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5 min
Proporciones
Drama |
26.04.15
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Sinopsis

No siempre una sonrisa nos abre todas las puertas...

Definitivamente, el problema tenía que ver con sus dientes. Estaban  conformados, todo hay que decirlo, por piezas parejas y blancas, muy blancas, como si fueran de alguna manera conscientes de su papel protagonista. Unos dientes perfectos en sí mismos, pero grandes para el rostro menudo de Lisa.

No era una desproporción tan evidente que pudiera ser detectada a primera vista; dudo incluso que aparejara algún apodo cruel durante la infancia de su propietaria. De hecho, a mí me llevó un tiempo comprender que la perenne sonrisa de Lisa estaba habitualmente disociada de su estado de ánimo y que meramente era poseedora de unas piezas dentales un par de tallas más grandes de lo necesario.

Si uno no entraba en estas disquisiciones, Lisa parecía sólo lo que daba a entender su expresión: una chica simpatica…

Esa fue la primera impresión que me llevé de ella, y reconozco sin pudor que no aprecié nada fuera de lugar en sus rasgos, posiblemente porque en las entrevistas de trabajo casi todos los candidatos se empecinan en sonreir constantemente hasta parecer idiotas. Ya no les cuento si la entrevista de trabajo es para ser reportero en un canal de televisión….

-        ¿Y por qué quiere trabajar en AQH News, Lisa?

-        Porque ustedes hacen periodismo de verdad.

No me van los aduladores, pero su currículum era intachable y el entusiasmo de la joven parecía auténtico, así que la contraté. Alguien con mejor criterio que yo ubicó a nuestra candidata a periodista de verdad en la sección de sociedad, donde no tardó en hacerse un cierto nombre entre paellas para cientos de comensales, parturientas con pedigrí y tomatadas de Buñol. Su perenne sonrisa ponía un amable broche final a los informativos del mediodía.

-        No estudié para esto, Goyo –me soltó sin perder su franca sonrisa cuando a instancias de la cadena quise mejorar la parte económica de su contrato.

Y ahí es cuando la cagué. En vez de tratar de convencerla intercedí ante los jefazos para que Lisa cubriera una vacante de corresponsal de guerra en cierto territorio de oriente medio dominado por islamistas radicales. Creo que sonreía de verdad cuando obtuvo su pasaporte al infierno.

Su primer reportaje no pudo ser más impactante. Una horda de integristas había lapidado a una mujer hasta la muerte tras acusarla su marido de adulterio. Lisa estuvo –a mi juicio- impecable: hizo énfasis en la ausencia de pruebas con que se condenó a la mujer, aludió con vehemencia al anacronismo que condujo a tan desproporcionada pena y a la inmisericorde barbarie con que ésta fue ejecutada. Se agachó incluso para mostrar algunas de las piedras que, aún ensangrentadas, sirvieron para tan aberrante acto.

-        Eligieron piedras pequeñas, pero llenas de aristas, para que el suplicio durase más – apuntilló la reportera.

Al día siguiente de emitirse el reportaje me citaron en el despacho del responsable de los informativos. Y esa no suele ser una buena noticia.

Tampoco lo fue en esa ocasión.

-        Tú le diste la plaza, así que tú se lo dices – fue la despedida de mi superior.

Así que unas horas después y a través de videoconferencia le explicaba a Lisa por qué debía volver (a casa y a la sección de sociedad). No se lo tomó bien, claro.

-        Es que no lo entiendo, Goyo. ¿Realmente me estás diciendo que mi reportaje fue técnicamente intachable, pero que he de resignarme a entrevistar a mascotas y frikis?

-        Lo que te estoy diciendo es que en España hay miles de telespectadores indignados porque nuestra corresponsal de guerra se toma a risa que lapiden a una mujer.

-        ¡Pero si no me estaba riendo, joder!

-        Pero lo parecía, y eso es lo que cuenta.

-        ¿A eso se reduce todo? ¿A que mis dientes son demasiado grandes y me incapacitan para mi profesión?

-        Interpreta lo que te venga en gana, Lisa, pero deberías plantearte que también fueron tus dientes los que te permitieron ser nuestra reportera estrella en la sección de sociedad.

-        ¡Ah, pues si la piedra angular de mi éxito y mi fracaso son mis dientes, ya sé lo que he de hacer!

Y se desconectó del Skype.

No tardé en saber de ella. Apenas un par de días.

Nada más entrar en la redacción los empleados me pusieron sobre aviso, pero hasta que no vi la bolsita ensangrentada sobre mi mesa me resistí a creer que Lisa hubiera sido capaz de tamaña locura. La sujeté por un extremo con dos dedos y la agité con aprensión: diminutas piezas entrechocaron entre sí en un sonido que me estremeció el espinazo, y un par de densas gotas de color carmesí cayeron sobre una nota con la apretada caligrafía de la reportera.

“Lo peor de todo es que cuando abras la bolsa te sentirás aliviado”

Volqué el saquito sobre mi mesa de caoba. Se desparramaron sobre la misma varias piedras pequeñas, pero llenas de aristas.

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Escritor residual, perdedor inconformista, autista selectivo. Mis relatos breves en http://www.relatos.pro

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