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4 min
Proletariado
Varios |
24.10.14
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Sinopsis

Ahhhh... Ahhhh... Ahhhh...

Un trabajador bien vestido con camisa blanca, vaquero de calidad y costoso, zapatos recién lustrados, estaba ingresando al trabajo. Su vida en la gran ciudad no era lo suyo. Recordaba viejos momentos rodeado de naturaleza en el campo: de su caminatas con su familia por los cerros o a caballo por los valles: de su explorar por la fauna y flora -que tantas sorpresas, descubrimientos y alegrías como también tristezas le dieron-. Al entrar lo primero que le pasó fue mancharse la camisa con café caliente a la altura del pecho al chocarse contra un despistado que estaba de paso sosteniendo flojamente la taza con bebida cafeinada. Lo segundo que le ocurrió fue romperse el vaquero al sentarse: el supuesto jean de alta calidad. El oír el ruido de la ruptura de tela del pantalón no fue para nada complaciente. -¿Por qué hago algo que no me gusta, o por qué no hago algo que me agradé?-, pensaba. Encima se le veía la ropa interior, estaba usando calzoncillo de ancianos y no bóxer. La gente con la cual compartía el piso de trabajo lo observaron y se rieron de él. Tercero y último pero no menos importante ya que esto sería la gota que rebalsaría el vaso, en su andar hacia la oficina del jefe para entregarle el reporte al cual le dedicó dos días sin dormir para perfeccionarlo y finalizarlo, piso excremento canino. Se preguntaba porque rayos los directivos decidieron aprobar un día de la mascota para que todos los obreros llevaran sus animales a la empresa. Encima el jerarca lo culpó de venir sucio al trabajo, no limpiar sus zapatos y oler mal por haber pisado la mierda de un perro.

 

Sinceramente hablándoles el muchacho de tez blanca, corta cabellera negra, de no más de un metro ochenta de alto, alrededor de veinte y siete años -no mayor a treinta-, estaba cansado de su oficio, de su vida, de sus quehaceres, obligaciones con la sociedad, que su jefe no le tratará bien y para agregarle la cereza al postre su novia lo había abandonado -engañado- con otro más joven de empleo y futuro más prometedor.

 

Desde las profundidades del subconsciente era atormentado. Tal vez sea su desvinculación con el shintoismo -los espíritus de la naturaleza- en su inmersión durante la gran ciudad de consumismo e individualismo que lo llevó a una crisis. Sin ganas de seguir seguía solo con ganas de ir al Mar de Árboles. Ya adentrado en el bosque estaba a punto de suicidarse cuando sintió varias presencias sobrenaturales que lo circundaban, éstas le dijeron: -Nos hemos suicidado pero seguimos sin descansar-. Un breve y sublime entendimiento del instante tuvo lugar en el operario: la muerte solo era una parte de la "vida". Ignorar el trabajo o la existencia no era la solución aunque tal vez sí la opción sencilla. Tener el valor de admitir los problemas, la paciencia de hallar la manera de afrontarlos, la perseverancia para encararlos y finalmente superarlos así sea en esta vida o "en la otra". Ese era el camino a seguir, más solo el principio.

 

El jornalero un vago en la calle vio. Cubierto con ropa desgarrada, rodeado de orina y basura el perezoso se encontraba. El vagabundo prefería insistir que las personas le den una moneda a levantarse de la inmundicia en la cual él mismo habíase creado y metido. Comprendió que su vida no debería ser un esfuerzo extremo pero tampoco vagancia en sus diligencias. Volvió a sus raíces, al principio, a donde todo había comenzado... él había comenzado.

 

De regreso en el campo la armonía y serenidad sintió. Entre las actividades de la tierra y animales que necesitaban de su atención se ocupaba, pero solo lo necesario. Reposaba balaceándose sobre la hamaca viendo el atardecer: el sol escondiéndose detrás de las montañas, el sonido hipnotizante del caudal del río fluyendo, las copas de los árboles meciéndose a merced de la ventisca, la vista de la tierra trabajada y los animales en común unión. No era un haragán de tiempo completo ni laburaba de "luz natural a luz artificial". Ahora Trabajaba de sol a sol y de noche descansaba. En su hamaca dijo: -Paz-.

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