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6 min
Pozos infinitos
Drama |
07.03.12
  • 3
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  • 850
Sinopsis

Era curioso cómo un recuerdo tan dulce podía resultar tan amargo.

Sus palabras parecían retumbar en mi cabeza , palpitantes , huecas. La superficie de asfalto se sentía extrañamente cómoda , cálida incluso. Casi no lograba pensar en otra cosa que en la posibilidad de quedarme allí para siempre , encogido y patético , como un bebé indefenso , o una lombriz de tierra.

Un fuerto golpe contra mi estómago me devolvió a la realidad tan bruscamente como vino. Sentí cómo la bilis subía amarga por mi garganta , quemándome , cortando el paso al aullido de dolor que agonizaba por salir de mis pulmones. Volví a escuchar la pregunta , esa maldita pregunta. ¿Qué pretendía que respondiera? El desconcierto dio paso al estupor , el estupor a la irritación , la irritación a un fuerte e inesperado golpe en la sien con la culata de una 9 mm , y éste , finalmente , al suelo , y al horror.

-¡¡Contéstame cabrón!!-gritaba aquella sombra que me cegaba más que los rayos del sol.  Mi silencio volvió a provocar otra patada , esta vez en la boca , de la que ahora manaba caliente , ferrosa , casi rítmica , la sangre , mi propia sangre.

Sentí cómo me agarraba del cuello de la camisa y me empujaba contra la pared calada , suave y fría. Me sujetó por el cuello con una mano y con la otra me seguía encañonando : ahora podía , debía , mirarme a los ojos. Ojos ojerosos , profundos y oscuros , como grandes pozos infinitos , casi hipnóticos.

-¿Por qué lo hiciste?¿Eh?¡Dime por qué hijo de puta!¿¡Por qué?!

El sudor me escocía en la espalda , algún arañazo por la caída. Ahí estaba yo , con la cara sudada , sangrante y salpicada de la saliva de aquel poseso , lánguido como un muñeco de trapo con la mandíbula ridículamente descolgada.

-Mi niña...- su voz temblaba , sus pupilas también , su mano en mi garganta no-...mi niñita...¡tenía siete años mamón!¡Siete!¡Toda la vida por delante y tu la mataste cabrón!

El corazón se me paró del golpe...así que era eso. Había pasado tanto tiempo que pensé que jamás volvería a escucharlo. Creía que había quedado enterrado , bien enterrado , en la mohosa tierra de algún pantano.Callado , inmóvil , tranquilo había estado aquel secreto a lo largo de treinta años. Ahora era proclamado en alta voz a plena luz del día.

-...no sé de qué me está usted hablando , pero siento lo que le pasó a su h...- apretó mi cuello y me cortó la respiración , apoyó el cañón en la sien y acercó su rostro al mío.

-No te atrevas a referirte a ella , no la menciones siquiera...no digas su nombre , sólo dí por qué lo hiciste y dónde está o te reviento la cabeza aquí mismo.

Sabía que lo haría , dijera lo que dijera acabaría dando con mis sesos en el suelo.

Apenas podía articular una palabra , pero con esfuerzo y coraje por conservar mi vida jugué mi última carta.

-Señor...yo no lo sé...no sé por qué lo hice...lo siento...

-No vayas por ahí cabrón , no voy a perdonarte en la puta vida , dime dónde está mi hija.

-...-la suerte estaba echada-...ella ya no está...

No hiceron falta más palabras.

 

Sus ojos se apagaron al descubrir que decía la verdad. Me soltó muy despacio , yo me mantuve pegado a la pared , rígido , esperando el veredicto por segunda vez en mi vida. Aquel hombre no separó sus ojos de mí. Andó hacia atrás unos pocos metros , estaba pálido como la cera , parecía desorientado , hundido , empequeñecido y acabado.

Suspiré largamente , jamás apretaría el gatillo. Las presas no pueden devorar , sólo esconderse , es ley de vida. No había nadie en la calle.O tal vez sí , pero se ocultaban tras las persianas , escuchando nuestra extraña disputa , esperando la inminente sentencia.Tal vez habían oído la conversación y apoyaban a aquel triste individuo como un cortejo fúnebre en silencioso luto , dando la espalda a ese cruel demonio que era yo.

Poco a poco mis músculos comenzaron a relajarse y de repente sentí como si mi esqueleto no fuera capaz de soportar mi propio peso. Pero justo cuando estaba a punto de derrumbarme él volvió a mirarme y sus ojos vidriosos cobraron vida , la sangre volvió a su cara y su mandíbula se tensó mientras empuñaba la pistola y se dirigía a mí.

¿Debía defenderme?¿Echar a correr?Había sobrevivido en las peores condiciones durante más de treinta años , y ahora que volvía a respirar , ¿todo iba a acabar?

La bala atravesó mi costado y sentí un dolor inmenso que me obligó a arrodillarme cual penitente. Noté el rostro enfriándose mientras mi vida , caliente , resbalaba por el costado empapando mi ropa , respirar se me antojaba como un capricho que no me podía permitir.

-¿Qué hiciste con ella?¡¿Qué le hiciste?!¡¡Contesta o te mato hijo de puta!!

Mi camisa blanca se volvió roja , roja oscura. No podía pensar , ni ver , ni oír , había perdido la noción de la realidad y cada vez tenía más frío.Noté el calor de su aliento mientras me zarandeaba y me preguntaba lo mismo una y otra vez con la voz rota y los ojos húmedos.Mi boca estaba pastosa , era el fin , a mi alrededor todo era niebla y oscuridad y , entonces , solo pude recordar una cosa : la tela roja y la piel suave y fría , como terciopelo. El olor a tierra mojada y primavera. Era curioso cómo un recuerdo tan dulce podía resultar tan amargo...tanta belleza apagarse en unos ojos tan pequeños , oscuros , profundos como pozos infinitos , hipnóticos.

-Ella era mi princesa...dormía en mis brazos tranquila...mi princesa...

 

Después , silencio.

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