me contestó que le dolía el alma. Y sin decir nada mas, comenzó a contarme su historia.

Llevo 4 días durmiendo en la calle, hace un mes lo tenía todo y ahora me he quedado sin nada. Tenía una familia, mujer y dos hijos, mi mujer me puso la maletas en la puerta el día que mi empresa cerró, pero eso no es todo, es que después me enteré que me estaba engañando con otro desde hacia tiempo. La casa se la ha quedado ella claro, hasta que los niños sean mayores le corresponde. Mi coche lo tuve que vender para pagar unas deudas, no tengo más familia, soy hijo único y mis padres murieron hace años, los dos tíos que me quedan por parte de madre viven en el extranjero y no tengo su dirección, intenté contactar con ellos pero habían cambiado de domicilio.  Así que estoy solo, sin dormir por miedo a que me hagan algo, casi sin comer porque todavía me da vergüenza estar pidiendo, la calle es muy dura y nadie estamos preparado para esto.

En ese momento mis lagrimas ya caían solas, sin control, ese hombre había hecho llegar a mi corazón la angustia, la desesperación y la impotencia que sentía. Sin decir nada, me di la vuelta y entré a la tienda, compré el pan, subí a casa y le preparé un bocadillo de enormes dimensiones y bien relleno, cogí 30 euros y volví a salir a la calle. No lo quería aceptar, pero le dije "cómase el bocadillo lo necesita y al final de la calle hay una pensión, ahora mismo voy a ir y le voy a dejar un día pagado para que por lo menos pueda dormir, no puedo hacer mucho mas por usted, pero si lo veo por aquí, un plato de comida no le va a faltar" El vagabundo lloraba más que cuando lo encontré y yo con él, por la pena de la situación y porque ese hombre..., podía ser cualquiera.

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Otros relatos del autor
  • Gracias a los tres por vuestros comentarios y valoraciones, un saludo
    El relato es estremecedor por la naturalidad con que se desenvuelve la tragedia. Impresiona la manera sencilla de narrar que a la vuelta de la esquina el abismo nos aguarda a todos. Y el día que sea yo..., espero dar con tu calle para dejarme caer desfallecido, porque no me fío de que haya tantos solidarios de verdad, temo que lo sean de pacotilla. Saludos.
    Susana: Un relato contundente. Yo fuí artesano trabajando en la calle y pude ver éso todos los días. Te anotaste un poroto, es decir no un poroto, ¡¡100 kilos de porotos. !!
    Hay que preocuparse y no sentir indiferencia ante una persona que se encuentra en la en una situación similar que la que se encuentra el protagonista. Pero no por temor a que Podríamos ser uno de ellos, sino, por compasión.
  • En esta segunda parte, terminan lo que quedó pendiente en la primera, estrenar la ducha..., y de que forma...

    La casa de sus sueños, la vida que siempre había deseado..., todo a estrenar, el comienzo de un sueño hecho realidad.

    Siempre hay una salida, siempre hay un rayo de sol esperando...., solo que a veces, no lo vemos, hasta que es...DEMASIADO TARDE.

    Recuerdos de niñez..., que bonito cuando estas sola contigo misma, que paz, que intimidad, nadie puede entrar en mi mundo si yo no quiero.

    Un lugar tan común como un ascensor puede marcar parte una vida....

    Escrito en una noche de rabia. Me encontraba sola, perdida en mis recuerdos..., y estos me llevaron a describir, lo que siento desde que él se fue.

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Tengo 38 años,casada y con dos hijos. Amo la música, leer, pasear, viajar y todo lo que sea divertido.

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