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14 min
Querida Anita
Suspense |
05.02.15
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Sinopsis

Esto es una historia que estoy escribiendo, no esta acabada y no se como va a terminar. Es la historia de una chica de 25 años, que trabaja como profesora en un colegio desde hace un año. El mismo día que el director la invita a cenar recibe una carta, que la deja inquieta pero la cual decide olvidar. Escribiré hoy una primera parte. Seguiré escribiendo si a alguien le interesa.

Había sido un año bastante largo.

 Después de tener que abandonar su primer colegio, había sido asignada a uno a demasiada distancia de su pequeño apartamento, lo cual le obligo a hacer una mudanza a un estudio cerca del parque del Retiro. Le gustaba ese lugar, pero no estaba segura de poder hacerse con los niños tan rápido como fue su primera vez. Además, a Tapón, su pequeño Fox Terrier, tampoco le había gustado mucho la idea de abandonar su enorme terraza de las afueras de Madrid.

Sin embargo, los niños la recibieron bastante bien, sin muchos percances durante el año, y el director había quedado bastante contento con ella, por lo que había decidido recomendarla para clases particulares durante el verano. Eso suponía que no podría salir de Madrid exceptuando los fines de semana, pero necesitaba el dinero y se lo había agradecido mucho.

Fue una mañana de finales de curso,  cuando en el recreo los niños salían con prisa a su esperado recreo.

-Ana, el señor González quiere hablar contigo- le dijo su compañera y amiga María, la conserje.

-Vale, ahora mismo iré

-No tardes, ya sabes que al señor no le gusta que le hagan esperar- y marcho riéndose dejándola sola en la sala.

El director no era una persona muy querida, era bastante exigente con los alumnos y con los profesores, y no salía nunca con los profesores a tomar una copa, ni se acercaba nunca a hablar con ellos durante los descansos. Sin embargo Ana le tenía bastante aprecio. Le había ayudado mucho durante su primer mes allí, pero era algo que el resto de profesores no tenían por que saber.

Se levanto de la mesa, dejando los exámenes para más tarde, por mucho aprecio que ella le tuviera a el Sr. González, era verdad que no le gustaba que le hicieran esperar.

-¿Se puede?- preguntó asomándose tímidamente por la puerta entreabierta.

-Claro, adelante- no levanto la cabeza de lo que estaba haciendo, hasta que Ana estuvo enfrente de su mesa.

-Me ha dicho María que quería hablar conmigo

-Es cierto, siéntese -dijo mientras le dedicaba una leve sonrisa que no era costumbre ver en el- Los niños están muy contentos con usted, y como algunas madres creen que sus hijos necesitan un apoyo durante el verano, había pensado que podría encargarse fácilmente- y antes de que pudiera contestarle añadió- siempre que no tenga inconveniente o ya hubiera hecho planes con su novio, o familia. Claro está, recibirá un buen salario durante el verano por este trabajo.

Se quedo callada un momento, no había hecho planes, no tenia novio, y su única familia eran sus padres, que estaban en Salamanca y a los cuales podía ir a visitar cuando quisiera. Sin embargo, había pensado salir de Madrid durante el verano, aunque aun no supiera muy bien que era lo que iba a hacer.

-La verdad que me viene muy bien el dinero, y no tenía nada planeado para el verano asique estaría encantada -pensó en el pequeño Tapón- de todas formas, si pudiera ser me gustaría dar las clases en mi casa, no está lejos de aquí y así no tendría que dejar a mi perro solo tanto tiempo.

Aceptó, no habría problema en nada de eso. Pasaron parte de la mañana acordando los horarios de los diferentes niños y apuntando los diferentes números de teléfono. Cuando ella ya se había levantado y estaba dispuesta a salir por la puerta, se levanto de la silla y la llamó.

-Había pensado que como hoy es el último día de clase, por la noche quizás le apetecería tomar una copa conmigo, o ir a cenar.

Se quedó callada, no sabía que contestar, no se lo esperaba y no sabía que podrían decir sus compañeros de esa idea. Lo miro, la verdad que no estaba nada mal. Tendría unos 30 años, era joven, pero muy trabajador, bastante más que cualquiera de los profesores mayores que él que había en el colegio. Siempre iba vestido con sus camisas, que le quedaban bien marcadas al cuerpo, que parecía bien cuidado. Se quito rápido la imagen que se estaba formando en la cabeza y sonrió.

-No creo que sea una buena idea Sr. director- definitivamente era una malísima idea.

-Llámame David, estamos fuera del horario de trabajo, Ana.

Era la primera vez que la llamaba Ana, y le sonó muy bien, incluso se sonrojo, pero él no le dio tiempo a contestar y siguió hablando.

-Entiendo que soy el director, y que no caigo muy bien a sus compañeros. Pero no se me da bien llevarme bien con la gente con la que trabajo. Pero solo es una copa, me callo usted bien desde el primer día y no creo que fuera tan mala idea.

-No, no es eso..- no sabía que decir, no podía afirmar que sus compañeros le odiaban- usted.. tu, también me caíste muy bien, y me ayudaste mucho desde el primer día, pero después de ofrecerme el puesto de profesora particular para el verano no se si sería visto con buenos ojos que saliéramos a cenar.

-Está bien, entonces me conformare con una copa- sonrió de nuevo- a las 9 pasaré a recogerla.

-Vale -desistió- pero tutéeme usted también o dejare yo de hacerlo.

_______________________________________________

 

Llegó a casa y como cada día Tapón corrió hacia ella, esperando la sesión de abrazos y besos. Dejó las cosas encima de la mesa y se tumbo en el sofá, estaba cansada.

Aquel estudio no tenía nada que ver con apartamento de las afueras. Era pequeño y moderno, pero tenía mucho menos espacio, y se sentía atrapada, de ahí que ahora tuviera como rutina salir a correr cada noche. Era sencillo, un salón con un solo sofá y un ventanal desde el que se podía ver el parque, una cocina americana, con un par de sillas (no solía tener grandes visitas, así que no tenía muchas sillas donde invitar a sentarse a la gente). También había una habitación, con una cama de matrimonio, donde dormían ella y Tapón, aunque en el suelo estuviera su pequeña cama, que le había costado unos buenos ahorros cuando todavía no tenía un trabajo fijo. En la habitación también estaba el baño con una bañera y un espejo bastante grande para el tamaño del baño.

 Se levantó del sofá, y puso un disco con música variada que le había grabado su hermano y fue hacia la nevera, la que, para no variar, estaba bastante vacía. Optó por un sandwix y una ensalada, ya por la tarde iría a comprar algo de comida. Mientras comía pensó en lo que había pasado esa mañana. El señor director la había invitado a una copa. Cuando María se enterara las risas iban a oírse desde la otra punta del país. Pero la verdad que le apetecía, hacía mucho tiempo que no salía con ningún chico, y era bastante guapo.

Cuando se levantaba para tirar las sobras con Tapón saltando a su lado, sonó el timbre. Sin muchas ganas se acerco al telefonillo, pensando que para no variar seria el cartero.

-¿Diga?- silencio.

Colgó y volvió hacia la cocina cuando sonó el timbre de casa. Frunciendo el ceño se acerco a la puerta ordenándole al inquieto Tapón que se quedara en el sofá. Miro por la mirilla y no había nadie. Abrió la puerta y encontró una caja, y un par de sobres. Lo cogió y pensó que quizás había tardado demasiado en abrir y el repartidor ,cansado, habría decidido dejarlo en la puerta.

Dejo la caja encima del sofá y abrió una de las cartas:

Espero no ponerla en un compromiso con la copa de esta noche, si sus compañeros no lo entienden yo mismo les diré que era para hablar del tema de las clases particulares. Me alegro de que aceptara. A las 9 estaré en su puerta.

Un saludo. David.

Por alguna razón no se sorprendió, no parecía algo raro en el. Pero sonrió. Cogió el otro sobre pensando que sería también de él y por lo tanto con algo más de curiosidad. Pero no fue así.

Hola Anita. ¿Te parece bien estar tonteando con su jefe y saliendo de noche mientras tu madre está enferma en la cama? Bueno, no te preocupes, estará bien cuidada. ¿Alguna vez has pensado en el día de su muerte? ¿Y en el tuyo?

Un escalofrío le entró por todo el cuerpo y soltó la carta. Sería una mala broma, quizás de algún antiguo compañero o alumno. Era cierto, su madre llevaba enferma dos años, en un pequeño pueblo de Salamanca, pero ella no podía hacer nada y no podía quedarse a vivir en un lugar donde no encontraba trabajo y por eso había decidido irse a Madrid.

Decidió tomarse esa carta como una broma y la dejo al lado de la otra mientras cogía el paquete. Lo abrió sin pararse a pensar porque no quería que una broma le afectara.

Para su tranquilidad solo eran unos cuantos dibujos de sus alumnos, que le deseaban unas buenas vacaciones. Olvido al momento la otra carta y sonrió, que rápido había cogido cariño a esos pequeñas personitas.

Dejo la carta del director y la caja encima de la mesa, y tiro la otra a la basura. Se puso su ropa de correr, y cogió la correa de Tapón, mientras este saltaba y ladraba de alegría a su alrededor. Tenía 5 horas hasta la hora que había quedado con el señor director.

Al salir a la calle sintió una oleada de calor, y se arrepintió al momento de haber salido a esa hora, pero ahora su pequeño jefe canino no le permitiría volver a casa. Asique empezaron a correr en dirección al parque. Una vez allí, se sentó en el césped a la sombra para que no le diera una insolación y soltó a Tapón para que siguiera corriendo solo.

-¿Puedo sentarme?- giró la cabeza y vio a su buen amigo Jairo.

Se habían conocido en el parque, el también salía a correr cada día con su perro, que a pesar de ser un perro mucho más grande que Tapón se llevaban bien desde el primer momento. Casi todos los días coincidían allí y pasaban grandes ratos charlando mientras sus perros jugaban a su alrededor. Su amiga María le había preguntado unas cuantas veces que había entre ellos, pero la verdad que lo veía como un buen amigo, aunque no sabía si por su parte sería igual.

-Pensé que hoy no vendrías, como es tu ultimo día de curso pensé que estarías liada con exámenes y horarios y esas cosas.

-Estuve toda la mañana ajetreada pero salí a la hora y Tapón no me dejo ni sentarme- sonrió- Sin duda ha sido una mala idea con este sol.

-Yo pensé lo mismo, pero lo olvide cuando os vi aquí sentados- definitivamente no sabía si los dos tenían la misma visión de su relación de amistad- Había pensado invitarte a cenar esta noche a mi casa, para celebrar tus merecidas vacaciones.

Ahora venía el momento de enfrentarse a decir que había quedado con su jefe, como no sabía cómo hacerlo decidió usar la versión mas fácil.

-Pues la verdad es que me han ofrecido un trabajo de profesora particular estas vacaciones y he quedado para hablar de ello esta noche con el director.-pero añadió rápidamente- sin embargo podemos quedar mañana o otro día, seguro que Tapón está encantado de cenar con vosotros.

Pareció contento con la respuesta y siguieron hablando un buen rato hasta que Ana optó por que era hora de ir a darse una ducha si no quería atrasarse. Se despidieron con dos besos y quedaron en verse al día siguiente para cenar.

Cuando llego a casa le extrañó ver en la puerta a Teo. Teo era un vagabundo del barrio pero al que todos los vecinos tenían bastante aprecio y de vez en cuando daban alguna ayuda o algunos tupers con sus sobras de la comida.

-Hola Teo, ¿Querías algo?- parecía asustado- ¿Ocurre algo?

-No, no... era solo que pasaba por aquí y tenía bastante sed, me preguntaba si podrías darme algo de beber...

-Claro, pasa, estábamos dando un paseo- dijo abriendo la puerta e invitándolo a pasar.

Dejo las cosas encima de la mesa, puso agua a Tapón y fue a la cocina a por una cerveza para Teo y un poco de agua para ella. Lo miro de reojo y pensó que quizás también tuviera hambre, así que hizo un sandwich y volvió al sofá donde se había sentado sin moverse.

-No era necesario Ana, con un poco de agua hubiera valido- parecía bastante asustado.

-No te preocupes, pero si me disculpas, mientras comes voy a ir a ducharme- lo miro con cariño y añadió- Puedes decirme que te pasa, estamos en confianza.

-No es nada..- pareció pensárselo un poco y añadió- Solo que un hombre lleva rondando por aquí todo el día, con mala cara, le pedí una moneda para comprar una botella de agua y me insulto, y me empujo, pensó que lo quería para alcohol, pero seguía por aquí, alrededor de tu casa y por eso no me he movido, pensé que podría hacerte algo cuando llegaras.

-No te preocupes, seguramente no tendrá importancia...

-Pregunto por ti-le interrumpió- Me dijo que si tenía alguna idea de donde podría encontrar a Anita.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo pensando en la carta de por la mañana, pero decidió no darle importancia. Y le dijo que si quería algo importante ya volvería.

Mientras Teo y Tapón jugaban en el salón, ella se duchaba y pensaba que ponerse. Finalmente opto por algo no muy arreglado, al fin y al cabo iba a ser solo una copa. Cuando salió, Teo la miro sonriente:

-No sé quién será el afortunado, pero estas muy guapa. Ojala tuviera yo unos pocos años menos.

Ana sonrió. El tendría unos 70 años, llevaba mucho tiempo en ese barrio y todos los vecinos le habían dicho el primer día que no se preocupara por el, que era un buen hombre que había tenido mala suerte en la vida. Ella no hubiera necesitado que se lo dijeran por que le cogió cariño desde el primer día que le había ayudado con las ultimas cajas de la mudanza.

Teo se levanto y dándole las gracias salió por la puerta cerrando detrás suya. Eran las nueve menos cuarto. Seguramente el señor director sería muy puntual. Dio de comer a Tapón y ordeno sin mucho interés el salón. Seguramente el no subiría. En eso pensaba cuando sonó el timbre de casa. Dio un respingo, y Tapón empezó a ladrar. Abrió y allí estaba, con el pelo despeinado, con una camisa blanca con los primeros botones desabrochados, unos pantalones vaqueros, y con esa colonia que a Ana tanto le había gustado el primer día que llego al colegio. Estaba muy guapo.

-Buenas tardes, señorita- dijo guiñándole un ojo. ¡O era su hermano gemelo, o cambiaba totalmente fuera del horario de colegio!

-Hola..-contesto tímidamente.

 

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