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Qué sucedió ese primer día
Suspense |
08.01.15
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Sinopsis

Qué sucedió ese primer día

Qué sucedió ese primer día

Pasé un proceso de selección que me pareció demasiado fácil para lo relevante del puesto de trabajo, la relevancia consistía en ser un puesto fijo, de esos que, presumiblemente, son para siempre. Entre innumerables candidatos fui yo el elegido, me acrecentó el orgullo.

Después de un  periodo de formación, llegó el día en que el puesto de trabajo quedaba bajo mi responsabilidad, la primera noche, porque el trabajo era nocturno, pero no me importaba el sacrificio de pasar las noches en vela, estaba rebosante de entusiasmo.

EL trabajo consistía en operador de la sala de control de la línea de metro número uno, en la parada de Rocafort , donde se encuentra el centro neurálgico de toda la línea. Debía estar pendiente de los monitores, del sistema centralizado de alarmas, desde allí se tiene un control completo de los túneles, estaciones, cuartos de servicio, sistemas de ventilación, achiques de agua, y debía ser el enlace con el exterior para dar aviso si algún percance ocurriera a los trabajadores de mantenimiento que hacen las reparaciones del tendido eléctrico, la señalización y los sistemas de seguridad cuando el metro está cerrado al público, es decir, por la noche.

Mi predecesor había renunciado por razones personales, me dijo, intenté averiguar cuales habían sido pero no conseguí que me lo dijera, no quise insistir al comprender que no era su intención hablar de ello, lo que sí observé es que era una persona extremadamente nerviosa y quizás hasta un poco desquiciada.  El día que se despidió le dije "siento que te vayas, pero por otra parte, me alegra ser yo quien te sustituye", su respuesta fue un enigmático "ya veremos...".

Me había llevado un pequeño transistor con el que distraerme mientras estaba pendiente de los monitores y las alarmas, podía haber un incendio, una inundación, un percance a los trabajadores, cualquier cosa inesperada podía suceder, aunque los quince días que estuve con mi predecesor, todo había estado absolutamente tranquilo. 

Estaba pendiente de los indicadores mientras escuchaba el programa Milenio de la Ser, cuando de repente escuché un clock seco y quedó todo a oscuras, deberían haberse encendido las luces de emergencia alimentadas con baterías, pero no se encendieron, busqué a tientas la linterna que debía estar estar sobre la mesa, pero no la encontraba, pensé que debía mantener la calma y en qué podía hacer, me acordé del móvil, a pesar se su escasa luz pude localizar la linterna, la encendí, el interruptor general había caído, lo rearmé, un potente clock y empezaron a parpadear los fluorescentes hasta que se encendieron, así como los monitores y los pilotos verdes que indicaban el correcto funcionamiento de los sistemas de seguridad.

Respiré aliviado cuando lo vi todo normalizado, pero me sobresalté cuando me di cuenta que había alguien dentro de la sala de control, con el trajín de la puesta en marcha, no me di cuenta que alguien llegaba, supuse que sería un trabajador de mantenimiento que vendría a comprobar alguna cosa, sin embargo no llevaba la indumentaria azul oscuro del personal de mantenimiento, sino que iba vestido con ropa de calle.

Le pregunté si era de mantenimiento, "no", respondió, " ¿entonces, qué hace usted aquí?",  "yo vivo aquí"?, "aquí dónde", "aquí...", se sentó frente a la mesa de control y se quedó abstraído ante un monitor. Me quedé pasmado sin reaccionar, sólo lo miraba mientras él ni se inmutaba.

Se me ocurrió llamar por el Walky-talky al responsable de mantenimiento, que según la planilla de actividades, deberían estar revisando la catenaria en la estación de Hostafrancs. "Qué ocurre", preguntó, "ha llegado un tipo que dice vivir aquí, se ha sentado en la mesa de control y está ensimismado mirando un monitor", "no le hagas caso, déjalo, ya se irá", "¿quién es?", "es... tú déjalo, es inofensivo, no te preocupes, ya se irá".

Me pareció extraña su actitud y lógicamente no me conformé, ¿qué explicación iba a escribir en el parte diario?. El tipo seguía mirando el monitor sin inmutarse, le exigí que me dijera quién era, pero se limitó a decir "mira, mira..." sin apartar la vista del monitor  que enfocaba el túnel de la siguiente parada, Urgell, murmurando dijo "todas las líneas están conectadas, todos los túneles están unidos, pueden venir por aquí, pero también por ahí...", señaló hacia atrás, hacia el túnel de la parada de España, "¿quienes pueden venir?", "ellos..., pero yo creo que van a venir por aquí...", "¿los de mantenimiento?", "no, ellos...".

Empezó a inquietarme esa indefinición de "ellos...", me fijé detenidamente en el tipo, estaba blanco como la cera, me acerqué y le toqué la mano, fría como el mármol, tuve una ligera sospecha,le cogí la barbilla y le giré la cara hacia mí, su mirada... estaba perdida y sus ojos vidriosos e inexpresivos no me miraban, la inquietud inicial se transformó en miedo, y el miedo en pánico al imaginar lo que podía ser, recordé la conversación con el de mantenimiento, me dijo que era inofensivo, supuse que lo decía por conocimiento de causa y confié en que tuviera razón.

Mantuve la calma y la sangre fría de acercar mi cara lo suficiente a la suya como para intentar percibir su aliento, pero... no noté brisa en su respiración, sólo la frialdad de su cara, se me fue el miedo cuando comprendí lo que era, él entonces pareció saber lo que descubrí y sonrió, en ese momento su semblante cambió, transformándose en la apariencia de persona normal, me aparté un metro de él y le dije "eres... ", no me atreví a completar la frase, él apartó la mirada y dijo "fue aquí, es esta estación... ", un escalofrío me recorrió el cuerpo, no siguió con su explicación, ni yo insistí, al quedar todo claro.

Justo en ese instante se escuchó otro clock sordo y quedó a oscuras, noté un frío cerca de la cara, llevé mi mano y topé con una mano fría que sujetaba un objeto, era la linterna, la cogí y la encendí, pero ya no estaba, me gire para iluminar todo mi alrededor, no había nadie, me acerqué al interruptor y lo rearmé, un clock seco y los fluorescente empezaron a parpadear y las lucecitas a encenderse, en unos segundos todo estaba iluminado y los monitores encendidos.

El tipo había desaparecido, llamé por el Walky-talky al jefe de mantenimiento y le dije "el tipo se ha ido", "¿qué tipo?" preguntó, "el tipo que te he comentado antes", "¿antes... ?", comprendí que yo podía estar equivocado, "perdona, me he confundido...", "igual te has quedado dormido", "puede ser"

Al cabo de poco tiempo dejé el trabajo, no me hacía a todo lo extraño que allí sucedía, estaba seguro que no me iba a ocurrir nada, pero no tuve el valor ni el temple suficiente para soportarlo. Nadie me preguntó los motivos de mi renuncia, yo tampoco di explicaciones, aunque enseñé a uno nuevo durante un par de semanas, le dije que me iba porque allí ocurrían cosas extrañas, pero el hombre estaba tan entusiasmado que no me escuchaba.

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