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11 min
POSESIÓN LITERAL 1
Fantasía |
17.03.13
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Sinopsis

La palabra castellana " letra " procede de la palabra latina " litera ". De ahí que se llame Literatura al noble arte de combinar palabras para construir relatos. Y así, todo hombre o mujer que, al escribir, logra trasmitir emoción y belleza y consigue conectar con el lector vibrando ambos al unísono, ese hombre y esa mujer se convierten, literalmente, en artistas. Llevo dos meses partipando en la wed de T.R. y lo único que lamento es no haberla descubierto antes. Este relato va dedicado a todos vosotros, esforzados escritores y escritoras que, día tras día, con vuestros relatos, hacéis posible que este gran invento siga funcionando.

 

Leonardo López era un escritor aficionado. Desde muy niño había sentido pasión por la lectura, y la literatura constituyó desde siempre su método predilecto de evasión y entretenimiento. Al día de hoy, a sus 40 años recién cumplidos, había escrito medio centenar de relatos cortos con una extensión de entre 3 y 20 páginas. Su sueño más anhelado, el deseo que pediría al genio, sería escribir una novela al estilo de los grandes escritores que leía y admiraba: Agatha Christie, Julio Verne, Edgar Allan Poe, Stephend King, Conan Doyle, Stevenson, Baroja, García Márquez ...

Leonardo López creía en las musas de la inspiración. De hecho, a él se le ocurrían los relatos de repente, a partir de un suceso, una noticia, una foto, un olor evocador, un sueño...y en ese momento sentía que la historia había entrado en él, como si lo hubiera poseído, la oía bullir dentro de su cerebro, fluir a través de sus neuronas, deslizarse a través de sus venas y capilares, cosquillear en la punta de sus dedos, pugnando por salir y plasmarse sobre el papel. Por eso, escribir un relato equivalía a realizar el ritual de un exorcismo liberador y los demonios expulsados eran entrañables, buenos y bellos.

Leonardo  López frecuentaba alguna que otra tertulia literaria en compañía de amigos , también escritores aficionados. Allí se comentaban libros, cada cual exponía sus ideas y se debatía durante horas. El tiempo volaba y ellos volaban con él, surcando mundos imaginarios en compañía de personajes, de personas inmortales. Algunas de las ideas  de Leonardo eran ciertamente originales. Nuestro hombre estaba firmemente convencido de que todas las historias que se han creado existieron desde siempre flotando en el espacio infinito, en una especie de limbo literario, como ondas de radio a la espera de que alguien sintonice su frecuencia, como alma descarnadas en busca de un cuerpo de tinta y papel. Eso eran las musas y no otra cosa.

Últimamente, Leonardo sufría el bloqueo del escritor. Las musas lo habían abandonado. Una y otra vez, giraba la rueda apurando el recorrido del dial de la inspiración, pero no lograba sintonizar ninguna frecuencia. Allí donde antes surgía la voz potente y diáfana, ahora obtenía, en el mejor de los casos, sonidos entrecortados y ruidos de irritante estática.

Uno de sus colegas de tertulia, enterado de su sequía creativa, le propuso realizar una sesión espiritista para invocar los espíritus de escritores célebres. Dijo conocer una medium muy buena, con un extraordinario nivel cultural y versada en temas literarios, lo cual facilitaba su labor a la hora de contactar con los selectos fantasmas. Argumentó que él había recurrido a sus servicios en una situación de absoluta incapacidad creativas y las esquivas musas habían retornado en tropel, permitiéndole recuperar y aún acrecentar la facilidad para construir relatos. Leonardo no supo si hablaba realmente en serio pero, sea como fuere, aunque no lograra el objetivo propuesto siempre pasaría un rato entretenido.

Dicho y hecho. La sesión espiritista se celebró el viernes siguiente, día habitual de la tertulia, en una cabaña de madera situada a orillas de un pequeño lago de montaña y en medio de un bosque de enormes robles. Un escenario apacible, ancestral y puro, ideal para contactar con los moradores del Más Allá.

A las doce en punto de la medianoche, al parecer hora propicia, cuando se abre la puerta que comunica ambos mundos - así se lo hizo saber la joven medium, una inesperada belleza gitana de nombre Zuleima - el póker de sesudos tertulianos y tertulianas, dos chicas y dos hombres, contando a Leonardo, con edades comprendidas entre los 25 años de la más joven y los 50 del mayor, se hallaba preparado para comenzar el acto invocador. Se cerraron las conventanas, se apagaron las luces y bajo el incierto resplandor de las velas dio comienzo la esotérica función. Los cinco participantes se cogieron de las manos. Leonardo, colocado a la derecha de Zuleima, se estremeció ligeramente al recibir el cálido y firme apretón de la exótica mediadora con los muertos. Previamente, ya había sido asaltado por un súbito ramalazo de lujurioso deseo al encontrarse frente a la dueña de aquella exuberante cascada de pelo, brillante y negro como ala de cuervo, y los increíbles ojos verde esmeralda de aquella más que digna representante de la racial estirpe calé. La liviana túnica roja con que se cubría invitaba a imaginar turbadoras formas, a soñar turgentes y arrebatadoras redondeces, a recrear ocultos y cálidos rincones por los que cualquier hombre perdería la cabeza. Una diadema dorada dorada ceñía su cabeza como una áurea medialuna suspendida en el reluciente azabache de la noche.

Leonardo se encontraba cada vez más animado y presentía que todo aquello podía resultar de lo más interesante y placentero. El guión del sobrenatural evento era bastante simple: cada uno de los concurrentes debía elegir un escritor célebre ya fallecido y la, supuestamente, erudita medium invocaría su espíritu allá donde se encontrase y éste acudiría presto.

Leonardo estudió el rostro de sus acompañantes, tensos y expectantes, más o menos escépticos, inquietos e inquietantes a la luz oscilante del pesado candelabro de bronce. El aprendiz de literato y huérfano de las musas se preguntó si alguno de ellos otorgaría algo de crédito a los supuestos poderes de aquella intermediaria de ultratumba o, como era su caso, consideraban todo aquello como un agradable pasatiempo que les permitiría disfrutar de una emocionante velada literaria y encima, discurrió Leonardo con malicia, podría recrearse con la presencia y cercanía física de aquella mujer espectacular. Desde luego, si el fuera un espíritu y recibiera la llamada de semejante cuerpo, le faltaría tiempo para acudir y a ver quien lo hacía regresar después.

Pero luego, cuando el ceremonial comenzó, al fin, y a pesar de su firme y manifiesta incredulidad, Leonardo no pudo por menos que sentirse impresionado ante las portentosas cualidades como actriz que a lo largo de dos horas largas demostró la medium Zuleima. Le maravillaron sobremanera su capacidad para impostar la voz, independientemente del sexo del invocado, y los profundos y, aún a su pesar, sobrecogedores cambios que se operaban en el bellísimo rostro de la chica cada vez que el supuesto espíritu " penetraba " en ella. Tardaría mucho tiempo en olvidar, si es que lo conseguía, las muecas insólitamente perversas, cuasi demoníacas, deformando sus perfectas facciones; la forma en que sus deslumbrantes iris huían y se ocultaban casi enteramente, los horripilantes y roncos sonidos que parecían brotar directamente de su estómago; las sensuales manos de largos y aristocráticos dedos crisparse como garras o manotear frenéticas luchando contra monstruos invisibles.

Y si todo esto no fuera suficiente para encandilar al público más exigente, la increíble Zuleima poseía, tal y como le habían asegurado, una vasta cultura literaria, al menos en relación a los escritores que habían elegido sus amigos. La joven médium desplegó, sin titubeos ni vacilaciones, tal ingente caudal de conocimientos sobre aquellos genios de las letras que, por momentos, Leonardo percibió como finas grietas de duda amenazaban con abrirse en la férrea coraza de su incredulidad, pues talmente parecía que todo lo que Zuleima decía lo había vivido en persona. Hablaba con tanta naturalidad y convicción, que daba la impresión de estar narrando no algo aprendido sino una auténtica experiencia personal.

Los dos primeros escritores invocados tenían un rasgo en común: una vida tormentosa y atormentada y un final prematuro y trágico. Esta circunstancia confirió un intenso dramatismo gestual y vocal a la representación de Zuleima de forma que parecía experimentar en su cuerpo y mente las angustias y sufrimientos que aquellos habían padecido en su agitada e infausta existencia.

El miembro más veterano del grupo de tertulianos, un entusiasta de los relatos de terror, tuvo el privilegio de elegir el primero y se decantó, como no podía ser de otra manera, por el gran maestro Edgar Allan Poe. El presunto espíritu se manifestó con inaudita y sospechosa rapidez, según el parecer de Leonardo, y, con suma amabilidad, contestó a todas y cada una de sus preguntas. El maestro norteamericano del terror les reveló que sus relatos más queridos eran, por este orden, " El cuervo ", " El gato negro " y " El caso del señor Valdemart". A continuación, les describió, con todo lujo de detalles, sus experiencias con el opio, afirmando que la droga le servía como alucinante fuente de inspiración. Con profunda tristeza, recordó a su prima Virginia, su jovencísima esposa, muerta de tuberculosis. En este punto, gruesas lágrimas afloraron a los ojos de Zuleima y se deslizaron a través de sus tersas mejillas hasta su cuello de cisne, desapareciendo bajo la ancarnada túnica. Leonardo, absolutamente fascinado, siguió su recorrido y deseó ser una lágrima. Luego, el gran Poe, con el estilo fascinante, preciso e incisivo de sus relatos, charló distendidamente sobre la vida y costumbres de Boston, su ciudad natal, y  finalmente, les relató su penosa muerte en Baltimore, a los 40 años, víctima de las drogas y el alcohol. Aquí Zuleima no se explayó demasiado limitándose a ofrecer unos cuantos datos, en general bastante vagos - lógico, pensó Leonardo, porque a día de hoy, nadie sabe a ciencia cierta como fueron las últimas y terribles horas del genial escritor - aunque, eso sí, la voz de la medium se quebró varias veces y las lágrimas asomaron de nuevo.

En resumen, Zuleima se lució porque el personaje se prestaba a ello. Realizó una actuación memorable pero, pensó Leonardo, tampoco reveló nada que no se supiera ya; a él, al menos, todos los datos aportados sobre la vida de Poe le resultaron familiares, por lo cual su nivel de escepticismo se acentuó confirmando sus iniciales reticencias.

A continuación, la tertuliana más joven del grupo, creadora de extraños y desgarrados relatos con sorprendente desenlaces, ubicada a la izquierda de Leonardo, tras unos breves instantes de vacilación, pronunció en voz alta y clara el nombre de Guy de Maupassant. Si Poe había llevado una mala vida, éste no le iba a la zaga aunque sus males obedecieran a causas bien distintas.

Zuleima se explayó comentando los relatos " ¿ Quién sabe ? " y " El Horla ", cuentos basados, al parecer, en hechos reales, donde Maupassant refleja ya los síntomas de una incipiente demencia que finalmente lo impulsaría a cometer varios intentos de suicidio, todos fallidos. La voz de Zuleima, con acusado acento francés, se rompió otra vez rememorando, reviviendo, los terribles episodios mientras sus manos crispadas remedaban el gesto de rebanarse el cuello con una navaja de afeitar, pues tal fue el método que Maupassant discurrió para intentar quitarse la vida; repetido, con patética y escalofriante torpeza, hasta en cuatro ocasiones sin lograr su fatal objetivo.

Tras lidiar con estos dos atribulados espíritus la medium dijo estar agotada y necesitar un descanso.

Cuando, al fin, se reanudó la sesión, el tercero de los camaradas de Leonardo, profesor retirado y notable autor de relatos de intriga y misterio, se compadeció de la chica y decidió cambiar de tercio e invocar a un escritor que hubiera tenido una vida más larga y apacible y, sobre todo, una muerte más tranquila y ortodoxa.

Al igual que sus predecesores, Agatha Christie, la gran dama del crimen, no se hizo de rogar y enseguida hizo acto de presencia, talmente, pensó Leonardo, como si estuviera esperando la llamada, sentada al lado del teléfono. Desde luego, continuó reflexionando Leonardo esgrimiendo una sonrisa de suficiencia, parecía que Zuleima tenía cierta prisa por terminar de una vez con todo aquello.

Ell no fue óbice, no obstante, para que de nuevo los deleitase con otra actuación memorable componiendo con notable perfección el personaje de una otoñal dama victoriana.

 

( Continuación y Desenlace en  POSESIÓN  LITERAL  2 )

 

 

 

 

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  • Torrencial tu pluma, y con Zuleima cerca los espíritus están de más, je! Veremos la conclusión.
    mañana me leo el otro sin falta. no hubiera esperado jamás que un relato sobre el bloqueo del escritor pudiera contener una sesión de espiritismo. sorprendente
    Por ahora te doy 5 estrellitas, y me voy a leer la segunda parte de este estupendo relato!
    me enganché desde la sinopsis (que por cierto... muy linda). Sigo el próximo capítulo
    Un espiritismo verdaderamente ilustrado. Me está gustando. Voy a por la segunda parte.
    Me encantan las historias de espíritus, brujas y meigas, y esta no podía ser menos.Voy al desenlace y ya comento algo más.
    Me encanta como termina la segunda parte de esta historia... soy manchega por los cuatro costados, jajaja. Te invito a que pases por mi relato " Sin huellas" , todos de alguna manera homenajeamos a nuestros maestros. De nuevo darte la enhorabuena por esas musas que te acompañan...sigue en ello.
    A la espera de la segunda parte Paco, sin duda es un buen compendio el de los relatos que incluyes en tu narración, fluida e imaginativa, por cierto, gracias por la recomendación de "el Horla" , un saludo.
    Leches, no había caido en lo del 1 y bajaba con todo interés hacia el desenlace, embarcado en la historia. Buena narración, me quedo a la espera para sacar conclusiones.
  • Las guerras dejan muchas heridas; a veces, las peores son aquellas que no se ven...

    Desde siempre, las noches de Luna llena han sido escenarios abonados donde germinan las historias más singulares...

    42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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