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6 min
Polvo de estrellas
Amor |
15.04.13
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Sinopsis

Este relato va dedicado a Lucia Clementine, para que siga por la senda de la pluma.

El “Lanas” era un pub montado por un viejo rockero vallecano en los tiempos de la movida madrileña, a las espaldas del Puente de Vallecas. Renovando estética y actuaciones se las había apañado para mantenerlo a flote y entrar en el veintiuno. Había allí mucha gente, aquello siempre estaba a tope a partir de las doce. Lúa estaba en su rincón habitual, la subterránea de moda, rodeada de su séquito adulador compuesto por cinco o seis tipos que le bebían los vientos y un par de imitadoras. Me acoplé en la barra y me pedí una birra, había ido a cobrar. Acababa de entrar y ya tenía mono, mierda de prohibición de tabaco. No me gustaba el local ni la música estridente de fondo, pero eran negocios. Y algo más.

    Su padre era funcionario y tenían un ático inmenso en el barrio de La Estrella, pero ella se había decantado desde el principio por los tipos duros y siendo apenas una mocosa se pateaba los antros de Vallecas en busca de emociones. Ya por entonces se me acercaba y restregaba su culo contra mi polla hasta que la volteaba sobre el capó del viejo 21 y le daba caña. Cuando terminábamos se hacia la remolona hasta que la invitaba a una raya. Siempre dijo que me quería. A pesar de la pose no dejó los estudios y sacaba buenas notas, terminó cursando periodismo. Cada vez que me la follaba me escribía un poema. La animaron a que adiestrase la pluma y comenzó a cultivar la imagen de poetisa maldita, se cepilló a una docena de lechuguinos para que alabaran lo que escribía en aquellas revistas alternativas y compusieran su séquito. Se fue ganando la fama. Una de cal y otra de arena, se casó con un pintor estrafalario hijo de un juez famoso, tonta no era; demasiado melifluo, soportaba estoicamente el tropiezo con los dinteles. Firmó su primer poemario en la feria del libro. Con todo, siempre encontraba un hueco, para mis rayas y para mi polla. Que lo suyo era amor, decía. Terminé siendo su camello, era mi oficio. La crisis le embromó la partida y las rayas fueron quedando a cuenta, el sexo se hizo mecánico y los poemas trazos quebrados. El jefe me había dado un toque y no podía ignorarlo, en esas lides no hay segundos avisos.

    Me saludó al verme, sabía que se tomaría su tiempo para acudir. No me importó, me bebí de un trago la cerveza y pedí otra. Estaba con la tercera birra cuando se acercó y me besó en los labios.

    -¿Quieres que nos vayamos? –había un pozo de deseo en sus ojos negros. Sabía como tentarme.

    -He venido a cobrar. No puedo esperar más.

    -Sabes que ahora no tengo, no puedo pedir más adelantos hasta dentro de dos meses.

    -Pues pide prestado a tu padre, al cornúpeta o al juez, pero necesito la pasta.

   Hizo intención de irse pero la sujeté del brazo y clavé mis ojos en los suyos, entonces comprendió y sintió miedo, el suyo y el mío, ya sabía yo que era frágil. Lo peor de todo es que su fragilidad también era la mía. La quise, desde cuando a los quince años  restregaba su culo contra mi polla. Uno de los energúmenos que la acompañaban se sintió quijote y vino a salvar a la dama, me atizó con la jarra de cerveza y me abrió una brecha en la cabeza. Lo miré mientras se me desbordaba la rabia y comencé a golpearle.  No le pegaba a él sino a ella, también a cada uno de los lechuguinos y al melifluo del marido, a la mierda de la coca y a la puta vida. Cuando lograron separarme el pobre estaba inconsciente y ensangrentado, hecho un guiñapo sobre el suelo, habían avisado a la policía. Ella me tomó de la mano y tiró de mí, salimos huyendo, nadie impidió nuestro paso.

    Se escuchaban las sirenas de los maderos aproximándose y apenas había transeúntes por la calle, la sangre manaba de la brecha abierta en mi cabeza. Lúa repartía su atención entre la herida, intentando restañar la sangre, y mis labios, que no paraba de besar. Éramos un blanco fácil aunque no intentaran dispararnos, teníamos que salir de la calle. La obligué a correr, alejándonos del sonido de la sirena mientras pensaba algo. Un vetusto Opel Kadett se cruzó en nuestro camino, salvador. Rompí el cristal de una patada y abrí la puerta, el puente fue fácil y salimos pitando. Necesitaba pensar, despejarme, se me ocurrió un lugar escondido por la calle San Claudio donde poder refugiarnos, siempre que la pasma no se cruzara en nuestro camino. Intenté que el Kadett fuera un vehículo de tantos y crucé los dedos para que nadie se fijara en la ventana rota, empujé a Lúa hacia su asiento y traté de que conservara las apariencias.

    Sabía que le había hecho daño, la última imagen desmadejado sobre el suelo hablaba por sí misma, también sabía que los lechuguinos iban a identificarme ante la policía, no iba a poder escaparme de aquel marrón. Había lágrimas en los ojos de Lúa, ella también sabía. Finalmente aparcamos en la pequeña plaza escondida, se abalanzó sobre mí y metió su lengua en mi boca, el sabor de sus lágrimas se mezcló con el de su saliva. La saqué el coche, llevaba un vestido rojo con flecos al estilo de los del charlestón, la tumbé sobre el capó y se lo alcé, le arranqué el culote. Estaba húmeda y caliente, me agarré a sus senos y la follé con desesperación, por momentos la línea del Kadett se confundió con la del viejo 21. Un último polvo, quise pensar, pero la estaba haciendo el amor. Besos y sexos entrelazados, gemidos, algunas ventanas se iluminaron, no me importó. Acabamos sentados en el suelo, abrazados a un sueño imposible mientras escuchábamos los frenazos de los coches de la policía aparcando al otro lado de la plazoleta.

    El tipo perdió el bazo y tuvo que ser hospitalizado, me cayeron cinco años. Llevo tres. Lúa pagó la deuda que tenía con mi jefe y ha publicado dos libros de poemas desde entonces, me los trajo y me los dedicó, dijo que le salían mejores entre mis brazos, que me añoraba. Forzosamente una promesa inconclusa. Sigue con los lechuguinos y con el melifluo, nada ha cambiado. Yo tampoco.

   

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER y http://ee-ender.blogspot.com.es/

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  • Ender, aunque el tipo que cuenta la historia, tu protagonista, la narra de manera descarada y como sin darle importancia, no deja de ser una relación de amor, aunque también de conveniencia mutua, la que tienen estos dos. Ambos se necesitan y por eso a pesar del tiempo que pasa y de las circunstancias, nada cambia entre ellos. Me ha gustado la espontaneidad de la voz narradora, creo que de todo, eso es lo mejor del relato; su fluidez, su naturalidad. Nos leemos!!
    Buen texto, fluido, sugrente, así da gusto. Nunca sé qué más decir cuando me gusta un relato. Muy bien.
    Una verdadera fotografía de aquellas movidas nocturnas. Me has hecho recordar mis comienzos como músico en garitos entre bullas algún que otro polvo y alguna estrella. Como siempre genial!
    Tremendo relato Ender, tiene un ritmo vertiginoso y cautivador, me pareció cachondo y perverso. Te agradezco mucho que leas mis textos, tomo muy en cuenta tu opinión, saludos.
    Duro y enternecedor.Fantástico
    Es un relato desgarrado y con mucha garra, tiene chispa y es chispeante, magia y fuerza no le faltan, anda sobrado de nervio y con la sensualidad a flor de alma. Sin duda, Ender, uno de los mejores que te leído últimamente.
    Muy bueno, muy en tu línea
    Todo es muy bonito y tal , pero esas ''pollas'' repetitivas le dan un toque obsceno que ofende un poquito xD
    Estrellas explosivas, asi son. Esta frase sin tu relato no tendrîa tanta fuerza: "Lo peor de todo es que su fragilidad también era la mía.". Quedé KO con el final con la venenosa ironîa. Una vez me dijiste que te habîa tocado buscar en el diccionario los colombianismos, hoy me ocurriô lo mismo. Buena oportunidad para hacerlo jeje
    Mantener la tensión desde la primera palabra a la última es un arte (no una técnica...,¡qué fácil y qúe insulso sería escribir bien entonces). El ritimo me ha gustado,y también ese maldito algoritmo de la violencia y la ternura, como hablamos, Ender.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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