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5 min
Punto de No Retorno
Ciencia Ficción |
18.12.16
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Sinopsis

Consecuencias de jugar con las leyes físicas...

PUNTO DE NO RETORNO

 

 

Creía que podía dominarlo. Obviamente me equivoqué de medio a medio. Lo estoy pagando. Aunque no estoy seguro de qué es exactamente lo que he hecho pagar a los demás.

                Llevo vagando por este mundo algún tiempo ya, suponiendo claro que el concepto tiempo es algo válido para mí. O más bien para ellos. Para todos ellos.

                Desde que conseguí  terminar mi creación y la puse en funcionamiento, y fui consciente del lamentable resultado , traté de mantener la calma dentro de lo posible, y tomar de este mundo sólo aquello que era imprescindible, ya que no estaba seguro de las consecuencias de cualquier acto que yo llevara a cabo una vez que consiguiera regresar.

                Sólo cogía la comida estrictamente necesaria , y que estuviera discretamente almacenada. Me desplazaba cada día, siempre a pie, tratando de no tocar nada más, para tratar de repartir mis “recolecciones”, y no concentrar mi rapiña en un solo punto. Como dije, para que cuando consiguiera volver ninguno de mis actos fuera lo suficientemente importante como para que afectara gravemente a alguien.

                Y mientras, trabajaba y trabajaba, en tratar de hacer que la maldita máquina  volviera a funcionar. Pasaba horas teorizando de nuevo, repasando mi trabajo para buscar el posible fallo, experimentando, contrastando…

                Empecé a cansarme de vagar, de parecer un nómada del  paleolítico desplazándose sin parar a la búsqueda de recursos.

 Y poco a poco simplemente me dejó de importar.

Desvalijé gradualmente  almacenes enteros de víveres. Lo que me apetecía además. A capricho.

                Mientras seguía fracasando con la máquina, comencé a permitirme varios placeres. Buscar distracciones que hicieran descansar mi mente. Me apetecía, por ejemplo, conducir a gran velocidad un buen coche y así descargar adrenalina, pero obviamente cualquier coche que encontrara no iba a funcionar. Así que empecé a distraerme con cosas más” morbosas” que podía hacer. Me fui convirtiendo paulatinamente en un auténtico mirón.

Aprovechaba mi situación para dar rienda suelta a mis más oscuras fantasías. Nadie iba a poder detenerme al fin  y al cabo. Mis visitas a las casas particulares eran cada vez con finalidades más depravantes. Yo decidía lo que quería ver y quién me lo debía mostrar. Mi caída imparable en el pozo del sadismo no había hecho más que comenzar, puesto que mi frustración aún iba a alcanzar cotas muchos mayores, lo que sólo me llevarían al camino de la rabia y la desesperación.

                La curiosidad morbosa  acabó por desaparecer para dar paso a la furia.  Nada mejor que la violencia para aliviarla. No dejaba ningún objeto en pie. Destruí  todo lo que estaba a mi alcance. Y realmente funcionaba. Lo había visto alguna vez ya. Japoneses que  pagaban absurdas  sumas de dinero para destrozar salas llenas de objetos. Es una auténtica terapia que te deja agotado y relajado.

Pero mientras, no avanzaba. Los múltiples intentos sólo me llevaban a un nuevo fracaso cada vez. Se fue apoderando de mí una nueva sensación aún más tenebrosa. Supongo que si consiguiera regresar  me diagnosticarían con alguna clase de enfermedad mental peligrosa y me privarían de libertad. Yo lo llamo un sentimiento de indiferencia. Sé que no voy a poder volver a mi mundo. No tengo nada que perder. No siento nada. Nada salvo que todo en mi realidad es prescindible

 Sí. ¿ Por qué no? Iba a ser mi nuevo cometido en esta nueva vida, donde todo se ha vuelto un objeto para mí.  Eso incluye mi propia alma, que también parece que se haya parado.

Tenía que ser con algo simple, claro. Nada de mecanismos. No iban a funcionar… Un hacha podría ser buena cosa.

Y lo hice.

 Una vuelta por la calle; un detalle en una persona; algo que me desagradara.. Y …¡zas!.

 Un brazo, una pierna, e incluso la cabeza de un certero golpe. Era curioso ver el efecto que se daba en la situación en que me encontraba yo. En la que se encuentran ellos no tengo ni idea. No sé qué consecuencias acarreará. Para mí no hay esperanza, pero tampoco consecuencias. No hay nada.

Ya no trato de arreglar nada. Estoy harto de la luz solar, así que cuando estoy muy cansado, busco algún sitio donde pueda obtener oscuridad y me echo a dormir.

La maldita máquina sigue a mi lado. Se ha convertido en el símbolo de mi fracaso, y en la causante del vacío que es mi vida y de mi viaje lento pero constante hacia la destrucción de mi ser.

 No era esto lo que yo buscaba…. No deja de ser irónico.

Lo que buscaba con mi máquina prodigiosa era ralentizar el tiempo a mi alrededor todo lo posible, dejando mi cuerpo al margen y así yo me desplazaría a una velocidad inconcebible.

 Hasta ahí funcionó demasiado bien.

 Porque ahora ellos son meros maniquíes para mí, el mundo un holograma, y sin tiempo mi máquina no puede volver a ponerse en funcionamiento.

Me he quedado sin tiempo mucho antes de morirme porque lo he matado yo a él.      

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