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15 min
Ragnarok
Ciencia Ficción |
03.09.15
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Sinopsis

relato que lleva todos los acontesimientos de los dioses mitologicos y los hombres, los echos que llevaron desde la creacion del Midgar hasta el Ragnarok basado en la mitologia nordica

CREACION DEL UNIVERSO

Y EL MIDGAR

(saga de Odin)

En un principio existía la nada, no existía cosa alguna, ningún ser, ni cielo ni estrellas, aun ni el tiempo comenzaba a contarse, lo único que reinaba en la nada era la oscuridad absoluta.

Entonces, la oscuridad colapso sobre sí misma, aplastándose en el vacío y desgarrándose desde el infinito hacia el centro de esta, formando una grieta tan profunda e inmensa que engullía  la oscuridad de la nada.

A esta enorme grieta se le conoció como el Ginnungagap.

Sucedió pues, que la inmensa  grieta al fin había quedado satisfecha de haber devorado tanta oscuridad.

 

Ahora bien, de la  grieta en el abismo, subía una gran ventisca helada, esta se mezcló con la oscuridad del vacío y la nada; y cuando llego a cuajarse apareció una tierra envuelta en neblina y helados vientos, a la cual llaman el Niflheim y en su centro surgió una fuente efervescente y gélida la cual se llamó Hvelgérmir, cuyas aguas abastecen doce grandes corrientes de agua conocidas como las Elivagar, y apareció también una región envuelta en llamas y fuego incandescente llamada el Múspelheim.

 

Sucedió entonces que las corrientes del Elivagar fueron agitadas violentamente saliéndose de sus cuencas; arrastrando consigo un fermento venenoso que caía por el vacío, y esta corriente de agua que caía sobre la grieta en el abismo se endureció formando enormes bloques de hielo a causa de la helada ventisca que subía de las profundidades.

 

Ahora bien, los bloques de hielo comenzaron a empalmarse y a golpearse entre sí y de sus filos se desprendía una escarcha que ascendía por el Ginnungagap hasta las fronteras del Múspelheim, y las chispas y los fulgores que saltaban ardientes desde sus fronteras, chocaban con la escarcha que empezó a derretirse y a salpicar gotas de Eitr sobre el abismo formando un mar amorfo junto al Ginnungagap y entre los bloques de hielo. Las aguas se agitaban violentamente golpeando y meciendo los bloques batiendo el espumoso fermento en el abismo, revolviéndose  a sí mismo. De estas turbulentas y espumosas, aguas surgió una figura desnuda y casi inconsciente de lo que lo rodeaba. Comenzó a luchar contra las impetuosas aguas heladas para sobrevivir, ya que estas lo golpeaban y abatían contra el hielo. Cuando por fin logro asirse de un bloque, enterrando sus enormes dedos, se arrastró por ellos, desnudo y agotado, tan agotado y cansado que tuvo sed.

 

A este ser se le conoce como Ýmir; estuvo vagando por los gigantescos bloques de hielo en el Ginnungagap buscando como alimentarse, palpando en la tenue oscuridad del abismo. De la escarcha derretida que goteaba, también nació una gran vaca llamada Audumla y de sus ubres fluían cuatro ríos de leche, tan abundantes eran que chorreaban y escurrían sobre los bloques y el mismo abismo. Entonces Ýmir encontró a tientas a Audumla y acaricio la leche que emanaba de ella con sus dedos y bebiéndola, pudo saciar su sed. Después Ýmir, que aún se encontraba agotado por luchar contra las aguas, se recostó junto a la vaca y se quedó dormido.

Ahora bien, la vaca Audumla comenzó a buscar cómo alimentarse, vagando por el Ginnungagap y entre el hielo, así pues se posó junto a un bloque enorme y empezó a lamer la sal amarga de este con su áspera lengua. Al estar lamiéndolo, se descubrió en el hielo una larga cabellera castaña, siguió lamiendo y apareció un torso y unos brazos y así continuo lamiendo hasta que quedo liberado del hielo una figura, un ser, un hombre de aspecto hermoso, alto, fuerte, dotado de una gran inteligencia e inigualables habilidades, a este ser se le conoció como Buri. En esos instantes en los cuales Buri fue liberado del hielo, Ýmir, que aún seguía dormido, levanto su brazo izquierdo colocándolo sobre su frente y del sudor de su axila destilo dos seres parecidos a él, y de sus pies engendro a un tercero, a este último  se le conoció como Thrungelmir.

Buri tuvo como descendiente a Bor. Los hijos de Ýmir eran gigantes, fuertes y muy poderosos. Uno de los primeros hijos lo llamaron Bóltjhorn y tuvo una hija llamada Bestla, de hermosa apariencia y figura. Bor hijo de Buri, quedó maravillado con su inconmensurable belleza, entonces  la tomo para sí y ella le engendro tres hijos; al primero lo llamaron Odín, al segundo Vilí y al tercero Vé. Entonces Thrungelmir  aborreció esta unión con los descendientes de Buri, él quería para sí a Bestla y creció enemistad entre los hijos de Buri y el hijo de Ýmir.

Ahora bien, todos estos seres vivan en el abismo del Ginnungagap, existía una tenue luz que provenía del Múspelheim y así alumbraba al Ginnungagap entre la infinita oscuridad, y estos seres se alimentaban de Audumla, de la leche que emanaba de sus ubres, pero esto no llegaba a saciar el hambre de Thrungelmir. Sucedió pues, que Thrungelmir aparto a Bestla de su descendencia y de Bor, llevándola hasta la fuente Hvelgérmir para poder ganar allí sus favores, pero ella se rehusó y lleno de ira la ahogo en la fuente y la devoro. Al probar el sabor de la carne y la sangre de Bestla, su mente enloqueció y aun sin haber quedado satisfecho, fue hacia el Ginnungagap y devoro a Audumla. Los hijos de Bor encontraron l%9%estos de Audumla y observaron a Thrungelmir ocultándose en las sombras, lo persiguieron hasta las profundidades del Niflheim.

 Odín y sus hermanos llegaron hasta donde se encontraba la fuente, y aquí encontraron con angustia y horror los despojos de su madre, el olor de su sangre y lo huesos rotos aun con carne pegados a ella los lleno de una incontrolable ira. Odín y sus hermanos buscaron a Thrungelmir por todo el Niflheim, ocultos entre la neblina lo rodearon y le dieron muerte arrancándole la cabeza. Regresaron por el despojos de su madre y los ocultaron en la helada tierra. Ýmir fue hasta la tierra del Niflheim persiguiendo el sonido de los gritos de Thrungelmir y encontró los restos entre las tierras heladas, llenándolo de ira. Reunió a sus hijos y fue hasta el lugar donde se encontraba la descendencia de Buri, estos estaban en camino para encontrarse con ellos al darse cuenta que Audumla había sido despedazada.

Al encontrarse con ellos Ýmir lleno aun de ira arranco la cabeza de un solo golpe a Bor, entonces los hijos de Ýmir se lanzaron contra Buri para darle muerte arrancándole su cabeza, pero este ágil rápido y fuerte logro deshacerse de ellos, pero Ýmir mucho más grande y poderoso logro tomarlo de la cabeza, cogió una astilla de hielo y la clavo en su pecho. En ese momento Odín y sus hermanos regresaban desde el Niflheim y observaron cómo era descuartizado Buri y el cuerpo sin cabeza de Bor en el hielo.

Corrieron hasta donde se encontraban, pero los hijos de Ýmir salieron a su encuentro, estos no fueron lo suficientemente rápidos ni fuertes contra Odín y sus hermanos, fueron abatidos fácilmente por ellos; cuando llegaron con Ýmir, este agito su enorme brazo y los abatió de un solo golpe, pero eso no los detuvo, Vilí lo tomo de los muslos, Vé, de un brinco, lo sostuvo del torso cruzando sus piernas sobre su vientre y sus brazos por su pecho antes de que asestara contra Vilí, Odín, de un enorme salto, coloco sus pies sobre los hombros de Ýmir, con sus manos sostuvo su gran cabeza por la quijada clavando sus dedos debajo de su mandíbula y se la desprendió de un tirón; Vilí arranco sus piernas mientras y Vé los brazos. Y así le dieron muerte a Ýmir.

 El cuerpo desmembrado de Ýmir cayó en las aguas amorfas del Ginnungagap, levantando una gran ola  diluviando agua venenosa por todo la grieta del abismo mesclada con la sangre de Ýmir y el Eitr ahogando a los demás gigantes, excepto al último de sus hijos: Belgermir, que huyo junto con su esposa al Niflheim utilizando un bloque de hielo.

Aconteció pues, que los hijos de Bor: Odín, Vilí y Ve, al ver que el Ginnungagap ya no era habitable por el agua venenosa que diluviaba, decidieron crear una nueva tierra, ya que en el Niflheim se encontraban los restos de su madre y era demasiado frio para habitar y el Múspelheim era demasiado ardiente y nadie aún se atrevía a cruzar sus fronteras. Así pues, sacaron el cuerpo de Ýmir de las aguas y lo arrojaron hacia el oscuro vacío e hicieron con sus restos al mundo al cual llamaron. Con su carne fue hecha la tierra, las montañas con sus huesos; con sus cabellos fueron creados los árboles y la verde hierba; los peñascos y las piedras con sus dientes y muelas y pedazos de sus huesos rotos, con su sangre, las aguas de la mar.

Entonces juntaron la tierra y alrededor de ella pusieron el mar y todas las cosas creadas y así nació un nuevo mundo que habitar al cual llamaron Midgar.

Mientras los hermanos seguían en sus obras, ocurrió que de los restos putrefactos de Ýmir le nacieron siete extraños seres con apariencia de gusanos. Estos pequeños seres llamaron la atención de Odín y sus hermanos, así que los convocaron ante su presencia

-¿Que son, y que desean? ¿Por qué han venido a esta existencia?

Les replico Odín.

Amedrentados por el sonido y el eco que produjo en la inmensidad la voz de Odín, las raras criaturas comenzaron a temblar y a apretujarse entre sí temerosas. Los hermanos se dieron cuenta que las criaturas no tenían ninguna forma de comunicarse, eran aun inconscientes de lo que les rodeaba, de lo que sucedía ante ellas.

así los hermanos decidieron dotarlos de dones; les dieron forma, una forma semejante a ellos, pero más pequeña, menos altos, manos y pies grandes con los rostros toscos largas barbas y cabelleras, también les dieron inteligencia  e increíble habilidad y destreza para crear artefactos y una increíble fuerza para que les ayudara a llevar a cabo cualquier tarea que se propusieran, también los dotaron de un gran coraje y valentía, sus pieles gruesas los harían más resistentes y su estirpe la llamaron Dvergar;

Los hermanos les otorgaron una tierra rica en minerales y piedras preciosas a la que llamaron Svartalvheim.

Ahora bien, al término de ser formados y con conciencia las siete creaturas agradecieron y ofrecieron a los hermanos que estarían a sus servicios todos los dones que les habían dado, pero el primero de ellos replico a los hermanos.

-Nuestras virtudes y dones están a sus servicios, pero todas esas piedras preciosas son aún más duras que nuestra propia piel, nuestras propias manos no podrán trabajar tan duros materiales y crear artefactos.

Entonces Vilí se dirigió a ellos.

-El fuego del Múspelheim nuca cesa y es tan ardiente y abrazador que podrán moldear hasta la piedra más dura, construirán una fragua echa de barro e irán allá y atraparan una braza para poder moldear sus artefactos.

Las criaturas se miran unas a otras y dudan si podrán sobrevivir al calor abrazador del Múspelheim.

Odín los observa y los lleva hasta las fronteras Ginnungagap donde se encuentras los restos de Audumla, y con la piel de ella les confeccionaron ropas y de sus huesos una caja para poder transportar la chispa ardiente.

Y así los siete emprendieron el viaje hasta las fronteras del Múspelheim, del cual aún saltaban chispas desde su frontera. Llegaron donde el abismo soplaba escarcha hasta la tierra ardiente del Múspelheim.

Uno de los siete salto hacia el abismo y la ventisca que soplaba lo levanto llevándolo hasta donde la escarcha y las chispas se golpeaban unas con otras. Mientas la criatura intentaba atrapar un fulgor del Múspelheim, Abajo, desde la frontera del Ginnungagap, uno de los siete, gritaba tan fuerte, y su voz era tan potente, que se lograba escuchar más allá de la frontera del Múspelheim, despertando a una criatura envuelta en llamas dormida en los confines de esta ardiente tierra,  y a este Dvergr se le conoció como Mótsognir, el de feroz rugido, el primero de su estirpe.

Entonces, al tratar de atrapar una chispa ardiente, golpeo a esta criatura lanzándolo fuertemente lejos de la ventisca, pero logrando atrapar el fulgor dentro de la caja, cayendo estrepitosamente sobre los bloques helados del Ginnungagap golpeándolo tan fuerte que saco astillas del hielo, quedando inconsciente. Sus hermanos fueron rápidamente en su auxilio, pero parecía dormido, lo tomaron junto con la caja y lo llevaron a cuestas hasta con Odín y sus hermanos.

Ahora bien, los hermanos tomaron el cráneo de Ýmir lanzándolo  por encima del nuevo mundo creado con el los cielos, lo pusieron sobre la tierra en cuatro esquinas distintas las cuales cubrían todo lo creado por los hermanos.

 Entonces dijo Vé:

-Grande y enorme es lo que hemos creado, pero este nuevo cielo no podrá sostenerse y para esta tarea no podremos asistir o dejaremos este inacabada nuestra nueva morada.

Para esto, las criaturas llamadas Dvergar llegaron con su hermano a cuestas el cual estaba volviendo en sí de su sueño, y así lo llamaron Durinn, el durmiente.

Aconteció que las criaturas observaron su nuevo cielo, pero veían como sus hacedores los sostenían y discutían sobre el proceder de sus tareas, así que cuatro de ellos se acercaron a los hermanos y ofrecieron sus dones para ayudar a los hermanos. Estos aceptaron su ayuda y los colocaron en los cuatro puntos del cielo, los llamaron así pues a estos Dvergar: Nordri, Sudri, Austri y Vestri; y así, estarían vigilantes del nuevo cielo.

Ahora bien, los tres restantes Dvergar agradecieron a los hermanos y se dispusieron a llevar el fuego del Múspelheim a su fragua y así trabajar sus metales. Llegaron hasta sus tierras en un viaje acompañados de los hermanos mientras estos los instruían en la metalurgia y diseños de maravillosos artefactos. Al vaciar la chispa sobre la fragua, esta comenzó a gorgotear chispas sin cesar las cuales los hermanos atraparon. Entonces, estas chispas las colocaron en el nuevo cielo, tanto por arriba como por debajo para que así se alumbrara la tierra y el cielo y así comenzar a contarse los tiempos, con la luz refulgente proveniente del Múspelheim y las chispas que alumbraban los nuevos cielos.

Tomaron luego, los sesos de Ýmir y los arrojaron a los nuevos cielos formando así las nubes.

Ahora bien, el gigante Belgermir que había sobrevivido ante el diluvio venenoso del Ginnungagap refugiándose en el helado Niflheim, observaba como los hermanos creaban una nueva tierra, un nuevo lugar donde habitar; pensó para sí que tenía derecho a aquella nueva tierra y ocultándose llego hasta un lugar remoto, un lugar frio, al oeste, una región a la cual llamaron Jotunheim la tierra de los gigantes haciendo prosperar ahí su estirpe.

Aconteció que el gigante Mundilfari, tuvo dos hermosos hijos, tan resplandecientes y hermosos que los llamo Máni y Sol. Los hermanos, al darse cuenta de tal arrogancia de los gigantes, fueron al Jotunheim arrebatándoles a Máni y a sol.

Los hermanos, les dieron dos carros creados por los Dvergar y tirados por dos corceles a los cuales llamaron Arvakr y Allsvinn. Fueron llevados hasta los cielos y los hermanos los instruyeron en sus tareas; uno debía salir primero, esa fue Sól y detrás de ella su hermano Máni, uno de tras de del otro para alumbrar los cielos. Los dioses viendo que esto no era suficiente para mantener su nuevo mundo, fueron de nuevo al Jotunheim y convocaron a Nott, hija de Norfi, a ella le confiaron un carro tirado por el caballo negro llamado Hrimfaxi y de la espuma de su freno caía el rocío a la tierra y la escarcha.

Nott tuvo un hijo llamado Dagr y cuando los hermanos se dieron cuenta de la existencia de este, le proporcionaron un carro tirado por el corcel blanco y resplandeciente llamado Skynfaxi y de sus crines ondeantes y resplandecientes, proveía luz al mundo y traía alegría consigo para todo ser viviente.

Los hermanos también les asignaron el Atardecer, la Medianoche, la Mañana, el Amanecer, el Mediodía y la Tarde, así pues, fueron contándose los días y las noches. También nombraron al Verano y al Invierno para así comenzar a contar las estaciones y el paso de los años. Y así quedo concluido la creación de la nueva tierra, un nuevo mundo para habitar.

 

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