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17 min
Prácticas de vuelo
Ciencia Ficción |
10.12.13
  • 4
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Sinopsis

El vuelo de prácticas del cadete Ramius está a punto de convertirse en cuestión de vida o muerte. Velocidad y maniobra entre fragmentos hielo y roca en órbita alrededor de un gigante gaseoso.

Jack Ramius contemplaba ansiosamente el panel del teuthida aguardando la señal que activaba la baliza y daba inicio al ejercicio. En el hangar de Academia, el caza de instrucción del joven cadete estaba listo para sumergirse en el anillo de Nivaya, el cinturón de asteroides de cientos de miles de fragmentos de hielo y roca alrededor del gigante gaseoso que los mantenía ocultos. Jack era un ganador y estaba convencido de que iba a sacar la mejor puntuación pese a no haber empezado bien el día. Las sábanas lo habían sujetado con fuerza aquella mañana y por quedarse dormido había sido penalizado con la última posición de salida para aquel test. Iba a demostrar a Lawson que él era el mejor piloto.

El joven solo tardó una fracción de segundo en dar impulsión al teuthida tras recibir la autorización para el despegue. Sólo llevaban volando apenas unos días y Jack ya había sintonizado perfectamente con el pilotaje de aquella nave. Con diestras maniobras, fue dejando atrás Academia, la fragata militar que se había convertido en su hogar. Aquella era la esperanza Elate, la que iba a convertirse en el defensa principal contra el Imperio Bikawa. Aunque por el momento distaba mucho de ese propósito. Dirigida por novatos y cadetes inexpertos sólo podría empezar a cumplir su función una vez finalizada la instrucción. De toda la tripulación, sólo el comandante Denis Lawson tenía experiencia real en combate.

La curiosa forma orgánica y la concentración de asteroides del anillo planetario provocaron que Academia pronto se perdiera como si de otro fragmento de roca más se tratara. Difícilmente sería detectado por visitantes indeseados. Las comunicaciones estaban muy restringidas y otros tipos de emisión quedaban enmascaradas gracias al potente campo magnético del gigantesco planeta. Procedían con la máxima cautela. Los bikawasa ya los buscaban y mientras no completaran el adiestramiento serían vulnerables.

Volvió a centrar su atención en los paneles del teuthida. La primera parte del ejercicio consistía en maniobrar rápidamente por el interior del cinturón, entre asteroides, siguiendo una ruta precargada en la memoria de la nave. La misión consistía en localizar en el cuadrante V15 un número indeterminado de Furtivos, unas pequeñas naves de entrenamiento automáticas, a las que se había asignado diferentes puntuaciones según su dificultad para ser marcadas con un dispositivo llamado araña que contenía la baliza identificativa del cadete al que pertenecía. La 43, la suya, recogería la telemetría y el tiempo empleado en completar la tarea. Después, el piloto debía volar hasta la base oculta en una de las lunas de Nivaya dónde le esperaban el resto de compañeros y el instructor Lawson les monitorizaba. Posteriormente el comandante recuperaría los datos de las balizas para establecer las puntuaciones.

No conocía los resultados de sus compañeros y aunque no esperaba grandes resultados de la mayoría, varios de ellos había demostrado ser bastante capaces. Él sería mejor. Intuía que tarde o temprano, a lo largo de la instrucción, serían asignadas graduaciones y ascensos para formar una estructura de mando en Academia y suponía que las puntuaciones serían determinantes.

La complejidad del ejercicio, además del pilotaje, era localizar los Furtivos más esquivos y de mayor puntuación sin usar un escaneo activo. Había, por tanto, que recoger los datos de los sensores pasivos para determinar desvíos y movimientos irregulares de los cuerpos dentro del cinturón. Puesto que la impulsión gravimétrica no emitía radiaciones detectables, debían extrapolarse sus ubicaciones analizando las perturbaciones de los asteroides y otros escombros próximos a su paso. Una tarea compleja pese a que el área a revisar era relativamente reducida.

Veinte minutos de habilidoso vuelo llevaron a Jack lo bastante cerca de la zona de búsqueda como para empezar a revisar los datos del cuadrante V15. La información, que procesaba básicamente el teuthida, requería ciertos ajustes que dependían de la pericia y la suerte del piloto. Sin embargo, lo que llamó su atención fue una extraña anomalía fuera del área designada para su ejercicio. Se trataba de algo bastante más grande que un Furtivo que se desplazaba lentamente en dirección contraria. Obviamente no guardaba relación con su objetivo, así que intentó quitarle importancia. Mientras su teuthida, que casi se había detenido, seguía recogiendo y procesando datos de V15, tras unos ajustes, Jack intentó ver qué era aquella anomalía a través de las pantallas de la cabina mientras ésta rebasaba su posición. La densidad de restos y la distancia se lo impidieron. Con tan pocos días de vuelo y a pesar de la facilidad con la que se había familiarizado con el control del caza, no podía decirse que dominara completamente los misterios del pilotaje espacial. Volvió a verificar que su posición fuese correcta. Jack ya había tenido algunas desavenencias con Lawson y maldijo a su instructor si se trataba de algún tipo de prueba extraña. La información recogida por sus instrumentos empezaban a localizar los Furtivos de menor puntuación. A lo largo de cientos de miles de años de colisiones, explosiones y reacciones, los fragmentos que orbitaban el gigante gaseoso habían encontrado un coherente equilibrio de fuerzas que los hacía desplazarse en una órbita estable dentro del anillo, a velocidades constantes, simulando una aparente quietud relativa.

Los datos de V15 seguían recogiendose y procesandose. Mientras no terminara, no podría localizar los Furtivos de mayor puntuación para darles caza. Jack seguía esperando cuando el análisis de la anomalía que lo había rebasado concluyó que en realidad se trataba de varios objetos bastante grandes. Probablemente no se trataba de una amenaza pero Jack sentía que no podía ignorarlos. Si enviaba una señal de radio a la luna y no eran hostiles, se exponía a que la transmisión fuera detectada por algún espía en el sistema o, y no menos importante, a quedar como un idiota ante el resto de compañeros. Y si realmente era una amenaza, la transmisión sería detectada y él quedaría muy expuesto a un ataque. Su esbelto teuthida no disponía de sistemas de armamento. Eran novatos realizando vuelos de instrucción y prácticas.

Según los cálculos, en unos treinta minutos aquella anomalía alcanzaría Academia. Jack maniobró su nave. Procediendo con cuidado, podría aproximarse a aquellas cosas para descartar que no se trataba de una amenaza. Quizá le robaría algo de tiempo,apenas unos minutos, pero creía que podría descrtar que se tratara de un problema y regresar a la zona designada para la prueba antes de que los datos de V15 terminaran de procesarse y se localizaran los Furtivos más valiosos.

La impulsión gravimétrica, que anulaba las fuerzas de gravedad posteriores para ser atraído por los cuerpos situados en frente, resultaba prácticamente indetectable. Especialmente en una nave tan pequeña como un teuthida. Furtivamente, Jack fue esquivando fragmentos de hielo y roca mientras se aproximaba a las anomalías, que eludían los asteroides con continuos ajustes en sus trayectorias. Mal asunto. Si no desprendían señal alguna, aquellos cuerpos tenían que ser naves gravimétricas también y en vista del sigilo demostrado, posiblemente problemas.

Una señal de alarma se encendió en el panel cuando dos de aquellos objetos se apartaron del grupo principal, describiendo un arco que parecía destinado a flanquearlo. A pesar de no haber obtenido aún una visual, los datos pasivos eran lo bastante reveladores como para considerar aquello una amenaza. Pese al riesgo, sabiéndose ya detectado, conectó sus sistemas de comunicaciones.

-Aquí el cadete Ramius -anunció -contacto con flotilla desconocida en el cuadrante..-consultó un panel para asegurarse -X45 rumbo Academia. Contacto estimado en -volvió a consultar los datos y un cálculo rápido -28 minutos, 15 segundos. Solicito instrucciones.

No hubo respuesta.

Jack estaba verificando que realmente las comunicaciones estaban activas cuando dos objetos más abandonaron la flotilla principal mientras los dos primeros ya empezaban a aproximarse en su dirección.

-Oh, oh -murmuró mientras maldecía mentalmente.

Aumentó la impulsión. Los diagnósticos de la nave informaban de algún tipo de interferencia en las comunicaciones. Lo que fuera que estaba acercándose a la fragata le impedía poner a sus compañeros sobre aviso. Al intentar acercarse al grupo principal, la primera pareja de cazas le estaba dando alcance. Abrieron fuego un instante después que la visual de Jack confirmara que dos cazas bikawa se abalanzaban sobre él por babor. El joven piloto nunca había entrado en combate y por un instante un miedo irracional y frío bloqueó sus musculos, dejando paralizado el teuthida mientras recibía varios impactos. Por fortuna para Jack, la tecnología de escudos Elate eran su punto fuerte y aunque se produjo un importante descenso de su fiabilidad tras los impactos, dieron al piloto el lapso de tiempo necesario para reponerse e imprimir un vertiginoso giro y contragiro que lo situó ligeramente a cubierto tras un gran asteroide.

En el breve impás que supuso a los cazas enemigos rodear el obstaculo, Jack volvió a verificar los datos disponibles. Confirmada la flotilla como bikawasa, el teuthida había clasificado con un porcentaje de fiabilidad bastante elevado que aquellas anomalías eran en realidad una docena de cazas, dos pequeños cruceros y una cañonera. Obviamente hostiles.

Sin dar tiempo a más sorpresas, Jack imprimió de nuevo velocidad a su teuthida antes de que los cazas enemigos le dieran alcance. La segunda pareja ya casi había llegado a distancia de tiro. Los escombros del anillo le proporcionaban cierta cobertura pero Jack estaba desarmado. Lo único que podía hacer era intentar llamar la atención de sus compañeros y que el comandante Lawson tomara las medidas oportunas. Aún no eran soldados. Sus escudos, muy superiores a los del enemigo, habían resultado muy dañados por los impactos anteriores y difícilmente aguantarían los impactos sostenidos de aquellos cazas mucho tiempo. Debía salir de allí.

La habilidad natural para el pilotaje de Jack lo mantenía provisionalmente a salvo mientras trazaba un plan.

-Mientras estemos dentro de este campo ni el comandante ni en Academia van a saber lo que está pasando aquí -murmuró para sí.

Con nueva determinación y un brusco giro de su nave centró en la proa el gigantesco Nivaya. Abandonaría el anillo de restos para llamar la atención de sus compañeros mientras confiaba en que al volar en línea la recta, pasando sobre el planeta, pudiera adelantar la flotilla bikawasa, obligada a seguir el arco del anillo de asteroides para seguir ocultos, y así avisar a los suyos. Sus escudos más potentes le permitían adentrarse más profundamente que sus perseguidores bajo las capas altas de la atmosfera del anaranjado planeta gaseoso, dejándolos atrás en caso de que optaran por seguirlo. Sin embargo, hasta que no alcanzara el planeta, su popa quedaría expuesta a los disparos de sus cuatro perseguidores. Esperaba que los escudos aguantaran lo suficiente.

Los haces de energía superconcentrada hacían impacto en algunos de los asteroides que Jack acababa de esquivar. A medida que se acercaba al planeta, la densidad de rocas que había usado para escudarse iba disminuyendo. Algunos disparos lograron alcanzarlo. Tenía la parte trasera muy maltrecha y dudaba si llegaría a refugiarse en Nivaya cuando, para su sorpresa, los perseguidores cesaron el fuego una vez hubo abandonado el anillo. Al comprobar sus datos supuso porque. La energía emitida por los impactos podía ser detectada en el espacio abierto y en cualquier caso era imposible que Jack representara una amenaza a esas alturas. Se había alejado demasiado de Academia como para llegar antes que la cañonera y su escorta, que ya habían recortado gran parte del recorrido. Si no los avisaba de algun modo, la fragata elate no dispondría de tiempo para abandonar el anillo antes de ser alcanzada por la abrumadora potencia de fuego de la cañonera. Se alejaba rápidamente cuando la voz de Lawson lo sacó de sus cavilaciones.

-Cadete Ramius, responda.

-¡Si! -reaccionó rápidamente -adelante instructor.

-¿Dónde se había metido? Cadete -Por fortuna, la persecución también lo había alejado de lo que fuera que había provocado las interferencias.

En ese momento su teuthida debía estar transmitiendo toda la información recogida a la base lunar. Jack le hizo un resumen.

-Señor, una flotilla bikawasa se acerca a Academia por entre el cinturón de asteroides del planeta -informó atropelladamente Jack -debemos avisarles.

Aunque no podía verlo, el piloto pudo imaginarse a su instructor mesandose la barbilla mientras repasaba los datos transmitidos.

-Ordene a Academia que abandone el anillo de Nivaya -indicó a alguien que debía estar a su lado. Tras una pausa añadió -Lancen dos misiles ajustados a la baliza 43.

Jack frunció el ceño ¿Baliza 43? La comprensión llegó un un instante antes de que Denis le confirmara su sospecha. Esa era la baliza de su araña, la que debía usar para marcar el Furtivo.

-Jack -susurró Lawson claramente. Debía haberse acercado al micrófono -Esa cañonera estará a distancia de tiro sobre Academia en algo más de cuatro minutos. En este momento 2 misiles teledirigidos se dirigen hacia ti. Debes marcar la cañonera con la araña antes de que eso ocurra. Tienes tres minutos y cincuenta segundos.

>>Lancen dos más -Añadió alzando la voz.

>>Es cuestion de vida o muerte cadete -sentenció.

-Maldito hijo de perra -gritó Jack tras desconectar el comunicador.

Una cuenta atrás se había activado en la consola. No había tiempo para pensar. Imprimiendo el máximo de velocidad al teuthida trazó un rumbo de intercepción por el exterior del anillo. Un cálculo automático le reveló que una vez alcanzado el cinturón de asteroides, sólo dispondría de un minuto para lanzar la araña. Y sólo tendría una oportunidad, así que debería estar muy cerca y no errar el tiro.

-Sólo soy un novato -murmuraba para sí mientras ganaba velocidad y se aproximaba a su objetivo -Aunque debería decir que soy el mejor novato -matizó para sí.

Si su ego hubiese sido capaz de alimentar los escudos, estos habrían resistido una explosión de rayos gamma. Sin embargo, una luz parpadeante le advertía que apenas disponía de escudos posteriores. Con tiempo, el teuthida podría llegar a regenerarlos pero con toda la energía dirigida a la impulsión, no iba a tener tiempo de regenerar nada.

En un instante volvía a estar de nuevo en el campo de asteroides.

50 segundos. Los cazas enemigos lo habían detectado. Cuatro se arrojaban sobre él. No podía esquivar sus rayos y los escombros a la vez. Impactos superficiales. Los escudos aguantaban. La velocidad adquirida y la determinación de saberse muerto si no lograba alcanzar el objetivo le permitieron dejar atrás aquella pantalla de sorprendidos bikawasa.

40 segundos. Academia había empezado por fin a alejarse del cinturón. Pero no lograría salir de alcance a tiempo. La cañonera y su escolta modificaron el rumbo. Eso aumentaba la distancia que debía recorrer Jack.

30 segundos. Otros cinco cazas formaron una especie de cruz con uno de ellos en el centro dispuestos para interceptarlo. De haber tenido armas, en un mano a mano con el bikawasa central hubiese podido destruirlo sin problemas y seguir su rumbo apenas alterado para esquivar los restos. Pero  no tenía armas. Solo escudos. Si intentaba esquivarlo se enzarzaría en un baile con sus escoltas que consumiría su tiempo. Cerró los ojos. Enfiló contra el bikawasa central. Impacto. Impacto Impacto. Los escudos estallaron. El impacto final no llegó. El atónito piloto enemigo apenas había logrado esquivar el teuthida que mantenía su carrera como un obús.

Sin escudos.

20 segundos. Jack estaba obligado a maniobrar. Sin escudos no podía permitirse nuevas colisiones. Y seguian habiendo asteroides y rocas que ahora resultaban mucho más peligrosos. Y aunque aquella carrera había dejado atrás la mayoría de los cazas enemigos, la cañonera serguía estando escoltada por dos cruceros. Y uno de ellos se interponía entre él y su verdadero objetivo.

10 segundos. Aquel acorazado le estaba disparando. Maniobra. Esquiva. Giro. La cañonera estaba justo detrás.

5 segundos. Aunque era imposible, Jack oía los misiles justo en su nuca. Picado. Viraje. Un haz de energía dejaba ennegrecido el lateral del casco. Demasiado cerca. Sin embargo, un hueco. Jack tiene a tiro la cañonera, justo por debajo del vientre del crucero.

0 segundos. Fuego. La velocidad perpendicular a la trayectoria de los dos misiles los obliga a modificar su rumbo. Evitan colisionar con el teuthida por apenas un par de metros. Un sudoroso Jack, redirige la impulsión para alejarse rápidamente del crucero y el resto de cazas que le daban alcance.

La araña traza un vuelo preciso hasta adherirse a la cañonera mientras ésta carga sus armas con su mira centrada en Academia. El crucero, que no ha dejado de disparar intentando destruir el escurridizo e indefenso teuthida, intenta en vano ahora hacer fuego sobre los misiles para intentar destruirlos antes de que impacten sobre la cañonera. La araña traza un vuelo invisible y su señal guía a los portadores de muerte.

La baliza 43 se adhiere al casco del objetivo. Los dos misiles hacen blanco un instante después. Jack contempla mientras se aleja entre los asteroides como chorros de aire son liberados al espacio allí donde las explosiones han abierto brechas. La nave se escora ligeramente mientras los cruceros y los cazas bikawasa se reagrupan cesando su persecución. Saben que han perdido. El segundo par de misiles impacta sombre la cañonera herida de muerte para hacerla estallar en una supernova. El teuthida deja atrás el anillo planetario rumbo a Academia. La flotilla bikawasa superviviente no posee la potencia de fuego necesaria para echar abajo los escudos de la fragata. Ellos lo saben y por eso se retiran.

Horas después, Academia ha evacuado la pequeña base lunar y ha saltado a otro sistema. Los resultados del ejercicio mostraban al cadete Jack Ramius como primer clasificado. Al parecer los puntos otorgados por marcar la cañonera habían superado a los de cualquier Furtivo del cuadrante V15. El resto de pilotos habían felicitado a Jack por su excepcional pilotaje. Aún tenía unas palabras pendientes con el comandante Lawson pero por el momento decidió saborear el estimulante aroma de la victoria mientras tomaba una copa con sus compañeros.

Fragmento extraído de “El Libro de Ascendencia”

Para saber más, visita la web del autor.

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