cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

5 min
Querido Diario
Drama |
28.07.15
  • 4
  • 3
  • 553
Sinopsis

¿Realmente queremos inmortalizar nuestras vivencias en un diario?

Llevaba una semana rondándole la cabeza, y por fin tras terminar los deberes saco unos minutos para empezar a escribir su diario.

Se lo regalaron hace un mes, el día que cumplió 13 años. Nunca había querido escribir, pero desde que lo veía encima de su escritorio sentía el impulso de colmar de tinta  el blanco de su interior.

Se sentó frente él controlando el ritmo de su agitada respiración y sintió como la desafiaba. Pausada e indecisa busco la llaves del pequeño candado. Se serenó al pensar que esas llaves custodiarían su intimidad, su yo.

El silencio de su cuarto la intranquilizaba, pues su cabeza tenía una tormenta. Una algarabía  de voces, unas la animaban a escribir otras  la rogaban que no lo hiciera, pero todas se reían de su inseguridad.

Tomo aire y se decidió por un bolígrafo azul. Lo agarro fuertemente y se dispuso a empezar, espero unos minutos a que la palabras surgieran mágicamente pero el bolígrafo ni se movió.

Se preguntaba una y otra vez por que se estaba forzando a escribir y no encontraba la respuesta, solo era capaz de reconocer un impulso irracional que la afloraba desde lo mas profundo de las entrañas.  Con el estomago atenazado le vinieron a la cabeza las imágenes del día anterior. Había empezado como un día normal, el desayuno y la ruta al colegio. Fue al entrar en clase cuando todo cambio, pensó entristecida que siempre cambiaba todo cuando entraba en clase. No es que pasara nada concreto que pudiera explicar, sino que era un ambiente, una intuición, algo sutil. Eran solo miradas, risas ahogadas y palabras o mejor dicho, ausencias de palabras. Pensó que el aula era un templo a la soledad, pues irónicamente era allí, rodeada de sus 30 compañeros donde mas sola se sentía.

Este sentimiento de soledad la arrastro al abismo de su memoria,

recordando como todos los días bajaba al patio con un libro debajo del brazo, la gustaban los libros. La gustaba sentirse otra persona con otra vida en un  país lejano, vivir aventuras y quizás enamorarse. Pero lo que mas la gustaba era volverse invisible. Se aferraba al libro fuertemente y  escondida detrás de él  se volvía invisible. Invisible a las risas y a las burlas. No era capaz de bajar al patio sin su baluarte, sin el único amigo que la hacia compañía.

Ayer al volver a clase del baño notó mas risas que de costumbre, los 30 pares de ojos la seguían, la vigilaban y la juzgaban. El corazón la latía con fuerza y cuando abrió su mochila comprobó horrorizada que su amigo de papel ya no estaba. Cuando llego la hora de bajar al patio invento mil excusas para quedarse en el aula, pero la fue imposible, las normas del centro eran claras a ese respecto. 

Bajó las escaleras lo mas despacio que pudo, concentrándose en relentizar su respiración, parando unos segundos delante de cada tramo de escalera, intentando aplazar el momento de verse sola en el patio, siendo blanco de todas las miradas. Cuando irremediablemente llego al exterior, intento controlar el pánico que la agarrotaba los músculos y siguió andando con la cabeza gacha, mirando al suelo, se concentro en sus pies para aislarse de las risas y se encamino lentamente al rincón mas apartado que pudo. Procuro no levantar la cabeza, no quería cruzar sus ojos con los de ningún compañero, sabia que si levantaba la cara no podría aguantar las lagrimas.

Al recordar la hora y media que paso llorando en el rincón del patio, las lagrimas le brotaron de nuevo, a su cabeza volvieron las risas y allí en su habitación se sintió observada, las miradas criticas de sus compañeros la aplastaban, sentía la presión sobre sus hombros, notaba como la empequeñecían la convertían en  una pulga minúscula, insignificante.

Como podría expresar todo esto con palabras, pensó que se estaba engañando a ella misma, pues realmente no quería escribirlo. ¿Que sentido tenia inmortalizar el dolor? Imaginó que dentro de unos años la soledad se terminaría y la única prueba de su existencia seria el diario, que la escupiría la vergonzosa verdad a la cara.

Respiro hondo y lentamente, y a la vez que el aire hinchaba sus pulmones una idea invadía también lentamente su mente, dentro de dos años su pasado sería lo que su diario dijera. Nadie cuestionara lo que el diario diga, pensó, ni siquiera yo misma, la tinta lo convertirá en historia.

Comenzó a expulsar el aire tan lentamente como lo había tomado y empezó a escribir al mismo ritmo:

"Ayer fue un día fabuloso, cuando llegué a clase mis amigas me estaban esperando para que organizáramos mi fiesta de cumpleaños. La hora del recreo fue muy divertida lo pasamos riendo sin parar. Manuel me ha invitado al cine, iremos este sábado ¡soy tan feliz! "

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muy buen trabajo. Me gusta la forma en la que, a través de ese diario (arma de doble filo, terapia o evasión), nos hablas de un problema tristemente muy habitual en la adolescencia. Has expresado muy bien los sentimientos de la protagonista, centrándote en ellos desde su punto de vista y haciéndolos muy cercanos. Me ha gustado. Únicamente comentarte que, en el párrafo que comienza con “Recordando como todos los días bajaba al patio con un libro…” has utilizado varios laísmos, no sé si intencionadamente, pues en principio se trata de un error gramatical. Un saludo
    Buen intento. Felicitaciones Martagm. Pero hay un desfase entre el contenido de la fábula que la protagonista se crea: miedo, dolor, soledad y el contenido de las acciones circundantes, que conllevan al desenlace final. Dejar al descubierto su timidez.
    Qué bueno, me hecho recordar momentos del instituto. Me ha gustado esa filosofía que el pasado es sólo pasado, y que el diario estaba para restregarselo y, de repente, le das la vuelta a la tortilla con ese final. El último párrafo es una grandiosa guinda, bien hecho.
  • El cementerio de El Atazar tiene un nuevo inquilino...

    Un niño decide entrar en un caserón encantado.

    Cuando sabes que algo no va bien pero a pesar de eso sigues.

    Se siente desesperación cuando nadie te escucha

    Recuerdo de unas Navidades inolvidables.

    Espero que os guste.

    Un intento de cambiar de registro y de género.

    Ver crecer a los hijos es triste y alegre a la vez.

    He dudado mucho con el final.

    ¿Realmente queremos inmortalizar nuestras vivencias en un diario?

  • 22
  • 4.68
  • 157

Quiero aprender con vuestros comentarios.

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta